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Ars Citerior

Abel Martín. Extracto Tesis Doctoral

Abel Martín. Extracto Tesis Doctoral

 

El grabado en Zaragoza durante el siglo XX.

Mª Belén Bueno Petisme

Tesis de la Universidad de Zaragoza. Historia del Arte. 2012. pp. 308 a 318.

 

Otro artista de origen aragonés que también desarrolló su trabajo fuera de nuestras tierras y que se dedicó, fundamentalmente, a la estampación es Abel Martín Calvo (Mosqueruela, Teruel, 1931-Madrid, 1993). Debemos definir a este hombre como serígrafo, ya que de acuerdo a esta técnica realizó obras propias y también estampó los trabajos de otros artistas, especialmente los de Eusebio Sempere. Su infancia transcurrió entre el pueblo turolense que le había visto nacer y la localidad de Alcora, en Castellón. Tras asistir al colegio y terminar el bachillerato ayudó en el trabajo familiar dedicado al transporte de maderas hasta que se vio obligado a cumplir el servicio militar a los 21 años de edad. Tras ello se trasladó a la casa familiar en Castellón. Tras trabajar como chófer de camiones y como soldador viajó a París, en 1958, donde se encontraba uno de sus hermanos, buscando nuevas actividades, ya que sus inquietudes no se veían satisfechas con los trabajos aquí realizados. En la capital francesa conocería, entre otros, a Eusebio Sempere, con el que formó un tándem artístico hasta el final, ya que tras realizar varios trabajos en algunas fábricas de París comenzaría sus contactos con la serigrafía en el estudio de Sempere. Éste, pensando en dejar esa actividad, encontró en Abel Martín a un perfecto continuador que aprendió el oficio y lo practicó con tesón. Al igual que hiciera Sempere profundizó Abel Martín en el conocimiento de la serigrafía en el taller del pintor cubano Wifredo Arcay, que había comenzado a funcionar en París allá por el año 1950, después de que él llegara a la ciudad aproximadamente un año antes[1]. Sobre estas cuestiones podemos leer extractos como el siguiente, en el que el propio Sempere es el narrador:

―Aprendí la técnica de la serigrafía en París hacia el año 1955 en el taller de Wifredo Arcay, quien, llegado de Cuba, trabajaba para la Galerie Denise René en carpetas de Arp, Vasarely, Mortensen, Bloc, Mondrian, etc.

El aprendizaje de la serigrafía es, como todos los oficios, lento y sobre todo cuajado de pequeños secretos que hacen que los resultados sean óptimos. Actualmente, la confección de clichés está más mecanizada con el sistema fotográfico. Sin embargo, yo siempre hice las pantallas recortadas a mano porque me pareció que el resultado dependía más de mi voluntad. Pasé en París varios años trabajando para una casa comercial de confección de tarjetas de felicitación, que aunque no era un trabajo de creación me enseñó a resolver problemas de transparencias, pureza de líneas o conveniencias de temperatura para imprimir. Cuando decidí regresar a España en 1960, colaboré con Abel Martín –maestro en la técnica– en trabajos para Lucio Muñoz, Millares, Saura, Vedova, etc., hasta que por fin decidí hacer mis propias serigrafías. El primer álbum salido de mis manos fue el de las Cuatro Estaciones. Así he continuado hasta ahora en carpetas sucesivas, trabajando en mi propio taller, porque no creo en interpretaciones de otros técnicos. […] Las impresiones las hace siempre Abel Martín. Yo hago cada color y consultamos antes de cada tirada todos los problemas para llegar alresultado que yo deseo[2]. Por lo tanto, Martín y Sempere se trasladaron de París a Madrid en 1960 e instalaron allí su vida y su actividad artística. Tras la muerte de Sempere en abril de1985, Abel Martín fue nombrado responsable de su legado, según constaba en el testamento[3]. Por tanto su vida y su carrera estarían unidas, y se desarrollaron siempre fuera del ámbito aragonés, pero es importante al menos sentar en este estudio una posible vía de investigación a desarrollar sobre la figura de Abel Martín, por encima de su origen aragonés, ya que además de realizar trabajos para otros artistas de talla incluso internacional, como Andrés Bloc o Vasarely, realizó también trabajos propios. Además de los artistas mencionados estampó obra de otros como César Manrique, Gustavo Torner, José Guerrero, Fernando Zóbel o Antonio Saura[4]. Él siempre sintió que era un artesano, jamás quiso que le llamaran artista, consideraba que lo que hacía era un oficio, nada más:

