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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
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 Introducción de Javier Martín 
 Introducción de Ana Álvarez 
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Ars Citerior

En el jardín. Javier Victorero

 

Museo de Bellas Artes de Asturias. Palacio de Velarde (Planta 0)

Abierta del 20 de septiembre – 23 de diciembre de 2018,

 

javier victorero.en el jardin

En el jardín V. 2016. 195 x 114cm.

 

Nota de Prensa del Museo de Bellas Artes de Asturias

En el jardín reúne un conjunto de  obras realizadas en los últimos años por el artista Javier Victorero (Oviedo, 1967), a través de las cuales trata de establecer una analogía entre el arte y el jardín pero, también, entre el pintor y el jardinero. La característica principal que relacionaría ambos mundos sería la capacidad del  arte para ordenar el caos, al igual que hace el jardinero en su jardín conteniendo la naturaleza salvaje.

La muestra aglutina una veintena de pinturas, varias cerámicas, obra escultórica y sonido. Una experiencia, por lo tanto, completa para adentrarse en este mundo coincidente del arte y el jardín.

Javier Victorero es una de las revelaciones de la pintura española de los últimos quince años. Además de haber recibido el elogio de importantes críticos, Victorero ha sido seleccionado en los principales certámenes españoles obteniendo, entre otros, el Premio de la Junta General del Principado. Su obra está presente en importantes colecciones públicas y privadas.

 

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jesus soto. galeria odalys. alfonso de al torre

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Calo Carratalá. De viajes (2008-2018)


Calo Carratalá. De viajes


Calo Carratalá o el fulgor del boceto

 

“Una obra silenciosa que guarda un secreto difícil de conseguir”

       [Antonio López a propósito de un paisaje de Calo Carratalá]

        

Cuando nos encontramos ante los paisajes de Calo Carratalá —y los que contemplamos en DE VIAJES expuestos en el Castell d’Alaquàs se ofrecen a la vista desde una generosa variedad— nos asalta un cúmulo de emociones diversas, muchas de ellas inesperadas, que no provienen —o, al menos, no sólo— de la heterogeneidad geográfica o de la impronta artística que transitan por sus lápices, tintas, pinceles. Tanto los dibujos sobre papel y tela de la sección “Selvas Negras” o los óleos de “Selvas Verdes” que nos sumergen en los adentros de la selva amazónica peruana, como sus óleos de gran formato con audaces visiones de las densas y nevadas orografías inspiradas en los Pirineos y en los Alpes (“Montañas”) y los sosegados parajes boscosos noruegos (“Noruega”), constituyen fuera de toda duda muestras selectas que cifran la mejor producción de Carratalá en los últimos diez años. A las que se suman los acrílicos sobre plancha de hierro de sus corográficos pescadores de Tanzania.

En todas ellas subyace con una admirable armonía la contemporaneidad de su mirada y de su ejecución, pero a la vez sentimos casi de manera insospechada los ecos de un gran aliento visual, pleno de rasgos y emociones que presentimos haberlos vivido en nuestros múltiples encuentros con el paisaje, pictórico sobre todo. Carratalá es indudablemente un pintor contemporáneo que se desenvuelve con una sutilidad imperceptible entre la figuración y la abstracción, es hijo de su tiempo, lo cual no excluye su profunda mirada sobre la gran tradición artística del paisaje. Martín López-Vega, poeta compañero de Carratalá, becados ambos en la Academia de España en Roma entre los años 2000 y 2001, nos ha recordado en un vivo retrato de aquellos instantes romanos, las conversaciones mantenidas sobre el interrogante de los beneficios artísticos de estar en una ciudad como Roma frente a otras con una vitola más moderna, ante lo cual Carratalá no dudó en afirmar: “cualquier ciudad que abunde en lecciones de los viejos maestros, y qué otra como Roma, sigue siendo el mejor manantial para un pintor que siempre dialoga con ellos, pinte lo que pinte”. La mirada de Calo Carratalá, como concluye Martín López-Vega en la evocación de la estancia romana compartida, tiene en definitiva “esa sinceridad de buscar el diálogo no con nosotros… sino con esos antiguos maestros en los que ha aprendido que cada pincelada es lenguaje y cada punto de fuga, sintaxis de un idioma que se dice sin palabras para decir más de lo que podría decir con ellas”.

