Leyendo cuadros. Mirando historias


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Entrega número 48
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Ars Citerior

Entrega 31. Ricardo Cavada. Sin título

Leyendo cuadros. Mirando historias. 

31ª entrega

 

 

 

 

 

Sin título.

Ricardo Cavada. 2007.

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(imagen gentileza galería Juan Silió)

 

Ahora que ya no puede pasear por los prados ni acompañar a sus amigas a la fuente, espera tras la ventana a alguien a quien saludar. Situada en un agreste y bello paraje fronterizo, en esta pequeña localidad de Aragón todos sus habitantes se conocen, y cualquiera que pasee por su calle cruzará unas palabras con ella.

Delfina, vestida de negro y con el largo pelo blanco recogido en un moño, espera paciente el paso de los que van y vuelven del campo, de las que se dirigen a la tienda de ultramarinos, marchan a los lavaderos o a dar de comer al ganado, confiada en que le contaran las escasas y pequeñas novedades que se suceden en el pueblo.

Los inviernos son fríos, pero nunca falta leña en la casa y la tea está siempre a mano para prender fuego en la cocinilla, que le sirve para guisar y calentarse. Delfina, a pesar de sufrir una inmovilización en las caderas que le obliga a ayudarse de unas muletas para desplazarse, prefiere permanecer sola en su casa antes que ir a vivir con alguno de sus hijos. Su carácter fuerte, aunque afable, le hace superar todas las incomodidades que su deseada soledad le ocasiona.

Todos los miércoles, con la llegada del coche correo, espera Delfina alguna noticia de su amiga Melchora, que ha ido a pasar el invierno a otro lugar más cálido, o una postal de su hijo más viajero.

Con la llegada del buen tiempo son muchos los veraneantes que acuden al pueblo, huyendo del calor. También regresa el hijo que le ha estado remitiendo las postales desde diferentes partes del mundo. Es pintor, y en esta ocasión llega acompañado de un amigo que, al conocerla, decide pintar un cuadro. Será en blanco, negro y gris, como su indumentaria y su pelo, un hermoso y sobrio gouache lleno de amor. Con los años, el cuadro colgará de la pared de un importante museo de arte abstracto, la ventana desde la que Delfina sigue hablando con todos los que pasan por delante.

 
Javier Martín.

 

Comentario

La obra de Ricardo Cavada ha inspirado al escritor un relato que conlleva una evidente carga emotiva, tal vez fruto de una experiencia vivida o de un recuerdo transmitido. Al terminar de leerlo, lo que más me intrigó fue descubrir si dicho cuadro y museo eran una realidad. Y efectivamente, logré dar con los dos, pues tuve la suerte de pensar que si era un homenaje, muy posiblemente el título sería el de “Delfina”. Pero como el autor en su relato no ha querido desvelar todo el misterio, no seré yo quien lo haga, pero sí apuntaré que desde hace unos años “Delfina” dejó para siempre sus tierras de Aragón para mirar a través de un gran ventanal la luz del Mediterráneo, siguiendo el camino que sus hijos y amigos habían antes andado.

A.T.
Periodista

 
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