―Sólo eso. ¿Para qué habría de añadir algo que no dejaría de ser literatura? Sé mi oficio. Detrás no hay nada. Si alguien lo dice no es verdad. ¿Intuición, creación, arte en mi oficio? Me ajusto. Un original, bueno o malo, y ya está todo. La serigrafía es ese original. No puede ser ni mejor ni peor. Es el mismo. Bueno o malo. Nada depende de mí. Lo recibo y lo transcribo. No hay ningún mérito aparte de ese oficio. Podría buscarse. Otros lo hacen[5].

 

En lo que se refiere a sus creaciones propias podemos decir que tras las dificultades previas después de su llegada a Madrid, hacia 1963 consiguió Abel Martín un trabajo que consistía en la realización de serigrafías para decorados de cine. Tras esto realizaría alguna estampa suelta y varias carpetas, entre las que se encuentran tres, de inspiración matemática y musical[6]. Así, en 1968 realizaría la carpeta de 5 serigrafías titulada Metempsicosis, estampada sobre papel negro y con textos de Tomás Marco [figs. 102-106]. En ella reúne la influencia de la matemática a través de los ritmos, la presencia de las formas geométricas, el trabajo con el color sobre fondos oscuros y la relación con el lenguaje, la psicología y la filosofía, pues los textos incluyen juegos de palabras y definiciones sobre los términos que dan título a cada una de las estampas y que son,  En 1971 realizó la segunda de las carpetas, bajo el título de Musical, y de nuevo estaba basada en la composición digital [figs. 107-112]. En la justificación de tirada de la misma podemos leer:

―De esta carpeta –cuya edición se ha realizado con la ayuda de la Fundación Juan March- que contiene seis serigrafías realizadas por Abel Martín, de dibujos programados de J. E. Arrechea, texto de Enrique Delgado y partituras de Ramón Barce, Claudio Prieto, Agustín González, Francisco Estévez, Francisco Cano y Carlos Cruz de Castro, se ha hecho una tirada limitada de cincuenta ejemplares numerados y se acabó de imprimir el día 3 de enero de 1971, en Artes Gráficas Luis Pérez, San Bernardo 82, Madrid.”

Además, en la misma carpeta encontramos un análisis sobre las serigrafías que contiene en el texto de Enrique Delgado que acompaña al conjunto y en el que leemos:

―Cada generación tiene su mentalidad y su postura ante la vida, la nuestra es de avanzadilla, esto implica evolución, cambio, investigación. Este libro es consecuencia de dicha postura.

 

abel martin. metempsicosis.serigrafia

 

abel martin. metempsicosis.serigrafia

 

abel martin. metempsicosis.serigrafia

 

 

La muestra de serigrafías aquí presentadas está dentro de lo que hoy se denomina ARTE CIBERNÉTICO utilizando como medio expresivo de un problema con un planteamiento puramente matemático un computador IBM 1620.

La utilización de las computadoras y su aplicación al campo de las artes, es una fuente de sorpresas, tanto por la belleza de las soluciones obtenidas como por la ayuda inapreciable que supone para el artista, ayudándole a resolver problemas y aportando nuevas soluciones que enriquecen el arte.

Se trata de utilizar la computadora como herramienta de cálculo y trabajo al servicio del arte investigando nuevas formas de expresión, que permitan abrir nuevos caminos a las artes.

Esta tarea no es fácil, pues supone ante todo, un cambio de mentalidad en la concepción del arte, e implica la colaboración entre científicos y artistas desbancando la idea del genio creador, e implantando el trabajo en equipo. El saber utilizar el nuevo camino que el arte tiene planteado ante sí utilizando los elementos que nuestra civilización nos brinde puede ser el primer paso para sacar a las artes del inmovilismo en que se han mantenido con relación a las ciencias dándoles un mayor dinamismo y atemperándolas a la época en la cual se producen.