Fue esa seductora aleación de contemporaneidad y de asombrosa tradición hecha presente que aflora en sus paisajes la primera impresión que tuve cuando hace años visité su estudio y me vi frente a su pintura. Allí, entre las múltiples tablillas con bocetos, libretas abiertas de apuntes del natural, repentes de un inmediato cromatismo, puras manchas, recogidas en diminutos tamaños, convivían óleos rectangulares de varios metros junto a tondos de gran diámetro que captaron de inmediato mi atención. Pertenecían a la serie “Selvas Verdes” que ahora reaparecen en esta exposición, resultado de los innumerables bocetos dibujados y pintados durante una nada desdeñable estancia en solitario de un mes en esa geografía extrema que es la Amazonía peruana.

 

Calo Carratalá. De viajes

 

Los azarosos adentros de la selva, su bosque y maleza, las aguas y sus reflejos prolongando los intensos verdes, la incertidumbre del lugar, la desorientación, ceden en estas obras a un medio idílico, ausente de paisanaje y pleno a la vez de una apacibilidad tropical insospechada, un meditado universo en calma, complaciente con los instantes neutros y amables de la vida, poblados de escuetos figurantes anecdóticos del lugar que discurren en canoas o barcas surcando las aguas en calma del río, con cautivadoras aposturas, suaves y ensimismadas, unos con sombrilla o protegidos por entoldados, otros pescando con caña, remando o al control del motor. Sentimos sin duda en esta protagonista presencia de abocetadas barcas con personas en actitudes cotidianas una inusual emoción al hacernos sentir en esa geografía extrema, aun exótica, que es el escenario amazónico, las suaves armonías y bondades de la campiña italiana o de las orillas de sus ríos tan frecuentada por el paisajismo de los siglos XVII y XVIII. Acaso estas obras también podrían sugerirnos el apelativo de historiejas amazónicas, si nos atenemos a la aproximación escrita que Antonio Palomino hizo en su Museo pictórico y Escala Óptica de 1724, a la pintura corográfica y de paisaje, al hablarnos de "historiejas", en donde discurrían “aquellas casualidades que en el campo suelen ocurrir merendando unos, y paseando los otros, ya a pie, o ya a caballo, observando los trajes de aquel tiempo, o estilo de tierra”.

“Selvas Negras”, aun incidiendo sobre un similar paisaje amazónico, nos advierte de la importancia que Carratalá asigna a las técnicas gráficas en su personal trasvase a la creación artística de sus paisajes. Dibujos sobre papel y tela trazan un paisaje pletórico de sugerencias selváticas con aguas remansadas, aislados palafitos, canoas surcando el río, enigmáticas y atirantadas arboledas, todas ellas escenificadas con un halo misterioso de opacas mallas de apretadas líneas, densos trazos verticales, que por momentos nos hacen pensar en una interpretación con el lápiz de las linealidades propias del aguafuerte, que de algún modo nos recuerdan recursos gráficos presentes en algunos aguafuertes de Giorgio Morandi, tan obstinados en evidenciar rayados en paralelo y entrecruzados, por más que aquí Calo Carratalá se mueva con una libertad absoluta en el dibujo del lápiz compuesto sobre papel o lienzo.

