Joan Miró. Biografía

    Joan Miró. Biografía

    MIRÓ I FERRÀ, Joan (Bar­ce­lo­na, 1893 – Palma de Ma­llor­ca, 1983), fue una de las gran­des fi­gu­ras del arte del siglo XX a nivel in­ter­na­cio­nal, y desa­rro­lló un per­so­nal len­gua­je cer­cano al su­rrea­lis­mo que in­flu­yó po­de­ro­sa­men­te tanto en sus con­tem­po­rá­neos como en las ge­ne­ra­cio­nes si­guien­tes. Se formó en Bar­ce­lo­na, pri­me­ro en la Es­cue­la de la Lonja y pos­te­rior­men­te en la Aca­de­mia Galí, de es­pí­ri­tu más re­no­va­dor. En esa es­cue­la y en el Cer­cle Ar­tís­tic de Sant Lluc, tam­bién en Bar­ce­lo­na, el joven Miró co­no­ce­rá a al­gu­nos de sus gran­des ami­gos, como el crí­ti­co Se­bas­tià Gasch, el poeta J.V. Foix, el pin­tor Josep Llo­rens Ar­ti­gas o el pro­mo­tor ar­tís­ti­co Joan Prats. Así, desde sus años de for­ma­ción se re­la­cio­nó di­rec­ta­men­te con los círcu­los más van­guar­dis­tas de Bar­ce­lo­na, y ya en la tem­pra­na fecha de 1918 rea­li­za su pri­me­ra ex­po­si­ción, en las Ga­le­rías Dal­mau de Bar­ce­lo­na.

    En 1920 se tras­la­da a París y se en­cuen­tra con Pi­cas­so, Ray­nal, Max Jacob, Tzara y los da­daís­tas. Estos se­rían los años cru­cia­les de su ca­rre­ra ar­tís­ti­ca, en los que Miró des­cu­bri­rá su len­gua­je per­so­nal. En París en­ta­bló amis­tad con André Mas­son, en torno a quien se agru­pa­ba el de­no­mi­na­do grupo de la Rue Blo­met, fu­tu­ro nú­cleo del su­rrea­lis­mo. Así, bajo la in­fluen­cia de los poe­tas y pin­to­res su­rrea­lis­tas, con quie­nes com­par­tía mu­chos de sus plan­tea­mien­tos teó­ri­cos, va ma­du­ran­do su es­ti­lo; trata de tras­po­ner a lo vi­sual la poe­sía su­rrea­lis­ta, ba­sán­do­se en la me­mo­ria, la fan­ta­sía y lo irra­cio­nal. Desde este mo­men­to su es­ti­lo ini­cia una evo­lu­ción que le lleva a obras más eté­reas, en las que las for­mas y las fi­gu­ras or­gá­ni­cas se re­du­cen a pun­tos, lí­neas y man­chas de color abs­trac­tos.

    En 1924 firma el pri­mer ma­ni­fies­to su­rrea­lis­ta, aun­que la evo­lu­ción de su obra, de­ma­sia­do com­ple­ja, no per­mi­te ads­cri­bir­le a nin­gu­na or­to­do­xia de­ter­mi­na­da. Su ter­ce­ra ex­po­si­ción en París, en 1928, su­po­ne su pri­mer gran triun­fo: el Museo de Arte Mo­derno de Nueva York ad­quie­re dos obras suyas. A par­tir de los años trein­ta Miró se con­sa­gra como una de las fi­gu­ras más des­ta­ca­das del pa­no­ra­ma ar­tís­ti­co in­ter­na­cio­nal, así como uno de los crea­do­res clave del siglo XX. Pre­ci­sa­men­te en ese mo­men­to el ar­tis­ta, in­con­for­mis­ta por na­tu­ra­le­za, entra en una fase que de­no­mi­nó de “ase­si­na­to de la pin­tu­ra”, en la que re­nun­cia vo­lun­ta­ria­men­te a ser pin­tor y ex­pe­ri­men­ta con otros me­dios, como el co­lla­ge, el di­bu­jo sobre pa­pe­les de di­fe­ren­tes tex­tu­ras o la cons­truc­ción de “ob­je­tos” con ele­men­tos en­con­tra­dos, su pri­mer acer­ca­mien­to a la es­cul­tu­ra. Así, aun­que pron­to re­to­mó la prác­ti­ca de la pin­tu­ra Miró ya nunca aban­do­na­rá su deseo de ex­pe­ri­men­ta­ción con todo tipo de ma­te­ria­les y téc­ni­cas, entre ellas la ce­rá­mi­ca, el bron­ce, la pie­dra, las téc­ni­cas grá­fi­cas e in­clu­so, desde 1970, el tapiz. Re­gre­sa a Es­pa­ña en 1941, y ese mismo año el Museo de Arte Mo­derno de Nueva York le de­di­ca una re­tros­pec­ti­va que su­pon­drá su de­fi­ni­ti­va con­sa­gra­ción in­ter­na­cio­nal.

    Du­ran­te la dé­ca­da de los cin­cuen­ta ex­pe­ri­men­tó con otros me­dios ar­tís­ti­cos, como el gra­ba­do, la li­to­gra­fía y la ce­rá­mi­ca. Desde 1956 y hasta su muer­te, en 1983, re­si­de en Palma de Ma­llor­ca en una suer­te de exi­lio in­te­rior, mien­tras crece su fama in­ter­na­cio­nal.

     

    A lo largo de su vida re­ci­bió nu­me­ro­sos pre­mios, como los Gran­des Pre­mios de la Bie­nal de Ve­ne­cia de 1954 y de la Fun­da­ción Gug­gen­heim en 1959, el Car­ne­gie de Pin­tu­ra en 1966, las Me­da­llas de Oro de la Ge­ne­ra­li­tat de Ca­ta­lu­ña (1978) y de las Be­llas Artes (1980), y fue nom­bra­do Doc­tor Ho­no­ris Causa por las uni­ver­si­da­des de Har­vard y Bar­ce­lo­na. En la ac­tua­li­dad su pro­duc­ción puede con­tem­plar­se en la Fun­da­ción Joan Miró de Bar­ce­lo­na, inau­gu­ra­da en 1975, así como en los prin­ci­pa­les mu­seos de arte con­tem­po­rá­neo de todo el mundo, como el Thys­sen-Bor­ne­mis­za, el MoMA de Nueva York, el Museo Reina Sofía de Ma­drid, la Na­tio­nal Ga­llery de Wa­shing­ton, el MNAM de París o la Al­bright-Knox Art Ga­llery de Buf­fa­lo.

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