Museo de Escultura al Aire Libre. Madrid

    Museo de Escultura al Aire Libre. Madrid

    Con fecha de 28 de julio se publicó en la revista digital de arte Logopress un magnífico artículo firmado por Irene G. Varna, recordándonos la posibilidad de visitar el Museo de Arte Público de Madrid. Pensando que podemos ayudar a su mejor conocimiento, publicamos el siguiente texto.

    En 1968 salió a concurso la construcción del viaducto madrileño sobre el Paseo de la Castellana, que con 320 metros uniría los barrios madrileños de Chamberí y Salamanca. La ejecución fue concedida a la empresa Laing Ibérica, S.A. Los ingenieros encargados fueron Alberto Corral López-Dóriga, Julio Martínez y José Antonio Fernández Ordoñez, quedando inaugurado en 1970.

    A Eusebio Sempere se le propuso colaborar en el diseño de la barandilla del puente que uniría las calles Juan Bravo y Eduardo Dato, pero el artista cinético quiso dar un paso más y propuso la creación de un museo de escultura al aire libre, que contaría con una superficie de 4.200 m2. La idea fue inmediatamente aceptada por los ingenieros.

    Sempere, además de la barandilla, diseñó la cascada, los asientos, los puntos de luz y los pilares que quedarían integrados en el espacio escultórico. Por otro lado fue el encargado de confeccionar la lista de escultores a los que se les pediría la colaboración en el proyecto  museístico: Pablo Serrano, Alicia Penalva (cuya escultura no llegó a instalarse), Rafael Leoz, Amadeo Gabino, Francisco Sobrino, Eduardo Chillida, Marcel Martí, Martín Chirino, Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Josep Maria Subirachs, Manuel Rivera, Andreu Alfaro, Joan Miró, Julio González, Alberto Sánchez y el propio Sempere. Las obras fueron generosamente donadas por los escultores, o por sus familiares en los casos en los que el artista había ya fallecido.

    La polémica no tardó en llegar, pero no desde el sector artístico sino del político, que vio con malos ojos la elección de obras de dos  “comunistas” como Alberto Sánchez y Julio González. Por otro lado, la obra colgante de Eduardo Chillida, escultor “no adicto al Régimen”  ocasionó problemas durante un largo periodo de años, al no dar el ayuntamiento de Arías Navarro el permiso oportuno para su instalación, argumentando cuestiones técnicas, a pesar del informe favorable de los ingenieros. La escultura, que lleva el nombre de “Sirena varada”, inicialmente se denominó “Lugar de encuentros”, y tardaría seis años en quedar suspendida como un ancla según su proyecto inicial, gracias a un cambio político en el consistorio madrileño. El 2 de septiembre de 1978 y bajo el mandato del alcalde José Luis Álvarez, la obra de hormigón con un peso de 6.150 kgs., se puso en su emplazamiento actual.

    Tras los esfuerzos realizados por la Asociación de Amigos del Museo de la Castellana, presidida por Eusebio Sempere, el 9 de febrero de 1979 se inauguró el museo. Entre los socios de dicha asociación se encontraban intelectuales de la talla de Rafael Alberti, Santiago Amón, José Luis Aranguren, Juan Benet, Antonio Buero Vallejo o Cristóbal Halffter.

    Pero el Museo de Escultura al Aire Libre, nombre con el que se le bautizó en una primera etapa, no siempre ha estado en las condiciones más óptimas, y en diversas etapas de estos últimos 35 años el desinterés y abandono por parte de la administración ha sido una triste realidad.

    Las obras que, a cualquier hora del día, podemos ver en este emplazamiento, son diecisiete:

    Un món per a infants (1971), de Andreu Alfaro. Está formada por dieciséis barras rectas de acero inoxidable que giran en torno a un eje, abriéndose en forma de abanico.

    Lugar de encuentros III o Sirena varada  (1972), de Eduardo Chillida. Fue la primera obra de hormigón armado realizada por el artista donostiarra. Su elemento más importante es el juego con la ley de la gravedad.

    Mediterránea (1972), de Martín Chirino. Realizada con láminas de acero soldadas con formas sinuosas y pintadas al fuego en color rojo. En ella Chirino utilizó por primera vez el color.

    Estela de Venus (1973), de Amadeo Gabino. Obra de acero inoxidable y remaches en hierro.

    La petite faucille u Homenaje a la hoz y el martillo (1937), de Julio González. Obra en bronce, donada a la ciudad de Madrid por su hija Roberta.

    Estructuración hiperpoliédrica del espacio (1971), de Rafael Leoz. Se trata de un cubo en acero inoxidable en cuyo interior se encuentra la estructura de un poliedro, y dentro de este un octaedro.

    Proalí (1984) de Marcel Martí. Obra de aspecto sólido, de formas sinuosas y juegos de claroscuro. La original en mármol, de 1971, fue dañada por un accidente automovilístico y sustituida por el autor por otra igual hecha en bronce.

    Mère Ubu (1975), de Joan Miró. Escultura inspirada en la obra teatral Ubú Rey de Alfred Jarry, precursor del surrealismo en la representación teatral. Por decisión de Miró no llegó a instalarse hasta 1978, una vez resuelto el problema  de la escultura de Chillida.

    Proyecto para un monumento IV B (1978), de Pablo Palazuelo.  Obra en acero corten plegado y recortado. Al desplegarse sus planos en el espacio, le otorgan ligereza y movilidad.

    Tríptico (1972), de Manuel Rivera. Malla de acero inoxidable, pertenece a la serie Los espejos. Las telas metálicas superpuestas crean el efecto óptico de moiré.

    Volumen-Relieve-Arquitectura (1972), de Gerardo Rueda. Mural de 10 metros de largo con una composición sobria dentro de una ordenación constructivista.

    Toros Ibéricos (1958-60), de Alberto Sánchez. Escultura de volumen vertical que engloba toda la figura en un sólo conjunto. Es una ampliación a escala en bronce de un original de 45 cm. que pertenece a la familia.

    Móvil (1972), de Eusebio Sempere. Obra compuesta por dos “rejas” de acero inoxidable suspendidas verticalmente a veinte centímetros de distancia una de otra. El movimiento, tanto sea del espectador como de las estructuras de la obra,  crea un efecto óptico-cinético.

    Unidades-Yunta (1972), de Pablo Serrano. Se compone de dos piezas independientes, de formas redondeadas, que podrían llegar a unirse y acoplarse a la perfección una con otra. El interior de bronce pulido contrasta con el exterior rugoso y oscuro. Ambas piezas representan las fuerzas opuestas que conforman el mundo: lo material y lo espiritual, lo masculino y lo femenino.

    Estructura permutacional (1972), de Francisco Sobrino. Placas de acero inoxidable ensambladas en vertical y perpendicular, forman cubos cuyas caras no llegan a cerrarse. Los módulos resultantes se  encuentran apoyados en los vértices, creando figuras romboidales. Geometría y simetría logran dar dinamismo a esta pieza.

    Al otro lado del muro (1972), de Josep Maria Subirachs. Aunque la escultura que podemos ver actualmente está realizada en hormigón y piedra caliza, en un origen era de acero, pero diversas agresiones a la misma hicieron tomar la decisión de la sustitución de los materiales. Este monolito es un estudio sobre las formas esféricas y la penetración de unos materiales en otros.

    Plaza-Escultura (1972), de Gustavo Torner. Consta de una base construida en granito del Brasil y sobre este pedestal van anclados cuatro elementos geométricos, dispuestos de tal forma que en el centro podemos imaginar la figura de un circulo inexistente.

    Javier Martín

    4-agosto-2013

     

     

     

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