Otras impresiones, otras sorpresas, vinieron después de este encuentro con sus primeros lienzos y dibujos amazónicos. Como los que mostraban sus también experimentales series “Montañas” y “Noruega”, tan pródigas en gigantescos riscos helados inspirados en los Pirineos y los Alpes, en cumbres de rocosas oquedades y aristados pliegues curvos, de exaltadas concavidades, con laderas o basamentos de árboles que salpican de verde las grandes dimensiones de los montes nevados en sobrios blancos y grises. No podemos evitar el recuerdo de recorridos paisajísticos históricos diversos, como los del suizo Caspar Wolf, precursor del paisaje romántico, por la cordillera alpina, o los mares glaciares de Caspar David Friedrich. Pero tampoco cabe desdeñar la actualidad de sus insólitos puntos de vista, ya advertida por Armando Pilato, desde una perspectiva aérea, con una mirada encumbrada nueva, en la que se ubica al pintor “sobre la dinámica fragilidad del fuselaje de un avión comercial”, frase que nos hace recordar el enardecimiento visual del paisaje al “modo aviador” con que premonitoriamente Manuel Chaves Nogales experimentó en 1928 al sobrevolar los Pirineos desde un Junker, descubriendo entre las nubes “el gran cuchillo de piedra de una montaña demasiado próxima”. O tampoco podemos sustraernos a sentirnos atrapados por esa persuasión del paisaje fílmico al contemplar los inconmensurables lienzos de varios metros de longitud de Carratalá con su naturaleza helada de imponentes y cortantes cumbres envueltas por apagados cielos azulados y borrosas nubes. Como escribe Antonio Muñoz Molina, con su meditado sentido común, “no miramos a nuestro alrededor igual que miraban quienes no conocieron las imágenes veloces del cine”, pues bien, al encontrarnos ante estas obras se entrecruzan en nuestra memoria “Los odiosos ocho” de Quentin Tarantino, rodada en Ultra Panavisión 70 mm, con sus grandiosas visiones de la ventisca de nieve con una amplitud montañosa nunca vista, solo pespunteada por la serpenteante y minúscula diligencia.

 

Calo Carratalá. De viajes

 

Pero entre las diversas capas narrativas que nos sugiere la obra de Calo Carratalá, su pasión por el boceto sobresale de un modo indiscutible. Se tiene la impresión que la plasmación en lienzos, papeles o planchas de hierro, una vez activo en su estudio valenciano, participa de una efervescencia, de un furor similar al que le embarga en ese trabajo de campo denso y dilatado, en la soledad de la selva o de las nieves o de las cálidas aguas tropicales, una experiencia artística en definitiva sin hiatos con la vivida y dibujada en multitud de bocetos, y cuadernos de apuntes. En las ocasiones que he tenido la suerte de asistir a verlo activo, creando sus bocetos al natural, no dejaba de sorprenderme la rapidez e inmediatez de sus miradas, ya al paisaje, ya a los borroncillos de su cuaderno, que se me antojaban casi similares a las prácticas fotográficas de quien salta de la visión rectangular y acotada del objetivo a la amplitud ocular del horizonte. Sus gestos, sus rápidos movimientos de la mano con los pinceles o con el lápiz, eran lo más parecido a ese trepidante clic del fotógrafo en la captura de instantes. Ocurría que en Calo esa captura era de colores, de masas, de perfiles, que en su posterior trasvase a la obra definitiva en su estudio seguía manteniendo todo el fulgor de la factura abocetada. El propio Calo lo ha manifestado en alguna ocasión, él se centra en el dibujo del paisaje en tanto obra acabada, obra definitiva, en sí misma, dan lo mismo los formatos, grandes o pequeños, no son obras preparatorias, ni trabajos previos de otros trabajos, el boceto, viene a decirnos, es el sustantivo sin más atributos.

