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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
José Mª Yturralde
Postludio
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 Introducción de Javier Martín 
 Introducción de Ana Álvarez 
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Ars Citerior

En un silenci quiet. Paisatges

En un silenci quiet. Paisatges


en un silenci quiet. Paisatges

 

 “Hay otros mundos, pero están en este”

Paul Éluard


En torno al paisaje contemporáneo hemos reunido obras de treinta y nueve pintores que han tratado este tema tan clásico. En algunos autores ha sido de manera puntual, como es el caso de Gerardo Aparicio, Víctor Cámara, Eutiquio Estirado, Lidó Rico o Ramón Urbán. Para otros ha sido una investigación constante: Calo Carratalá, Dis Berlin, Damián Flores, Emilio González Sainz o Joan Hernádez Pijuan.

En la muestra En un silenci quiet. Paisatges, están representados artistas de larga trayectoria, como Francisco Farreras o Ramón Cascado. Y autores jóvenes como Albano, Elena Alonso o Rafa Macarrón.

La datación de las obras va desde 1961 (el óleo de Manuel H. Mompó), hasta 2015 (el aluminio de Marlon de Azambuja). También es muy variado el estilo pictórico: el lirismo de Salvador Victoria, la geometría de Robert Ferrer i Martorell, la objetualidad de Guillermo Lledó, la espacialidad de José María Yturralde.

Para esta ocasión hemos contado con los fondos de la Colección Ars Citerior de la Comunidad Valenciana. De ella hemos escogido paisajes sosegados y tranquilos, aunque en alguna de las obras haya quien encuentre elementos que puedan inquietarle.

 

en un silenci quiet. paisatges. inauguracion coleccion ars citerior. llotja sant jordi

Lugar: Llotja de Sant Jordi, Alcoi

Inauguración: Jueves 7 de abril de 2016 a las 20h. Abierto hasta el 29 de mayo.

Comisario: Javier Martín

Artistas participantes:

José AGULLÓ - ALBANO - Elena ALONSOGerardo APARICIO - Marlon de AZAMBUJA Tania BLANCO - Alejandro BOTUBOL - Joan BOY - Víctor CÁMARA - Calo CARRATALÁ - Ramón CASCADO - DIS BERLIN - Lourdes CASTRO CERÓN - Eutiquio ESTIRADO - Francisco FARRERAS - Juan Manuel FERNÁNDEZ PERA - Robert FERRER i MARTORELL - Damián FLORES - Diana GARCÍA ROY - Pep GARRO - Gerardo GIMONA - Emilio GONZÁLEZ SAINZ - Joan HERNÁNDEZ PIJUAN - José LEGUEY - LIDÓ RICO - Guillermo LLEDÓ - Rafa MACARRÓN - Antoni MIRÓ - Manuel H. MOMPÓ - Pedro MUIÑO - Amadeo OLMOS - Sara QUINTERO - Alberto REGUERA - SEÑOR CIFRIÁN - Beatriz SAENZ - Ramón URBÁN - Salvador VICTORIA - José María YTURRALDE - Jesús ZURITA.

 

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José Agulló. En su obra, de carácter abstracto, cabe destacar el estrecho contacto con la Naturaleza, tanto que hay elementos orgánicos animales y vegetales que forman parte de su obra, rebosante de lirismo. José Agulló, en Mercurio I, nos muestra una manera muy personal de ver el cosmos. Una visión tranquila y lírica de un universo lleno de energía y en constante evolución. El elemento geométrico ayuda a contener y controlar las fuerzas del planeta Mercurio. El crítico José Ramón Danvila definió a José Agulló “Como el pintor más visceral y también como el más geométrico, aunque bien es verdad que nunca están ambas opciones totalmente independizadas. Se trata más bien de ofrecer la contraposición de las mismas, de establecer un equilibrio basado en desequilibrios entre dos oportunidades expresivas, pero conservando al mismo tiempo ese punto de fricción entre la pasión que da el color o la postura matérica y la organización del propio espacio pictórico”.

Albano. Pintor de desiertos, como ya se definió hace años cuando comenzaba a pintar grandes lienzos con pintura expandida. En un silenci quiet. Paisatges, nos presenta las dunas de arena blanca y los manglares del Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses en Brasil. Paisaje que recuerda una sábana blanca cuando es visto desde el aire, de donde recibe su nombre ¨lençóis¨. Es un desierto que en la estación húmeda se llena de lagunas, y ese es el momento en que esa barcaza varada vuelve a deslizarse por las aguas, que sirven de espejo mágico a un cielo azul. En la tabla Lençois maranhenses, no faltan los verdes quebrados que envuelven la atmósfera de este paisaje y que son tan característicos del autor.

Elena Alonso. La presencia de la escuadra en la base de la obra crea el equilibrio necesario entre todas las piezas presentes en la composición. No en vano su título Composición de lugar nos predispone a poner orden en una superficie arqueológica, donde tendremos que determinar los estratos donde van surgiendo los diferentes objetos. Hugo Castignani al hacer referencia a esta serie creada por Alonso, hace referencia a la cuestión espacio-lugar con las palabras: se establece en esta serie un contraste muy marcado entre la figura negra en primer plano – oriental, trazada como una caligrafía, a pulso – y el fondo claro – occidental, trabajado, difuminado – que podemos interpretar como un tenso diálogo entre la cosa y el espacio al que ella da lugar, y del que es algo así como su precursor oscuro y ciertamente inquietante”.

