Entrega 29. Eutiquio Estirado. Los pecados capitales de un biólogo evolucionista

    Leyendo cuadros. Mirando historias. 

    29ª entrega

     

     

     

     

     

    Los pecados capitales de un biólogo evolucionista.

    Eutiquio Estirado. 2012.

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    Desde que hace cinco décadas aparecieron en el mercado las píldoras que iban a erradicar para siempre la capacidad del ser humano para dañar a otro, quedaron obsoletas la mayoría de las leyes. Todo aquel que tomaba regularmente el blister mensual, compuesto de tres grageas, estaba a salvo de cometer cualquier acto punible. Desaparecieron delitos como el robo, la agresión física o el asesinato.

    Los grandes pensadores creyeron que había llegado el feliz instante en que el hombre dejaría de necesitar de los legisladores. Pero estos se resistieron a desaparecer y decidieron legislar para lo que hasta entonces solo se habían considerado debilidades humanas, englobadas en otros tiempos en los llamados pecados capitales, como la avaricia, la gula, la lujuria o la envidia. De este modo la justicia tuvo la oportunidad de penalizar actos que nunca habían sido punibles por parte de una sociedad laica. De nuevo la libertad vuelve a estar regulada por aquellos interesados en la fiscalización de todos los aspectos posibles de la vida.

    En pocos meses se ha regulado el límite del número de calorías a ingerir diariamente para luchar contra la obesidad, el dinero ha desaparecido de la circulación para evitar el almacenamiento en casa de papel moneda y se ha impuesto la presencia en todos los hogares de una réplica de la mesa que Felipe II encargó a el Bosco, con la representación de los Siete Pecados Capitales.

    A algunos solo nos queda la esperanza de que alguna industria química sintetice unas nuevas grageas que atajen el problema de nuestras debilidades, y así convencer a las autoridades de que podemos volver a disfrutar de nuestra pequeña libertad.


    Javier Martín.

     

    Comentario

    “De los siete pecados capitales, sólo la envidia no es divertida.”


    Joseph Epstein.

    Ensayista 




     
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