 

Calo Carratalá. De viajes

 

Y es esta facultad de crear y explorar sus paisajes a partir del registro abocetado en tanto obra acabada —ese alcaloide pictórico tan específico de Carratalá— la que irrumpe con un protagonismo insólito en la sección expositiva “Tanzania”, su última obra realizada en este mismo año 2018. Por estos acrílicos sobre plancha de hierro discurre la historieja, la visión corográfica de pescadores tanzanos extendiendo redes, desplazándose en canoa, regresando con las cañas o palos de pesca al cuello o en los hombros. Sus gestos abocetados, la vehemencia del apunte rápido y de la mano experta en el lapicero o en el pincel, nos hacen gozar la pureza de este paisaje humano sugerido, inmerso en imprecisas geometrías corpóreas, en gestualidades logradas con pinceladas rotas y oscuras, de duros y vagos límites, fundidos en una desleída naturaleza acuática o terrestre de ambiguos contornos.

Reconforta el milagro de las privativas liturgias de las formas artísticas que nos ofrece Calo Carratalá con ese camino de vuelta a un paisaje que no es otro que el de su mirada y sus pinceles, ajeno —acaso provocado— a las trasteadas impregnaciones turísticas de estos lejanos y perseguidos lugares. Ante estos acrílicos recordamos el aforismo del cineasta Robert Bresson, “el silencio fue inventado por el cine sonoro”, y nos hace caer en la cuenta de esos admirables enigmas que envuelven sus paisajes, “ese secreto difícil de conseguir” que dijera Antonio López ante una de sus obras.

 Joaquín Bérchez

                                                                    Julio de 2018

 (Agradecemos a Joaquín Bérchez la autorización para reproducir el presente texto)

(Imágenes cortesía del artísta)

 

 

 

 


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Antoni Miró a La Base


Antoni Miró a La Base

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Eduardo Barco - Carlos Cartaxo. Inventario y Descripción

 

eduardo barco-carlos cartaxo

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Sergio Sanz. Cuando las aguas del temporal remitieron


Galería Siboney

Inauguración: viernes 14 de septiembre, a las 8 de la tarde

Del 14 de septiembre al 30 de agosto de 2018

 

sergio Sanz. cuando las aguas vuelven a su cauce

 

Sobre su obra reciente, -su enigmática obra reciente-, se diría que destaca el color, un color trabajado y matizado, un color saturado y en ocasiones cegador es casi como si de una declaración de intenciones del artista se tratase; Es una pintura anticolorista, o lo que se entiende por ella. Hace años que abandonó su característica paleta compuesta de colores terrosos, grises y rojizos.

 

 

 

 

Del 14 de septiembre al 30 de agosto de 2018

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Robert Ferrer i Martorell. El proceso de la forma


Robert Ferrer i Martell. el proceso de la forma



Robert Ferrer i Martell. el proceso de la forma

VISLUMBRAR UN PROCESO

Jacobo Fitz James Stuart


Laberinto

Como galerista soy testigo de la enorme distancia que hay entre un artista y su público, entre el que fabrica y el que contempla o adquiere.

El artista vive en un perpetuo proceso, una vez la obra está acabada, la incubación concluye momentáneamente y la obra cobra una vida propia, contingente, ajena a las intenciones de su creador. La obra puede ser enaltecida, banalizada, maltratada, compartida, puede ser fuente de pensamiento, disfrute, vanidad o especulación financiera. Para mantener la cordura un artista debe soltar a sus hijos y aceptar que una vez han alcanzado la madurez comienzan una nueva vida, un nuevo laberinto.

Cuando una obra se termina lo importante es la semilla de la siguiente y es ese camino de pensar, hacer y crear donde palpita la medula de aquello que, a falta de un término mejor, llamamos arte.