Gerardo Aparicio. En Hecatombe y Tormenta en Vallecas Sur, el autor nos muestra un mundo existente a las afueras de una gran ciudad como Madrid a mediados los años ochenta. Con elementos a modo de collage pegados individualmente sobre el papel, elabora la historia de un paisaje que va dejando su aspecto agrícola para pasar a ser industrial,  despojado de cualquier elemento estético.

Marlon de Azambuja. Artista multidisciplinar, en cada una de sus obras reconocemos su impronta. Trabaja en series que toma y retoma, según cree oportuno. Piensa en una idea que quiere expresar y entonces busca los materiales y técnica más adecuados para llevarla a cabo. Pueden ser las etiquetas adhesivas desplazadas, la cinta que envuelve un banco público o una parada de autobús, las líneas trazadas  con tinta china que unen dos trapas del alcantarillado, o los trazos realizados con rotulador permanente sobre una fotografía impresa en aluminio con los que oculta unas partes de un paisaje urbano y resalta otras, como es el caso de Cerqueira Cesar, dedicada a la avenida Paulista de la ciudad de São Paulo.

Tania Blanco. Pintora preocupada por el mundo que le rodea y  su devenir, no escapa a los miedos y esperanzas del ser humano. Así lo plasma en sus tondos, formato habitual en su producción, donde las alteraciones neurológicas como sufrimiento y los avances científicos como esperanza de su solución, son el contraste no solo entre naturaleza y tecnología, sino entre éxito y fracaso de las facultades humanas. En Tree lab, de pinturas planas, nos muestra el punto de contraste, y a la vez de obligada convivencia, entre la naturaleza y la arquitectura casi futurista, donde existe el peligro de que la tecnología llegue a transformar y destruir el mundo tal y como lo hemos conocido.

Alejandro Botubol. A través de una ventana abierta al horizonte, Botubol nos muestra la gama de colores que conforman su mundo plástico, lleno de luz. Es una apertura que nos invita a ser traspasada no solo con la mirada, sino físicamente, pues nos crea el deseo de formar parte de un nuevo paisaje que nos espera. Una de las características de su obra es la exploración constante y perseverante de los fenómenos espaciales.

Joan Boy. En su obra el paisaje es una constante. Lugares habitados por personajes solitarios que se encuentran perdidos entre la naturaleza onírica, sin un destino predeterminado. El pintor ve reflejada su obra en el texto “Volverás a región” de Juan Benet:”Toda la vegetación que la naturaleza ha negado a la montaña y economizado en la meseta, la ha prodigado en los valles transversales donde se extiende y multiplica, se comprime, magnifica y apiña transformando esas someras y angostas hondonadas en selvas inextricables donde crecen los frutales silvestres –los cerezos bravíos, el maíllo, los piruétanos, el arraclán y el avellano– entre salgueros y mirtos, acebos arborescentes y abedules susurrantes, robles y hayas centenarios, confundidos todos bajo el abrazo común del muérdago y del loranto. Y, sin embargo, esos estrechos y lujuriantes valles también están desiertos, más desiertos incluso que el páramo porque nadie ha sido lo bastante fuerte para fijarse allí. Porque si la tierra es dura y el paisaje es agreste es porque el clima es recio: un invierno tenaz que se prolonga cada año durante ocho meses y que sólo en la primera quincena de junio levanta la mano del castigo no tanto para conceder un momento de alivio a la víctima como para hacerle comprender la inminencia del nuevo azote.”

Víctor Cámara. Heredero del pop, trata con humor e inteligencia los temas populares de la función de las imágenes en la cultura.
Rememorando los inconfundibles cuadros de una enorme carga kitsch que se encontraban en los salones de muchas casas españolas en los años sesenta y setenta, Víctor Cámara plasma a modo de cartón goyesco una de las imágenes frecuentes en los años de prosperidad económica en nuestro país.

Lourdes Castro Cerón. Paisajes que la pintora interioriza, naturaleza que hace íntima y donde olvida la dicotomía figuración-abstracción. Pinceladas con trazos seguros y rítmicos que transforman la imagen en algo más, lo que la convierte en arte. Naturaleza, ritmo, música, frescura, todo está en la obra de Castro Cerón.

Calo Carratalá. Tras un viaje a Brasil, y provisto de muchos dibujos, Calo Carratalá se dispuso, ya en su tranquilo estudio de Valencia, a pintar Selvas, una de sus mejores series. En sus cartones, como Chambeando con  paraguas azul,  nos muestra,  a través de un catalejo, una selva con multitud de verdes que inundan y se apropian de toda la superficie. Solo alguna barcaza y los personajes que viajan en ellas dan un respiro a nuestra mirada.

Ramón Cascado
. De formación autodidacta, Ramón Sánchez Cascado, tras unos años de juventud en Madrid, se traslada a París en la década de los sesenta, hecho que el autor califica como su “segundo nacimiento”. Será en la capital francesa donde conocerá el mundo del teatro, la literatura y la pintura contemporáneas. La referencia hacia el tema de la infancia en su obra es una constante, con trabajos en blanco y negro, para más tarde, llegar a realizar la serie denominada “ventanas”, donde solo existe el color blanco del propio soporte. Logra, sin la utilización del collage, sacar “el alma” del papel. Al papel de 28 x 38 cm utilizado como soporte, el autor le aplica el grabado metódico por incisión y las “no pinturas” (pigmentos con los que colorea). En un silenci quiet. Paisatges, podemos observar una de sus obras,  donde la Luna ilumina un fondo marino lleno de vida. Es el resultado de un trabajo metódico, donde ningún elemento técnico se ha dejado al azar.