                                                                                                     Madrid, Septiembre 1970[7]

 

Todavía en 1972 realizó la tercera carpeta que se le puede atribuir con 6 serigrafías y con un cuento de Florentino Briones. [figs. 113-118] Todas estas serigrafías de creación de Abel Martín pueden estudiarse dentro de los parámetros del arte óptico, paralelos por tanto a trabajos de otros como Vasarely[8], para el que también pudo trabajar como decimos, y llaman la atención por el valor que atribuyen a la geometría, al ritmo, a la matemática y al color, generalmente plano y medido[9]. Son importantes también por las relaciones que presentan con lo que entonces era un incipiente diseño gráfico por ordenador, pues algunos de los trabajos se basan en composiciones matemáticas de computadoras de la época, ya que por esas fechas Abel Martín asistiría al Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid, donde asistió al Seminario de análisis y generación automática de formas plásticas[10]. En ese contexto entendemos las serigrafías de la carpeta, que podría recibir el título de Redes, acompañada por un cuento de Briones en el que se detallan estas cuestiones y se definen las obras con los siguientes términos:

―Las seis redes en que se basaban las serigrafías eran pleremáticas, es decir, tales que su ley de formación era capaz de cubrir homogéneamente todo el plan.

Las cuatro primeras eran monomorfas, con mallas triangulares, rectangulares, pentagonales y hexagonales, respectivamente.

La quinta bimorfa, estaba constituida por pentágonos y rombos.

Las mallas de la sexta, también bimorfa, eran triángulos curvos de dos tipos diferentes[11].

 

Desde ese momento, en la década de los años setenta, su labor se centró en la estampación de obra ajena, de los artistas ya mencionados, y especialmente en su tarea como impresor de la obra de Sempere. Tras su muerte en 1985 y como responsable de su legado, desde entonces y hasta su propia desaparición, que tuvo lugar en trágicas circunstancias en agosto de 1993[12], Abel Martín se dedicó enteramente a la difusión de la obra de Sempere. Sin embargo estamos ante un convencido representante del arte abstracto, muy interesado por las nuevas posibilidades de la gráfica, como vemos en sus trabajos, que de alguna manera debe ser considerado en la base del arte digital actual y que, como decimos, sería interesante conocer en profundidad en un estudio próximo.

Agradecemos la autorización Mª Belén Bueno Petisme para reproducir el texto sobre la obra del serígrafo Abel Martín.



[1] Podemos consultar datos biográficos sobre Abel Martín, por ejemplo, en Fernando Silió, Sempere. Obra gráfica. Catálogo razonado, Madrid, Fernando Silió, 1982.

[2] Clemente Barrena, ―La estampa moderna. Evolución de la imagen impresa desde la talla dulce a la serigrafía, en Óscar Esplá y Eusebio Sempere en la construcción de la modernidad artística: un paradigma comparatista, Madrid, Verbum, 2005, vol. 2, pp. 27-62, cita extraída de p. 62.

[3] Pablo Ramírez, ―Sempere veinte años después, en Óscar Esplá y Eusebio Sempere en la  construcción de la modernidad artística: un paradigma comparatista, op. cit., 2005, vol. 2, pp. 11-26, especialmente p.23.

[4] Del carácter vanguardista de Abel Martín en relación con la serigrafía se habla, por ejemplo, en Hortensia Mínguez García, ―La gráfica española de vanguardia en la época franquista (1939-1975), en El artista: revista de investigaciones en música y artes plásticas, Pamplona (Colombia), Marta Lucía Barriga Monroy, Universidad de Pamplona, nº 7, 2010, pp. 179-201, especialmente p. 188, donde se dice que, junto a Sempere ―lideró la introducción de la técnica de la serigrafía en España. También podemos consultar María del Carmen García-Margallo Marfil, ―A modo de introducción, en Donaciones de obra gráfica a la Biblioteca Nacional, 1989-1992, op. cit., 1994, p. 13.

[5] ―Abel Martín: la serigrafía, sólo oficio, en Guadalimar, Año 2, nº 17, 10 de noviembre de 1976, pp.62-63. En este mismo artículo y en intervenciones de Eusebio Sempere se hace hincapié en la humildad de Abel Martín y en su capacidad técnica pero también creativa, en lo que se refiere a la elección de los colores, la composición y la capacidad de traducción de unos soportes a otros. Se incluyen también interesantes reflexiones del propio Abel Martín en las que da su opinión sobre la democratización del arte que supone la serigrafía y cómo considera que el arte lo es por encima de la técnica, por encima del medio y que el hecho de que alguien acceda a una serigrafía no lo hace acceder al arte si esta no es lo suficientemente buena como para ser definida como tal.