 

El Silencio

Hace ya seis años del Silencio de la luz, la primera exposición de Robert Ferrer en Espacio Valverde. Conocer a Robert en profundidad me llenó de asombro y un leve asomo de terror; todo lo tenía medido, pensado, previsto, desde la ubicación de las obras en el espacio, las herramientas necesarias, las cartelas cortadas a láser… Todo estaba hecho a mano por Robert pero el acabado era tan pavorosamente impecable que uno era incapaz de encontrar un defecto, una bolita de pegamento, un nudo mal atado, el resultado era sencillamente perfecto. (Más tarde Robert me contó que pertenecía a una estirpe de gente ultra-meticulosa, una familia de ópticos, orfebres y cirujanos de la materia que durante mucho tiempo le consideraron el chapuzas de la familia, el desviado, el artista.)

En cierto sentido Robert Ferrer estuvo tan pendiente de todo durante el montaje de El Silencio de la luz que me hizo sentir superfluo. Y, sin embargo, una vez colgada la exposición dentro de la galería comenzamos a armar una instalación que recorría todo el edificio y que requería de grandes artilugios suspendidos del balcón del vecino junto con millones de pequeñas partículas, del tamaño de un posavasos, que flotaban con miles de hilos invisibles a lo largo del paso de carruajes y el patio de Valverde.

Fueron tres días de escaleras, resolución de problemas y muchos, muchos nudos y yo pensé que en aquel momento estaba viviendo algo especial, algo que solamente yo tenía el privilegio de recibir; estaba participando del proceso de materialización de una gran obra.

Soy consciente de que lo que vivía era el último paso de una larga secuencia, (ideación, maquetas, preparación de materiales, etc., etc.) pero esos tres días, codo con codo con Robert, atando y desatando nudos, me ayudaron a vivir la exposición de otra manera, me hicieron vislumbrar el proceso.

 

El Proceso

Vislumbrar el proceso de una gran obra es lo que Robert Ferrer tan generosamente nos brinda en esta exposición: mostrando los planos, las maquetas e instantáneas de distintos momentos en los que se puede apreciar como los aluminios se van desplegando hasta alcanzar su equilibrio y potencia poética.

Una de las particularidades de Robert Ferrer es la importancia que le da al trabajo manual. Esa frescura tan singular que tiene su obra dentro de una tradición tan analítica como la geometría está directamente relacionada con el pensamiento de la mano, con esa férrea voluntad de manufacturar él mismo todas y cada una de sus obras.

Por eso invito a todo aquel que tenga la fortuna de estar disfrutando de esta exposición a contemplar todas y cada una de sus partes no solamente como las fases abstractas de un proyecto sino como el desenvolvimiento manual de alguien que dobla, apunta, corrige, compara, sujeta, pega y manipula el espacio.

Nuestra mente cada vez más informatizada olvida aquellos ámbitos en los que el resultado no es la mera ejecución de un plan. Al igual que un ser vivo es algo más que el desarrollo matemático de sus genes, en el arte es muy importante todo lo que ocurre en medio.

Es ese lugar misterioso que hay entre la intuición y la manipulación, entre el plan y el resultado donde nacen y se despliegan nuevos mundos, es ahí donde radica la diferencia entre técnica (τέχνη) y tecnología.

Robert trabaja siempre mediante el desarrollo de familias en las que una nueva idea aparece, permuta, se multiplica, se desarrolla y da lugar al nacimiento de una nueva familia. Todo esto ocurre con un tempo muy particular, con sus variaciones, escalas y leitmotivs.

Tras un recorrido multidimensional sobre las diferentes procesos creativos concluimos el recorrido con la obra, la única obra sobre la que órbita esta exposición en concreto. Contemplándola, uno se imagina que alguien ha abierto un espacio en la pared para mostrar aquello que estaba oculto. Junto a las aberturas espaciales y cromáticas, unas finas líneas de aluminio oscilan en equilibrio inestable con la lentitud e intensidad de una perpetua búsqueda de significado.

La geometría, al igual que la música, cifra a mí entender un gran misterio que pone en juego matemática, percepción, sentimiento e intelecto; quizá por eso Schopenhauer argumenta que si lográramos resolver el enigma de la música, resolveríamos el enigma del universo.