Dis Berlín. Su universo procede de la literatura (Lewis Carroll), el cine clásico (Ciudadano Kane, Vértigo, Escrito en el viento, Mi tío…) y la publicidad, la estética y el diseño en la sociedad norteamericana de los cincuenta. No de la pintura de esa época.
Entre las obras que podemos ver  en la presente muestra esta Paisaje para Glend Gould, donde el autor imagina al músico sentado en la misma silla a la que hace unos años acortó las patas, quedando así el teclado casi a la altura de su nariz. En esta tarde de invierno, en este paisaje tranquilo y silencioso, de colores fríos, muy lejos de la gama habitual empleada por Dis Berlin, el pintor quiere que escuchemos al maestro interpretando las Variaciones Goldberg, la música que la sonda Voyager 1  mandó al espacio como carta de presentación de la humanidad.

Eutiquio Estirado. Las imponentes edificaciones sin aberturas que nos presenta en Espacios para los que olvidan, son grandes contenedores de donde nada puede escapar, en un intento de proteger y salvaguardar la memoria de aquellos que han entrado en su interior. Pero el viento exterior seguirá, queramos o no, erosionando esas construcciones realizadas por el hombre. La naturaleza llegará a borrar todo intento humano de salvaguardar la memoria, llevando con ella el olvido.

Juan Manuel Fernández Pera. Por su lirismo abstracto fue definido por Juan Manuel Bonet como “Poeta de la pintura”. Sus cielos castellanos, deudores del maestro Díaz Caneja, sus ríos y charcos, son los elementos que conforman los paisajes despojados de Fernández Pera. Pinturas melancólicas y machadianas, donde la quietud en una mañana de primavera invita al paseo.

Francisco Farreras. Maestro del collage y de las composiciones realizadas mediante el ensamblaje de maderas que transforma en puro lirismo. Aunque sus obras están alejadas de cualquier referencia figurativa, carentes de título y solo tienen una simple identificación numérica, en ocasiones, las formas resultantes asemejan a grandes bloques pétreos o a formas morfológicas subacuáticas, como es el caso del collage nº 069 B de 1994, donde las estructuras irradian luz propia sobre un fondo oscuro. Ya en 1989 José María Iglesias escribió al respecto: “Hay, en ocasiones, algo de antropológico y visceral en estas configuraciones de bordes difusos, de modulaciones y tonalidades infinitas. Las superficies aparecen como dotadas de una respiración, de una palpitación que las hace vivas y vibrantes.”
En las obras de Farreras prima la proporción y el orden plástico. Los diferentes elementos compositivos se emplazan tras una reflexión detenida, en busca del equilibrio deseado. Y cuando esto se consigue, el autor sabe que la obra está terminada.

Robert Ferrer i Martorell. Las huertas valencianas y su sistema de riego “a portón” proveniente de las acequias de origen árabe, son el punto de partida para la serie que el autor denominó El Rec. En el presente caso, con una visión nocturna del mismo, los campos vienen referidos por trozos de papel blanco y negro, suspendidos como en una visión aérea. Solo la presencia de un elemento industrial como la chincheta, nos recuerda la presencia e intervención del hombre.

Damián Flores. Los paisajes urbanos,  especialmente la arquitectura racionalista, están entre los motivos principales que interesan  al pintor, ilustrador y grabador Damián Flores. Sus paisajes transmiten tranquilidad y nos dan la sensación de estar en un entorno familiar. Jesús Marchamalo la califica de pintura “llena de perspectivas y ángulos insólitos que muestran sus paisajes, lugares apacibles… y luminosos fidedignamente recreados, al menos en apariencia. Porque ante sus cuadros se acaba siempre teniendo la sospecha de que lo que se contempla es una realidad fabulada, figurada, repleta de invenciones, a veces, inquietamente inapreciables.”

Diana García Roy. En Pasadizo se mezclan las luces y las sombras, lo claro con lo oscuro, la mancha con el trazo gestual. Todo para disponer un paso que da lugar a un lugar desconocido, aunque mejor que el que hemos dejado atrás. Una esperanza para la humanidad.

Pep Garro. Con la técnica del collage ha creado un mundo de identidad propia. En contadas ocasiones, como En Construcción, recurre a un formato mayor para dar sensación de magnitud en el espectador. La pieza en blanco monocromo y la utilización de elementos geométricos que nos recuerdan el interior de las cajas de cerillas, ha bebido de las fuentes de uno de nuestros grandes collagista, Gerardo Rueda, al que le ha querido rendir este bello homenaje.

Gerardo Gimona. Artista que nunca ha abandonado sus referencias figurativas, aún a pesar de que sus lienzos se nos muestren bajo la forma de la abstracción, en la que sabe combinar las manchas y el grafismo para ofrecernos un nuevo concepto de paisaje. Capa tras capa va superponiendo la pintura, por la que deja pasar la luz. Tal vez de ahí el título de esta obra: Donde la luz penetra directamente.

