Leyendo cuadros. Mirando historias


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Entrega número 48
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Ars Citerior

Entrega 009. Jaume Rocamora. Quadrat Llatí

Leyendo cuadros. Mirando historias. 

9ª entrega

 

 

 

 

 

Quadrat Llatí.

Jaume Rocamora. 2002.

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(imagen gentileza del artista)

 

El sentido del olfato es uno de los más primitivos del organismo humano. Los olores que percibimos son transmitidos a zonas profundas de nuestro cerebro: el hipotálamo y el sistema límbico. En esta misma área almacenamos la memoria y es la responsable de las emociones, sentimientos e impulsos. Por ello, podemos comprender la complejidad cerebral existente a la hora de interrelacionar los aspectos anímicos del ser humano.

El proceso que desencadena un olor debido a que su fijación se encuentra en estas zonas tan profundas de nuestro cerebro, hace que la sensación sea más fuerte y perdurable que la que producen  los demás sentidos, localizados en capas cerebrales más externas.

Esta disposición anatómica y sus peculiaridades fisiológicas, explican cómo un olor percibido en un determinado momento puede hacernos evocar recuerdos olvidados y almacenados en nuestro inconsciente. Es lo que me ocurrió el día que olí unos cartones encolados por Rocamora. Rápidamente me trasladé a uno de esos días lluviosos de invierno cuando, protegido con botas y un paraguas, llegaba al comercio de telas de mis padres. Una vez allí,  sentado frente a la catalítica, comenzaban a entremezclarse los olores de la goma de las katiuskas con las telas y cartones de las piezas, que en estos días lluviosos se acentuaban y llegaban a  impregnar todo el espacio. Nombres de las mejores casas de telas para sastrería, como Tamburini, Canadell o Escuder,  hasta entonces olvidados, volvieron a estar presentes en mi memoria, unidos a una sensación de nostalgia.

La asociación de emociones y recuerdos relacionada con los olores siempre es personal y en pocos casos transferible, pues está unida a vivencias únicas, que suelen ser difíciles de compartir con los demás, al estar rodeadas de un halo repleto de sentimientos.

Javier Martín

Comentario

La evolución de la especie humana ha ido dándonos un gran número de propiedades, principalmente en lo que concierne a nuestra capacidad intelectual. Pero también nos ha ido privando de ciertos aspectos que fueron primordiales en épocas remotas y que se han  ido atrofiando al ya no depender nuestra supervivencia de las mismas. Es el caso de nuestro sentido del olfato pero, a pesar de haber involucionado, nuestro cerebro aún sigue conservando algunos vestigios de lo que llegó a ser.

La memoria olfativa de los años de nuestra infancia es de las más potentes en nuestros recuerdos, por lo que podemos rememorar con facilidad ciertas personas, objetos o estancias solo con volver a percibir ese mismo aroma.

La vida media de las neuronas del epitelio olfatorio es de sesenta días. Al morir son reemplazadas por otras células neuronales que establecen una nueva y exacta sinapsis, de modo que los recuerdos pueden seguir prevaleciendo.

S.O.

Fisiólogo


 

 

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