Comprender por qué la ligera inclinación de un cuadrado sobre otro puede hacernos vibrar está más allá de nuestro alcance y quizá es mejor que así sea. Las manos de Robert como las de un pianista, saben, exploran y comparten un universo en el que podemos, temporalmente y en silencio, repensarlo todo de nuevo.

Un cordial saludo desde Madrid.

(Agradecemos a Jacobo Fitz James Stuart la autorización para reproducir el presente texto)


 


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Ángel Castaño. Anamnesis: Pasado vs Presente

 

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Monika Buch en R.O Proyectos

 

Monika Buch. Rafael Ortiz. R.O Projets

S/T. Acrílico / tabla. 1976. 48 x 48 cm.

 

MONIKA BUCH 70´s

 Lugar:  R.O Proyectos. c/ Huertas 61. Madrid

Inauguración: Jueves 13 de septiembre a las 19,30 h.

Hasta el 15 de diciembre de 2018.

 

Para el espacio RO Proyectos, el galerista Rafael Ortiz ha querido centrarse en la producción que Buch realizó en la década de los setenta, época de trabajo intenso, cuando, tras diez años sin pintar, la artista tenía inquietudes investigadoras, siempre dentro de la abstracción geométrica y contando con el poso que dejó su paso por la Escuela de Ulm. La obra más antigua que se presenta en esta muestra data de 1973 y se trata de una tabla donde Buch se centra en el estudio de la interrelación forma-color. La verdadera gran eclosión de su trabajo fue en 1975, con una amplia realización de tablas de 48 x 48 cm., algunas de ellas de carácter óptico-cinético. El papel es el segundo de los soportes sobre el que trabajó durante estos años, principalmente de 1976 a 1979, en composiciones realizadas con acrílico muy diluido donde consigue un trabajo exquisito de formas modulares, algunas de ellas cinéticas y otras dentro de las denominadas figuras imposibles. Monika Buch explica del siguiente modo la producción realizada en esos años: “En el trabajo que hago desde 1972 (desde que terminé mis estudios en la universidad de Utrecht) son sobre todo las gamas de colores las que predominan. Los colores pasan casi siempre de claro a oscuro o viceversa. La diferencia entre un color y el siguiente no se pueden percibir directamente, ya que la diferencia es mínima. Si hay algún salto este se puede ver solamente cuando has hecho los pasos siguientes. Para determinar la diferencia entre un color y el siguiente utilizo un elemento geométrico pequeño con el que construyo una estructura o un diseño geométrico, para esto encuentro inspiración en la geometría dinámica de Hermann von Baravalle”.

 

 

Monika Buch. Rafael Ortiz. R.O Projets

S/T. Acrílico / papel. 1975. 50 x 50 cm.

 

La obra de Monika Buch se fundamenta en lo que aprendió en la HfG. En palabras de la propia artista: “Siempre parto de una idea o una pregunta que quiero resolver. Me interesa la percepción: qué es lo que veo y porqué, por eso me gusta trabajar en un tema con variaciones. La estética es importante pero muchas veces más en un segundo plano. Una obra puede ser bella o agradable de ver, pero para mí tiene que tener algo más, algo interesante que te llama la atención o que atrae tu mirada cada vez y quieres descubrir lo que te inquieta”.

 Javier Martín

 

 

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Lo sé es solo pintura pero me gusta


Lo sé, es solo pintura pero me gusta

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No somos todas las que estamos, ni estamos todos los que somos

Nota de la oragnización

Sábado 20 de octubre. 12:00-20:00 h

El estudio de la artista Montse Gómez Osuna abre sus puertas para acoger la primera edición del Gabinete de Resistencia: una propuesta artística colectiva pensada desde lo fragmentario, lo experimental y lo emocional. Reformulando el concepto tradicional de gabinete artístico, se pretende mostrar un cierto mapa de la creación contemporánea española actual donde, de forma intencionada, se invita a adentrarse en un contexto de múltiples visiones creativas.