Emilio González Sáinz. En su obra apreciamos primero una vista general del paisaje, pero al acercarnos a pocos centímetros vamos observando y contemplando los pequeños detalles que conforman el conjunto: un pájaro en una rama seca, una persona durmiendo a los pies de las ruinas, etc. González Sainz, al igual que nuestro admirado Gustavo Torner, es un admirador del paisajista romántico Caspar David Friedrich, con quien comparte la observación detenida de la naturaleza. Fija su atención tanto en lo microscópico como en lo macroscópico, para crear sus característicos paisajes rocosos de colores armoniosos,  surcados por aguas que le confieren un carácter melancólico y de espera contemplativa.

Joan Hernández Pijuan. “El pintor del paisaje en la memoria” realizó desde principios de los años setenta, y durante tres décadas una profunda investigación plástica del espacio pictórico desde una interiorización del paisaje de Folquer.
A mediados de los ochenta, dedicó una serie a la catedral de Lleida. En ella se observan ondulaciones que nos recuerdan los arcos góticos del claustro, y la presencia central del ciprés, figura que le sirve para marcar diferentes ritmos en las obras. La visión es como a través de una ventana, un encuadre frecuente en su posterior producción.
A partir de 1993, tras viajar a Granada y Marruecos, comienza a aparecer en sus lienzos y papeles el signo de la “trama”, donde realiza el ejercicio de  mostrar y ocultar al mismo tiempo el óleo, que escapa entre los huecos de esta malla, resaltando la profundidad del surco.
En la trayectoria de Hernández Pijuan hay que destacar la importancia del papel como soporte, lo que él denominaba “la piel de la pintura”, gouaches y óleos con una mayor calidez, sobre papeles Japón, Archés y Corea. La mayoría obras sin título, pero siempre con una iconografía identificable: el árbol, los surcos, la morera, el patio…
En palabras del propio pintor: “Es un paisaje que está más en la memoria que en el recuerdo. El recuerdo es nostálgico, pero la memoria es más profunda.”

José Leguey. Con una larga trayectoria, dejó hace diez años de lado la abstracción para adentrarse en el mundo del collage y la figuración. Lleva casi diez años investigando en las asociaciones plásticas de la figura humana y de los insectos y pequeños reptiles, que en ocasiones los agrupa creando mundos paralelos dentro de la misma obra, sin llegar a explicarnos si existe una conexión entre estas diferentes dimensiones. En El dilema, el paisaje es un difuminado de color ceniza, donde un grupo de hombres desnudos parecen buscar una salida, que tal vez sea la apertura negra y profunda que Leguey les muestra a su derecha.

Lidó Rico. Nos presenta uno de sus bloques de resina en el que introduce elementos propios de su mundo, como es el caso de la ficha de rompecabezas, elemento con una fuerte carga conceptual. Dentro de su intensa trayectoria, tal vez las obras realizadas entre los años 2002 y 2005, época a la que pertenece este collage, son las de mayor sentido poético, al fijarse en la cultura oriental, a la que dedicó una serie donde predomina el color amarillo y las manchas rojas a modo pétalos de una gran flor.

Guillermo Lledó. Artista creador de esculturas realizadas con materiales industriales que nos recuerdan a objetos funcionales de la vida cotidiana, a los que dota de mensajes y de vacíos, de poesía. Tras conocer la obra de Guillermo Lledó y en nuestro deambular por las ciudades, es muy difícil dejar de ver la obra del artista, como si el propio Lledó hubiese  ido disponiendo objetos por cada lugar: tapas de alcantarillado, palets de madera o perfiles de metal que mantienen cristales armados...

Rafa Macarrón. Con una corta pero meteórica trayectoria, Rafa Macarrón sigue en un proceso creador en el que intercala la obra tridimensional, basada en estructuras áureas, con la obra más plana,  como es el caso de Camino interior, donde el tema tratado suele ser cotidiano, lleno de personajes corrientes que buscan en el ocio los placeres honestos de  la vida, dejando de lado problemas existenciales que parecen haber resuelto de una manera sencilla, sin grandes preguntas pero con unas claras respuestas. La amistad, la familia y las creencias en una vida sin traumas hacen de los habitantes de este paisaje unos seres felices.

Antoni Miró. Es un artista del que es imposible separar su pintura y escultura de sus creencias en una lengua y en una cultura propia, en una sociedad más tolerante y ética. De ahí una de sus últimas series: Mani-festa.
El paisaje de una u otra manera ha estado presente durante más de cincuenta años de su pintura, en las diferentes etapas. En la Serie Vivace, que data de la década de los noventa y llega hasta principios del dos mil, los mares, árboles o cielos sirven de fondo a elementos como la bicicleta o la excavadora. Pocos años más tarde comenzó con la serie dedicada a paisajes arquitectónicos, el de los edificios de los museos que previamente había visitado: Museo de Arqueología de Atenas, el Solomon G. Museum de Nueva York o el Gulbenkian de Lisboa. Obras donde la geometría y los elementos constructivistas están presentes. Para esta exposición se han seleccionado el Museo Serralves de Oporto, diseñado por el arquitecto Siza Vieria, y una panorámica de su ciudad natal, Alcoi, titulada Muntanya Roja 2015, en la que se perfila el Barranc del Cint y una parte del pueblo con un primer plano de las terrazas de colores violeta, amarillo y rojo. A Antoni Miró siempre le ha seducido más el paisaje interior humano, que la belleza externa.

