Leyendo cuadros. Mirando historias


>> Listado de todos los relatos publicados 

Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
Postludio
VER

Documentos de introducción
 Introducción de Javier Martín 
 Introducción de Ana Álvarez 
 Listado de autores 

Login

Ars Citerior

Entrega 005. Albano. El aire que se agradece

Leyendo cuadros. Mirando historias. 

5ª entrega

 

 

 

 

 

El aire que se agradece.

Albano. 2011.

leyendo cuadros mirando historias. coleccion ars citerior. albano hernandez. el aire que se agradece

(imagen gentileza del artista)

 

Jean Fabié, químico tolosano, salía de su casa camino del laboratorio, situado en la plaza de la Daurade, a orillas del Garona, lugar donde, día tras día, empleaba todos sus esfuerzos y sabiduría en conseguir los mejores tintes para su patrono Messiere Galaup, un “príncipe del pastel” de la ciudad más floreciente de la Francia del siglo XVI. Sus esfuerzos serían recompensados si lograba la mejor tinción para las telas que lucirían los más notables personajes de todas las cortes europeas.

Durante muchas décadas, el tinte fue la principal fuente de riqueza para la ciudad, gracias al azul pastel procedente del glasto con el que se teñían no sólo telas sino otras materias como el vidrio. De la producción y distribución de dicho producto, surgieron los llamados “príncipes del pastel”, familias con inmensas fortunas que construyeron sus grandes mansiones de piedra o de ladrillo rojizo, las llamadas “hoteles”, distribuidas por toda la urbe de la denominada ciudad rosa. En una de ellas vivía el patrono de Fabié, que esperaba cada atardecer la visita del químico, con las noticias de los nuevos avances en la obtención de tintes que mejoraran no sólo tonalidades sino también la fijación en los materiales. En aquella época la industria del tinte azul pastel hacía varias décadas que sufría una continua decadencia, y todos los talleres buscaban la manera de no perder el liderazgo que les había permitido prosperar durante más de un siglo. La difusión masiva de nuevos productos tintóreos procedentes de las Américas, como el índigo o añil y la grana, había propiciado la decadencia de los tintes tradicionales.

La grana o carmín tendría una rápida aceptación desde que en 1526 se introdujo en España procedente de la región mejicana de Oaxaca. Durante muchos años, la procedencia del tinte sería conocida por solo unos pocos. La costumbre de algunos escritores españoles de la época de llamar «preciado fruto» o «semilla» a la grana, determinó que la mayoría de los europeos pensaran en un origen vegetal, ayudando a evitar que el resto de Europa se apoderase de este producto, que revolucionaría los tintes en los telares. Pero realmente el tinte, extraído de los nopales mejicanos, era producido por un parasito: la cochinilla.  Transportado a España en cantidades cada vez mayores originó que  la industria de ciertas ciudades europeas, como Toulouse, fuera perdiendo su liderazgo. En un intento de conseguir nuevos y mejores tintes, el fabricante Galaup pensó en enviar a Jean Fabié a España de manera clandestina, en un intento por investigar y descubrir el origen de aquel tinte que estaba hundiendo toda la industria del Midi-Pyrénées.

Fabié se preparó para realizar un largo y penoso viaje marítimo con destino a las Islas Afortunadas, en concreto a Lanzarote, donde se habían reimplantado cientos de nopales procedentes del nuevo mundo. Una vez allí Fabié no tardó en comprender que no era la planta el origen del tinte, sino el insecto que la habitaba, del que se extraía el preciado producto. Pero lo que más impactó al químico de la isla fue su  paisaje volcánico. Esta fue la causa de que, a las pocas semanas de su llegada, olvidase prácticamente su misión y se dedicara a recorrer la isla en busca de lugares deshabitados donde la lava había dado lugar a maravillosas formaciones. Los colores perdieron su interés para el investigador francés, a excepción de las diferentes tonalidades del negro rocoso de los volcanes. Nunca más salió de la isla, y sólo vistió ropas blancas, para que el contraste con el negro fuera  mayor. Exploró todos los rincones posibles de su tierra adoptiva y pensó que tal vez los nopales podrían llegar a destruir la belleza volcánica del lugar, por lo que ideó un plan: al amparo de una noche oscura, con la ayuda de sarmientos secos, prendió fuego a toda la plantación, que quedó reducida a cenizas.

No podía saber Fabié que el mayor enemigo de la cochinilla aparecería doscientos años más tarde, en 1856, con la llegada del primer tinte industrial. Su isla quedó aletargada y abandonada. Sólo unos pocos enamorados de su paisaje permanecerían en ella, esperando que futuras generaciones desarrollaran su potencial respetando la naturaleza.

 

Javier Martín.

 

Comentario

 “Para mí era el lugar más bello de la tierra y me di cuenta de que si ellos eran capaces de ver la isla a través de mis ojos, entonces pensarían igual que yo. Desde entonces me propuse mostrar la belleza de Lanzarote al mundo”.

Cesar Manrique.

Pintor y Arquitecto.

 

 

Powered by Bullraider.com