Entrega 003. Dis Berlin. Homenaje a Man Ray en las salinas de Tombuctú

    Leyendo cuadros. Mirando historias. 

    3ª entrega

     

     

     

     

     

    Homenaje a Man Ray en las salinas de Tombuctú.

    Dis Berlin. 2004-2005.

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    (imagen gentileza del artista)

     

    En el siglo XIV, bajo el mandato del rey Mansa Musa, el imperio de Malí disfrutó de una de sus épocas doradas, tras haber anexionado la ciudad de Tombuctú, anexión que garantizó el control de acceso a la ruta comercial transahariana. Fue allí donde llegó, en 1323, procedente de la ciudad de El Cairo, el arquitecto Mohamed El Nokali, quien rápidamente comprendió el potencial de desarrollo de esa región. En pocos años, El Nokali llegó a ostentar el cargo de visir del rey y dedicó todos sus esfuerzos al desarrollo y explotación de las minas de sal de Taoudenni, cuyo producto era imprescindible para la conservación de la carne y el pescado  de los nómadas del desierto.

    El visir también se interesó por el estudio y la divulgación del Islam, llegando a terminar bajo su mandato la mezquita de Djingareiber. La mandó rematar con la construcción de un minarete en forma de zigurat, al estilo del ya existente en la Mezquita de Ibn Tulun, en la gran metrópoli de El Cairo.

    Recogen los escritos que, quinientos años más tarde, en Djingareiber, un extranjero que se hizo pasar por musulmán entró en su interior, algo sólo permitido a los “fieles” varones que hubiesen peregrinado a la Meca y las mujeres de más de 60 años. Al ser descubierto, el intruso fue expulsado inmediatamente del lugar sagrado y tras de sí cerraron y sellaron la puerta. Ese acceso aún sigue precintado  hasta el día de hoy.

    Tras tres lustros, el visir vio sus aspiraciones cumplidas en aquella región y decidió volver a su tierra natal, cambiando el Níger por el Nilo. En El Cairo rápidamente le fue ofrecido un nuevo proyecto: la construcción de  la mezquita de al Maridani, que llegó a culminar en tan solo dos años, la más suntuosa rábida de la capital egipcia.

    En los últimos años de su vida, Mohamed El Nokali no dejó de proclamar que todos sus proyectos habían sido realizados para venerar y dar gracias al “Buen Dios”.

    Javier Martín.


    Comentario

     

    Transcurridos veintitrés años desde nuestro último encuentro en mi ciudad del Cairo, el autor de esta historia quiso entregarme en propia mano este texto, que había escrito como un canto a la amistad. El tiempo no ha debilitado nuestros recuerdos de una época en que éramos estudiantes y en la que siempre tuvo  respeto hacia mis costumbres y la creencia en “Le Bon Dieu”.

     

    Mohamed El Nokali
    El Cairo, diciembre 2012

     

    © Javier B. Martín. Todos los derechos reservados.
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