Manuel H. Mompó. Se ha dicho muchas veces de Mompó que parte de la pureza de las pinturas infantiles, a las que sumerge en su propio universo transformándolas, creando, en sus propias palabras, “un mundo sano y positivo”.
Esta obra de 1961, junto a otras sobre cartón, viajó ese mismo año a Lisboa para una exposición. Eran momentos complicados en el país vecino debido a la guerra de Angola. Su primera esposa, Catalina Postma, pensaba “que no se vendería nada”, pero fue un éxito que ayudó al joven matrimonio en unos difíciles momentos económicos.
De una de las mejores épocas creativas del pintor, este cartón se caracteriza por la combinación abigarrada de masas de color azul, que se irán segmentando en sus obras con el paso del tiempo. En su posterior evolución irá apareciendo la línea, terminando por convivir mancha y línea. La coherencia en toda su producción es indiscutible, fue fiel al mundo que creó, un universo vivo y animado. Interesado en la vida bulliciosa, dijo Mompó: “Me gustaría pintar el ruido”.

Pedro Muiño. Desde el 2006 Pedro Muiño ha ido desarrollando la amplia serie denominada Pinturas Negras, a la que pertenece Geografía de la seducción I, que podemos ver en la presente exposición. En ella seguimos observando los iconos con los que Muiño realiza sus composiciones sobre fondos planos grises y negros, cada vez más limpios. “Los tiempos, la reflexión, la intención, son elementos que aquí viajan juntos; es una obra alejada del ruido de la palabra y aunque no sea su única finalidad, se diría que están destinadas a la contemplación”. De este modo define el autor esta obra.

Amadeo Olmos. Su obra comenzó siendo realista, pero poco a poco investigó nuevos caminos, siempre dentro de la figuración.  La presencia en sus lienzos de dos imágenes distintas, obliga al espectador a que, además de percibirlas, tenga que pensar en su relación. Alejado de cualquier corriente, ha buscado su propio camino, donde siempre espera la compañía del espectador. Según Gustavo Martín Garzo, la intención en la pintura de Amadeo Olmos es la de “crea un espacio que dé cabida a las imágenes de la realidad, pero también a las que pueblan nuestras fantasías y sueños”.

Sara Quintero. Pintora de paisajes inquietantes como ha sido definida en varias ocasiones, en la obra Encerrad la hierba, nos habla de libertad y de espacios protegidos, de lugares visibles pero no habitables, donde la hierba no osará esparcirse, pues sabe que fuera no hay nada, y que sólo mientras esté protegida por esos muros blancos seguirá viva y verde.

Alberto Reguera. En sus obras siempre hay una referencia a la naturaleza, y sabe unir como pocos abstracción y naturaleza. Estos paisajes los construye sobre el lienzo con  acrílico y pinturas metálicas que va superponiendo, produciendo efectos de arrastre, girando en ocasiones la posición del lienzo para seguir depositando nuevas capas, para luego raspar y que de este modo vayan saliendo a la luz los colores más profundos y, al mismo tiempo, se vayan creando las sombras. También utiliza las resinas y los pigmentos, soplados o arrojados sobre el lienzo.
En el diccionario interno de la obra de Alberto Reguera podríamos citar, entre otras, las palabras paisaje, nubes veloces, espacios atmosféricos, lirismo, armonía de colores, terciopelo, limpieza, orden, imaginación del espectador... y en todas ellas encontramos la presencia de un lírico misterio.
Rex Weil, crítico de arte de la revista americana Art News, escribió: "Reguera utiliza su cuerpo y su aliento, moviéndose alrededor de un cuadro, soplando pigmento seco sobre una superficie mojada. Como una tormenta de polvo, el pigmento se entierra y exagera los contornos de las capas originales de la pintura y de la tela. Es una danza de accidentes controlados, como la naturaleza”.

Beatriz Saenz. Ceramista de vocación, actividad que desarrolló durante varias décadas, se sumergió en el collage en sus últimos años. Obras en las que buscaba la parte amable y sencilla de la vida, los colores y la luz del Mediterráneo, del que no quiso despegarse tras haberlo vivido.

Señor Cifrián. Como en un herbario, el colectivo formado por Esther Señor y Carmen Cifrián, han ido realizando la catalogación de diferentes plantas que dejan su impronta en un papel de algodón, tras haber sido tiznado con el humo de una vela. En el caso de Dibujo de Humo # 67 se trata de la Tovomitopsis paniculata.
A Señor Cifrián les atrajo la relación plástica que podían tener estas obras con los orígenes de la fotografía:
su gama de grises y cálidos nos recuerdan a los orígenes fotográficos en las placas de Daguerre o Fox Talbo….A través del uso de elementos precarios, nos interesa la huella y su perdurabilidad en el tiempo; una búsqueda por apresar en un papel la fugacidad de un material etéreo. Se vende humo.”

