Leyendo cuadros. Mirando historias


>> Listado de todos los relatos publicados 

Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
Postludio
VER

Documentos de introducción
 Introducción de Javier Martín 
 Introducción de Ana Álvarez 
 Listado de autores 

Login

Ars Citerior

Entrega 30. Javier Romero. Paisaje animado II

Leyendo cuadros. Mirando historias. 

30ª entrega

 

 

 

 

 

Paisaje animado II.

Javier Romero. 1999.

leyendo cuadros mirando historias. coleccion ars citerior. javier romero. paisaje animado II

(imagen gentileza del artista)

 

Ahora que estoy en mi último viaje, pienso no tanto en las cosas que he hecho sino en aquellas que me hubieran podido ocurrir a lo largo de mi vida, de haber tomado otras decisiones. No puedo quejarme de cómo me ha ido. Ejercí una buena profesión, lo que me dio un estatus económico con el que me fue posible hacer muchas de las cosas que tenía programadas desde que era un joven estudiante.

Sabía que no viviría hasta lo que hoy llamamos vejez, pero aún así me tocó despedirme de muchos, que se fueron antes que yo. No sé si los volveré a ver ahora, pero de ser así tengo mucho que decirles: lo bien que he vivido, de la familia que dejo y de los miembros de ésta que no llegaron a conocer. También les hablaré de cuanto les echamos de menos desde su partida.

Veo a los que me acompañan en esta despedida; están tristes, pero sé que pasado un tiempo, cuando piensen en mí, su aflicción se volverá nostalgia y mi recuerdo ya nos les causará pesar. Será a partir de ese momento cuando podrán volver a hablar de mí, a pronunciar mi nombre sin sentir ese dolor que ahora les ahoga.

Les agradezco que durante mis semanas de enfermedad me mintieran sólo lo necesario, y espero que cumplan las instrucciones que les dejé escritas sobre qué hacer con mi cuerpo y mis cosas. Ahora las imágenes se me confunden, apenas oigo susurros, debe ser a la vez el final y el principio.

 
 
Javier Martín.

 

Comentario

Por mi vocación he acompañado a muchos en su despedida. Tras una breve homilía esparzo incienso sobre su féretro y con mi voz grave entono “resucitó, resucitó, aleluya, aleluya”. En el transcurso de estos oficios, siempre suelo mirar hacia los primeros bancos, aquellos ocupados por los familiares. Su estado de ánimo es diferente en cada caso, desde aquel que por su pesar no puede dejar de llorar, hasta el que siente tanto dolor que le es imposible derramar una lágrima; posiblemente será este el que arrastrará más el duelo, pues aunque en su mente haya admitido la pérdida del ser querido, su corazón aún no lo ha asimilado, y ese proceso es más lento aún. Como dijo Marcel Proust:”Solo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente”.

 

 P. M.
Sacerdote




 
Powered by Bullraider.com