[6] Estos datos pueden consultarse también en Fernando Silió, Sempere. Obra gráfica. Catálogo razonado, op. cit., 1982.

[7] Una copia de esta carpeta se conserva en los fondos de arte gráfico del Museo Nacional centro de Arte Reina Sofía, de Madrid, donde pudimos consultarla gracias a la ayuda del conservador de esa sección, D. Óscar Muñoz, en el mes de julio de 2009. La obra Luciérnaga de esta carpeta se encuentra también dentro de la colección de Obra Gráfica Contemporánea de Román Escolano, donada al Gobierno de Aragón en los años noventa, y pudo verse en la exposición Colección Escolano. De Picasso a Gordillo, Zaragoza, Museo Pablo Serrano, Gobierno de Aragón, 2002, pp. 68 y 69. En páginas anteriores se reproducen las obras de Las cuatro estaciones de Sempere, estampadas por el propio Abel Martín.

[8] Podemos considerar a Vasarely como uno de los precursores de las investigaciones relacionadas con el arte óptico y cinético. Para valorar también la trascendencia del trabajo de Abel Martín que se fecha en los años finales de la década de los sesenta y en los primeros años setenta podemos comprobar cómo en 1965 el Museo de Arte Moderno de Nueva York había reconocido la importancia del arte óptico a través de una exposición en la que se encontraban obras de Vasarely), entre otros (The Responsive eye, Nueva York, Museo de Arte Moderno, 1965), y cómo sería en 1967 cuando ya en Europa, en el Museo de Arte Moderno de París, se presentó la primera gran exposición oficial de arte cinético en el viejo continente, tras las actividades llevadas a cabo en la Galería de Denise René en París durante los años cincuenta (Luz y movimiento, París, Museo de Arte Moderno, 1967). Estos datos aparecen en Fernando Díez Prieto (Coms.), Las tendencias de Arte Contemporáneo en la Colección de Arte 10. 10 Maestros españoles en obra gráfica, Madrid, Colecciones de Arte 10, 2001, p. 87.

[9] Encontramos también relación entre su trabajo y el de las serigrafías de otros artistas como Hugo Demarco y Waldo Balart, de quienes se conserva obra de los años setenta en la Colección Escolano, donada al Gobierno de Aragón en los años noventa. Ver Colección Escolano. Una ventana al exterior, [Museo de Albarracín (Teruel), de septiembre a diciembre de 2005], Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2005, pp. 42-45.

[10] El Centro se había creado en 1966 y su primer director fue, precisamente, Florentino Briones, autor del cuento que acompaña a las serigrafías de la carpeta realizada por Abel Martín en 1972. Durante las fechas en las que asistió este artista el Centro publicaría de forma periódica el Boletín del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Existe una tesis doctoral que estudia en profundidad la historia del Centro. Ver Enrique Castaños Alés, Los orígenes del arte cibernético en España: el seminario de Generación Automática de Formas Plásticas del Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (1968-1973), Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2000.

[11]El cuento se titula “El coleccionista”. La carpeta tuvo una edición de treinta ejemplares y se terminó de imprimir, según consta en la misma, el 13 de junio de 1972 en los talleres de Artes Gráficas Luis Pérez. El cuento trata sobre un robo de la obra gráfica de Abel Martín, concretamente de una de las dos únicas copias que de esta misma carpeta se conservan en un hipotético futuro, y sucede en un chalet a las afueras de la ciudad. No podemos dejar de encontrar una caprichosa coincidencia entre este trabajo y las trágicas circunstancias en las que falleció el artista. De esta carpeta encontramos copia en la Biblioteca Nacional de Madrid con el registro ER/5531.

[12]Abel Martín fue encontrado muerto en su casa un 6 de agosto de 1993 con signos de violencia. Se había producido un robo en su casa y varias piezas artísticas de gran valor fueron sustraídas. Los cuadros robados se encontraron años después pero los sospechosos fueron absueltos por falta de pruebas. Para más detalles ver Lorenzo Silva, Líneas de sombras. Historias de criminales y policías, Barcelona, Imago Mundi, 2005. La noticia de la muerte se recogió en prensa: ―El pintor Abel Martín muere en su casa de Madrid de un tiro en la frente, El País, Madrid, 8 de agosto de 1993.

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