Ramón Urbán. En 2013 el artista dio un paso más en su investigación plástica, abandonando en parte los trabajos con la forma del círculo, llegando a adentrarse en un nuevo paisaje. Los tituló “Paisajes…en tránsito”. Maderas superpuestas con una geometría estudiada, pero sin dejar la parte de “gesto”, donde materia y soporte se encuentran ensamblados formando un único conjunto. Ramón Urbán reconoce que en sus obras conviven “calladas arqueologías, sombras de silencios ancestrales que desprenden misticismo, serenidad, belleza…”

Salvador Victoria. La esfera como forma perfecta, como figura geométrica de lo eterno, estará presente en la obra de Victoria durante más de una década.
La formación humanista de este pintor queda plasmada en sus inquietudes pictóricas. Los colores con sus transparencias, nos ofrecen una contemplación serena. La esfera suspendida en el espacio alberga en su interior el gesto contenido de la brocha, y todo ello enmarcado dentro del cuadrado, como “un cuadro dentro del cuadro”.
La pintura de Salvador Victoria bebe del lirismo informalista más colorista y alegre. Su obra destaca por los colores apastelados, tonos naranjas, azulados, amarillos; colores cálidos y fríos en conjunción. Ahonda en la abstracción incorporando en su obra círculos, tangentes, secantes, geometrías envueltas en una nebulosa de suaves y dinámicas pinceladas, cosmologías que evolucionan hacia búsquedas sutiles del espacio.
En su última etapa, de geometrías áureas, tal vez la más lírica de todas, se ocupará de la temática cósmica. A través de la esfera va mostrando todo un mundo lleno de espacios infinitos, de colores difuminados y veladuras que transmiten armonía y sensación de tranquilidad.

José María Yturralde. En 1995 comienza la serie de los Eclipses, caracterizada por la  investigación plástica de la luz y la forma del cuadrado, pero en esta ocasión no se trata de un cuadrado exacto, sino una forma cuadrada al estilo Malévich, en la que las paredes verticales son menores que las horizontales y que, además, se mueve. La serie de los Eclipses no será desarrollada y completada hasta años más tarde, quedando solo en un conjunto de bocetos.
La serie Postludios, que abarca desde 1998 a 2007, es una continuación de la lógica evolución de las dos series anteriores, denominadas Preludios e Interludios. Partiendo de un profundo estudio de la forma geométrica del cuadrado y su interacción con el color en los Preludios, va desembocando hacia una obra donde la luz y el color, equivocadamente interpretado como monocromo, son los únicos protagonistas, llegando así a  los Postludios.
Como en un big-bang cromático, los Postludios de Yturralde se nos presentan como superficies pictóricas en expansión, donde ha dejado de existir la estructura sustentante, con ausencia de casi todo. Pero no es el vacío, la materia está ahí porque la luz está presente, y la luz, que es energía, puede transformarse en materia.
Los bordes de esta eclosión de color no son los límites del bastidor, lo que vemos es tan sólo una pequeña parte de todo ese universo en expansión.
Al ver estas obras nos sumergimos en una zona silente donde no dejan de suceder cambios que, no siendo percibidos, ocurren en el interior de esa masa oscura rodeada de un estallido de energía. El hipnotismo creado por estas piezas transmiten al espectador un espíritu sereno. Citando al propio Yturralde “El negro sobre azul que restablece la armonía perturbada, la inquietud compensada por la armonía”.

Jesús Zurita. En su producción están presentes el dibujo, la pintura y la instalación, esta última denominada por el autor “pintura mural”. Hay quien ha visto en las obras de Zurita una narración, donde el artista nos ofrece unos pocos elementos reconocibles y son los espectadores quienes los aúnan y crean una historia, diferente para cada uno de nosotros. Jesús Zurita define su obra como “crónicas de lo que sospecho ha sido y será, con el somos entre medias. Como un garbanzo alcanzando la singularidad de un agujero negro; inverosímil, estúpido e irrelevante pero sé que ha ocurrido. Y va a ocurrir”. En el lienzo Otra podemos ver una Anunciación, con los rayos provenientes de un creador que, entre magmas de color rojo, hace surgir la naturaleza pura, verde y luminosa.

Javier Martín

 

Texto en Valenciano

En un silenci quiet. Paisatges

 

 Hi ha altres mons, però estan en aquest

Paul Éluard

 

A l’entorn del paisatge contemporani hem reunit obres de trenta-nou pintors que han tractat aquest tema tan clàssic. En alguns autors ha sigut de manera puntual, com és el cas de Gerardo Aparicio, Víctor Cámara, Eutiquio Estirado, Lidó Rico o Ramón Urbán. Per a altres ha sigut una investigació constant: Calo Carratalá, Dis Berlin, Damián Flores, Emilio González Sáinz o Joan Hernández Pijuan.

En la mostra En un silenci quiet. Paisatges, estan representats artistes de llarga trajectòria, com ara Francisco Farreras o Ramón Cascado. I autors joves com Albano, Elena Alonso o Rafa Macarrón.

La datació de les obres va des de 1961 (l’oli de Manuel H. Mompó), fins a 2015 (l’alumini de Marlon de Azambuja). També n’és molt variat l’estil pictòric: el lirisme de Salvador Victoria, la geometria de Robert Ferrer, l’objectualitat de Guillermo Lledó, l’espacialitat de José María Yturralde.

Per a aquesta ocasió hem disposat dels fons de la Col·lecció Ars Citerior de la Comunitat Valenciana. D’aquesta hem triat paisatges assossegats i tranquils, tot i que en alguna de les obres hi ha qui troba elements que puguen inquietar-lo.

