Leyendo cuadros. Mirando historias


>> Listado de todos los relatos publicados 

Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
Postludio
VER

Documentos de introducción
 Introducción de Javier Martín 
 Introducción de Ana Álvarez 
 Listado de autores 

Login

Ars Citerior

Entrega 016. Joan Hernández Pijuan. Petit blanc i arbre.

Leyendo cuadros. Mirando historias. 

16ª entrega

 

 

 

 

 

Petit blanc i arbre.

Joan Hernández Pijuan. 2002.

leyendo cuadros mirando historias. coleccion ars citerior. joan hernandez pijuan.petit blanc i arbre

(imagen gentileza familia del artista)

 

Uno es de donde pasa su infancia y adolescencia. Comprendemos que pequeños períodos de nuestra vida, como los infantiles estíos, nos vinculan profunda y eternamente a un lugar. Volveremos a  aquellos pueblos y sus parajes con canas en nuestras sienes, y veremos que las personas que conocimos ya no están, aunque quedan las casas que habitaron, las calles por las que corrimos, la panadería donde una vez a la semana las mujeres utilizaban el horno de leña para cocer galletas y mostachones. Quizás el campo es lo que menos ha cambiado. Si nos tomamos el tiempo necesario volveremos a reconocer los caminos que llevaban a los prados llenos de amapolas, a observar esas ortigas que en más de una ocasión nos produjeron sarpullidos en las piernas desnudas, desprotegidas por la cortedad de nuestros pantalones. Y si no nos cansamos, llegaremos a campos áridos donde podremos recoger bayas de endrina, y tras ponerlas a remojo con agua y sal regresarán a nuestro paladar sabores para siempre ligados a un tiempo feliz.

Cuando volvemos a esos lugares acompañados de nuestros hijos, con la intención vana de transmitirles recuerdos y sensaciones, nos percatamos de que hay algo esencial de lo que no podemos hacer partícipes a los demás, pues son sentimientos que están unidas a  la memoria afectiva y que anidan en lo más profundo de nuestra mente. Emociones como la siesta encima de las balas de paja tras una mañana de calor en los campos de siega, el descanso bajo los chopos suavemente mecidos por el viento, los pozos de agua fría y las fuentes naturales donde calmar la sed, el miedo infantil a permanecer dentro de las casas de piedra destinadas a guarecer el rebaño en los días de tormenta. Imágenes que se nos muestran a un mismo tiempo, en breves segundos, pero que somos capaces de distinguir con sus olores y sonidos.

Ya de vuelta a la ciudad, con la ventanilla del automóvil bajada, sentimos que el aire fresco que nos da en la cara es el mismo que nos recibía cada vez que, tras muchos kilómetros de carreteras tortuosas, llegábamos al paisaje que siempre estuvo y estará con nosotros. La ermita y los chopos bordeando la carretera eran los anfitriones de un remanso de paz en el que el tiempo parecía detenerse. Ahora nos dicen adiós.

Javier Martín.



 

Comentario

 

 

El recuerdo se forma alrededor de pequeñas sensaciones: un olor, el sabor de una comida o una imagen. Pero el resto de las circunstancias con que rodeamos ese recuerdo es, en buena parte, producto de nuestra imaginación. Una vez el recuerdo elaborado, lo almacenamos, y cada vez que lo queramos recuperar, estamos evocando lo elaborado, ya nunca más aquella sensación pura que lo originó. ¿Podemos fiarnos plenamente de nuestros recuerdos?

                                                                                E. P.

                                                               Divulgador Científico.


 

 



 

 

Powered by Bullraider.com