Sin más baluartes que la calidad y la diversidad artísticas, se parte de una actitud elástica y una concepción libre y práctica, alejadas de los relatos firmes, apriorísticos o sistemáticamente ordenados, con el único condicionamiento del pequeño o medio formato listo para colgar. 22 mujeres y 22 hombres, casi medio centenar de artistas que presentan sus imaginarios e investigaciones particulares, insistiendo en el respeto a su marco de trabajo previo y sin pretender adaptar o encajar las obras en discursos impostados. Si se buscan más referencias, este gabinete quizá podría sentirse próximo al “caos estructurado” y a la importancia de la exposición como experimento vivo de H. Szeemann, subrayándose que no están todas ni todos los creadores porque precisamente es un proyecto dinámico con vocación de continuidad y crecimiento, basado en la creencia de la riqueza que aporta la heterogeneidad compartida.

Una cita excepcional con la participación de Ángeles Agrela, Alfredo Alcaín, Gerardo Aparicio, Illán Argüello, María Ángeles Atauri, Javier Ayuso, Eduardo Barco, Marta Barrenechea, Sebastián Beyro, Isidro Blasco, Carlos Cartaxo, Clara Carvajal, María Chaves, Julio Falagán, Le Frère, Miguel Ángel Fúnez, Guillermo Lledó, Chus García-Fraile, Esther García Urquijo, Matilde Gómez Osuna, Montse Gómez Osuna, David Heras Verde, Sofía Jack, Elena Jiménez, Diana Larrea, José Luis López Moral, Raquel Lorente, Che Marchesi, Patricia Mateo, Patricia Mayoral, Alicia Moneva, Teresa Moro, Rosa Muñoz, Ángela Nordenstedt, Jonathan Notario, Guillermo Peñalver, Sandra Rein, Rubén Rodrigo, Julio Sarramián, Óscar Seco, José Luis Serzo, Alfonso Sicilia Sobrino, Mar Solís y Cristina Toledo.

Próximamente, se irán mostrando las obras seleccionadas por los artistas.

La resistencia la aportan los propios artistas, por continuar creando pese a la precariedad que caracteriza al sector cultural, por seguir proyectando declaraciones artísticas a pesar de los mecanismos de los circuitos del arte contemporáneo donde, las numerosas imposiciones del poder, lo hacen tan complejo; resistencia entendida como voluntad creadora. Igualmente, la iniciativa que motiva el propio gabinete proclama la resistencia, aspirando a constituirse en un enclave nuevo de promoción y difusión del arte, un espacio propicio para el tan escaso y anhelado coleccionismo de nuestro país; resistencia, ahora, entendida como la acción colectiva ante la adversidad.

Cuestionar lo que somos y cómo vivimos gracias a una suerte de reunión de complicidades, donde caben las confluencias, las tensiones y las contradicciones, y de las que seguro nacen nuevos diálogos: feliz cruce de caminos. En este extraño tiempo de postverdades infinitas, del ingente y siempre insatisfactorio consumo de imágenes, el Gabinete de Resistencia es una propuesta donde se despliegan los relatos libres de los artistas, bajo una invitación, tan sencilla como honesta, a descubrirlos, y disfrutarlos, sin guiones.

Un proyecto de Montse Gómez Osuna, Fueradcarta ediciones (Patricia Mateo y José Luis López Moral) y FAC Feria de Arte en Casa (David Heras y Sara Zambrana). Patrocinado por PAC Plataforma de Arte Contemporáneo, Revista BEIS y 100% México.

I Gabinete de Resistencia

Sábado 20 de octubre de 2018 – 12:00 a 20:00 h

Estudio de Montse Gómez Osuna

Ronda de la Avutarda, 17, Madrid (28043)

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Antoni Miró. Obra recent

 

Antoni Miro. Obra recent

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