 

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José Agulló. En la seua obra, de caràcter abstracte, cal destacar-hi l’estret contacte amb la Natura, tant que hi ha elements orgànics animals i vegetals que formen part de la seua obra, pletòrica de lirisme. José Agulló, en Mercuri I, ens mostra una manera molt personal de veure el cosmos. Una visió tranquil·la i lírica d’un univers ple d’energia i en constant evolució. L’element geomètric ajuda a contenir i controlar les forces del planeta Mercuri. El crític José Ramón Danvila va definir José Agulló “Com el pintor més visceral i també com el més geomètric, per bé que és veritat que mai no hi estan ambdues opcions totalment independitzades. Es tracta més aviat d’oferir la contraposició d’aquestes, d’establir un equilibri basat en desequilibris entre dues oportunitats expressives, però conservant al mateix temps eixe punt de fricció entre la passió que dóna el color o la postura matèrica i l’organització del mateix espai pictòric.


Albano. Pintor de deserts, com ja es va definir fa anys quan començava a pintar grans llenços amb pintura expandida. En un silenci quiet. Paisatges ens presenta les dunes d’arena blanca i els manglars del Parc Nacional dels Lençóis Maranhenses a Brasil. És un paisatge que recorda un llençol blanc quan és vist des de l’aire; per això rep el nom de lençóis. Es tracta d’un desert que en l’estació humida s’ompli de llacunes, i eixe és el moment en què eixa barcassa encallada torna a lliscar per les aigües, que serveixen d’espill màgic a un cel blau. En la taula Lençois maranhenses no hi falten els verds trencats que envolten l’atmosfera d’aquest paisatge i que són tan característics de l’autor.

 

Elena Alonso. La presència de l’escaire a la base de l’obra crea l’equilibri necessari entre totes les peces presents en la composició. No en va el seu títol Composició de lloc ens predisposa a posar ordre en una superfície arqueològica, en què haurem de determinar els estrats on van sorgint els diferents objectes. Hugo Castignani, en fer referència a aquesta sèrie creada per Alonso, fa referència a la qüestió espai-lloc amb les paraules: “S’estableix en aquesta sèrie un contrast molt marcat entre la figura negra en primer pla –oriental, traçada com una cal·ligrafia, a pols– i el fons clar –occidental, treballat, difuminat–, que podem interpretar com un diàleg tens entre la cosa i l’espai a què ella dóna lloc, i del qual és una cosa així com el seu precursor obscur i certament inquietant”.

 

Gerardo Aparicio. En Hecatombe i Tempestat a Vallecas Sud l’autor ens mostra un món existent als afores d’una gran ciutat com Madrid a mitjan anys vuitanta. Amb elements a manera de collage enganxats individualment sobre el paper, elabora la història d’un paisatge que va deixant el seu aspecte agrícola per a passar a ser industrial,  desposseït de qualsevol element estètic.

 

Marlon de Azambuja. Artista multidisciplinari, en cada una de les seues obres reconeixem la seua empremta. Treballa en sèries que pren i reprèn, segons ho considera oportú. Pensa en una idea que vol expressar i aleshores busca els materials i la tècnica més adequats per a portar-la a cap. Poden ser les etiquetes adhesives desplaçades, la cinta que envolta un banc públic o una parada d’autobús, les línies traçades amb tinta xinesa que uneixen dues trapes del clavegueram, o els traços realitzats amb retolador permanent sobre una fotografia impresa en alumini amb els quals amaga unes parts d’un paisatge urbà i en ressalta d’altres, com és el cas de Cerqueira Cesar, dedicada a l’avinguda Paulista de la ciutat de São Paulo.

 

Tania Blanco. Pintora preocupada pel món que l’envolta i el seu esdevenir, no s’escapa de les pors i esperances de l’ésser humà. Així ho plasma en els seus tondos, format habitual en la seua producció, on les alteracions neurològiques com el patiment i els avenços científics com a esperança de la seua solució, són el contrast no tan sols entre naturalesa i tecnologia, sinó entre èxit i fracàs de les facultats humanes. En Tree lab, de pintures planes, ens mostra el punt de contrast, i alhora d’obligada convivència, entre la naturalesa i l’arquitectura quasi futurista, on hi ha el perill que la tecnologia arribe a transformar i destruir el món tal com l’hem conegut.

 

Alejandro Botubol. A través d’una finestra oberta a l’horitzó, Botubol ens mostra la gamma de colors que conformen el seu món plàstic, ple de llum. És una obertura que ens invita a ser traspassada no tan sols amb la mirada, sinó físicament, perquè ens crea el desig de formar part d’un nou paisatge que ens espera. Una de les característiques de la seua obra és l’exploració constant i perseverant dels fenòmens espacials.

 

Joan Boy. El paisatge és una constant en la seua obra. Llocs habitats per personatges solitaris que es troben perduts entre la naturalesa onírica, sense una destinació predeterminada. El pintor veu reflectida la seua obra en el text Tornaràs a regió, de Juan Benet: “Tota la vegetació que la naturalesa ha negat a la muntanya i economitzat a l’altiplà, l’ha prodigada a les valls transversals on s’estén i multiplica, es comprimeix, magnifica i apinya, i ha transformat eixes somes i angostes fondalades en selves inextricables on creixen els fruiters silvestres –els cirerers indòmits, la pomera salvatge, els perelloners, la fràngula i l’avellaner– entre salzes i murtes, grèvols arborescents i bedolls murmuradors, roures i fajos centenaris, confosos tots sota l’abraçada comuna del vesc i de la satureja. I, no obstant això, eixes estretes i luxuriants valls també estan desertes, més desertes fins i tot que l’erm, perquè ningú no ha sigut prou fort per a establir-se allí. Perquè si la terra és dura i el paisatge és agrest és perquè el clima és robust: un hivern tenaç que es prolonga cada any durant vuit mesos i que només en la primera quinzena de juny alça la mà del càstig, no tant per a concedir un moment d’alleujament a la víctima com per a fer-li comprendre la imminència del nou assot.”

