Leyendo cuadros. Mirando historias


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Entrega número 48
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Entrega 32. Fernando Zóbel. La lámpara de Diógenes

Leyendo cuadros. Mirando historias. 

32ª entrega

 

 

 

 

 

La lámpara de Diógenes

Fernando Zóbel. 1967.

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Muchos siglos han pasado desde que Diógenes, el filósofo cívico, buscara por las calles de Atenas a un hombre honesto, ayudado con una lámpara.

De haber vivido en el siglo XX tal vez hubiese podido coincidir con Fernando Zóbel en uno de tantos museos atenienses, a los que el pintor acudía como viajero incansable que era.

La honestidad de Zóbel queda fuera de toda duda, tanto con sus amigos como con su propia colección. Las piezas que eligió para su futuro museo fueron las mejores de entre las disponibles, sin escatimar en recursos económicos. No aceptó nunca ninguna obra como regalo, liberándose así del compromiso de exhibir en el museo una pieza no acorde con la calidad del conjunto.

La modestia fue otra de sus muchas virtudes, y nunca quiso ser protagonista de portada de aquellos proyectos que cambiaron el panorama artístico nacional en la España gris de los cincuenta. Conocido es el gesto de dejar que fuera el representante del Ayuntamiento de Cuenca quien tuviera el honor de abrir la puerta del Museo de las Casas Colgadas en su inauguración, el 1 de julio de 1966.

Zóbel nació en Manila, vivió en Harvard, pasó largas estancias en Roma y Londres, viajó por gran parte de las capitales del continente europeo. Al igual que Diógenes, se consideraba ciudadano del mundo, se encontraba en cualquier lugar como en casa. Compartía, además, otro rasgo con el sabio griego: su conversación amena e inteligente, de la que siempre se aprendía algo nuevo. Recuerdan los amigos la fácil adaptación de su discurso al nivel de sus contertulios.

Conocido es el pasaje en que Diógenes, al ver a un niño beber directamente de la fuente con la única ayuda de sus manos, cogió su jarra y la rompió, al entender que tampoco le era necesaria. Zóbel se fue desprendiendo de su fortuna, primero la familiar para ser considerado “un pintor español”, para lo que renunció a propiedades ubicadas en Filipinas. Con el paso de los años donó su colección de arte y su biblioteca personal a la Fundación Juan March, una de las instituciones que más habían apostado por acercar la contemporaneidad a un público ansioso por conocerla.

Zóbel, con su buen hacer, dio luz y apoyo a toda una generación de pintores españoles. Se convirtió en el mecenas de una época y en el difusor de la abstracción española.

No sé si cuando Zóbel pintó La lámpara de Diógenes advirtió una similitud con el ateniense, pero hay evidentes puntos de unión entre ellos.

 
Javier Martín.

 

Comentario

“La insistencia en la excelencia”.

Robert Motherwell

Pintor

 
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