 

Víctor Cámara. Hereu del pop, tracta amb humor i intel·ligència els temes populars de la funció de les imatges en la cultura.

Rememorant els inconfusibles quadres d’una enorme càrrega kitsch que hi havia als salons de moltes cases espanyoles en els anys seixanta i setanta, Víctor Cámara plasma a manera d’un cartó de Goya una de les imatges freqüents en els anys de prosperitat econòmica al nostre país.

 

Lourdes Castro Cerón. Paisatges que la pintora interioritza, naturalesa que fa íntima i on oblida la dicotomia figuració-abstracció. Pinzellades amb traços segurs i rítmics que transformen la imatge en quelcom de més, la qual cosa la converteix en art. Naturalesa, ritme, música, frescor, tot està en l’obra de Castro Cerón.

 

Calo Carratalá. Després d’un viatge al Brasil, i proveït de molts dibuixos, Cale Carratalá es va disposar, ja en el seu estudi tranquil de València, a pintar Selves, una de les seues sèries millors. En els seus cartons, com Treballant amb paraigua blau, ens mostra, a través d’una ullera de llarga vista, una selva amb una multitud de verds que inunden tota la superfície i se n’apropien. Només alguna barcassa i els personatges que hi viatgen donen un respir a la nostra mirada.


Ramón Cascado
. De formació autodidàctica, Ramón Sánchez Cascado, després d’uns anys de joventut a Madrid, es trasllada a París en la dècada dels seixanta, fet que l’autor defineix com el seu “segon naixement”. Serà a la capital francesa on coneixerà el món del teatre, la literatura i la pintura contemporanis. La referència al tema de la infantesa en la seua obra és una constant, amb treballs en blanc i negre, per a més tard, arribar a realitzar la sèrie denominada “Finestres”, on només hi ha el color blanc del mateix suport. Aconsegueix, sense la utilització del collage, traure “l’ànima” del paper. Al paper, de 28 x 38 cm, utilitzat com a suport, l’autor li aplica el gravat metòdic per incisió i les “no-pintures” (pigments amb què acoloreix). En un silenci quiet. Paisatges podem observar una de les seues obres, on la Lluna il·lumina un fons marí ple de vida. És el resultat d’un treball metòdic, on cap element tècnic s’ha deixat a l’atzar.

 

Dis Berlín. El seu univers procedeix de la literatura (Lewis Carroll), el cinema clàssic (Ciutadà Kane, Vertigen, Escrit en el vent, El meu oncle…) i la publicitat, l’estètica i el disseny a la societat nord-americana dels cinquanta, no de la pintura d’eixa època.

Entre les obres que podem veure en aquesta mostra hi ha Paisatge per a Glend Gould, on l’autor imagina el músic assegut en la mateixa cadira a la qual fa uns anys li va acurtar les potes; així el teclat es queda gairebé a l’altura del seu nas. En aquesta vesprada d’hivern, en aquest paisatge tranquil i silenciós, de colors freds, molt allunyat de la gamma habitual emprada per Dis Berlín, el pintor vol que sentim el mestre interpretant les Variacions Goldberg, la música que la sonda Voyager 1 va enviar a l’espai com a carta de presentació de la humanitat.

 

Eutiquio Estirado. Les edificacions imponents sense obertures que ens presenta en Espais per a qui oblida, són grans contenidors d’on res no es pot escapar, en un intent de protegir i salvaguardar la memòria d’aquells que han entrat al seu interior. Però el vent exterior continuarà, tant fa que ho vulguem com si no, erosionant eixes construccions realitzades per l’home. La naturalesa arribarà a esborrar qualsevol intent humà de salvaguardar la memòria, portant amb ella l’oblit.

 

Juan Manuel Fernández Pera. Pel seu lirisme abstracte va ser definit per Juan Manuel Bonet com el “Poeta de la pintura”. Els seus cels castellans, deutors del mestre Díaz Caneja, els seus rius i tolls, són els elements que conformen els paisatges despullats de Fernández Pera. Pintures melancòliques i machadianes, on la quietud en un matí de primavera invita al passeig.

 

Francisco Farreras. Mestre del collage i de les composicions realitzades per mitjà de l’acoblament de fustes que transforma en pur lirisme. Encara que les seues obres estan allunyades de qualsevol referència figurativa, mancades de títol i només tenen una simple identificació numèrica, de vegades, les formes resultants semblen grans blocs petris o formes morfològiques subaquàtiques, com és el cas del collage Núm. 069 B, de 1994, en el qual les estructures irradien llum pròpia sobre un fons fosc. Ja en 1989 José María Iglesias va escriure respecte d’açò: “Hi ha, a vegades, quelcom d’antropològic i visceral en aquestes configuracions de vores difuses, de modulacions i tonalitats infinites. Les superfícies apareixen com dotades d’una respiració, d’una palpitació que les fa vives i vibrants.

En les obres de Farreras preval la proporció i l’ordre plàstic. Els diversos elements compositius s’emplacen després d’una reflexió detinguda, a la recerca de l’equilibri desitjat. I quan això s’aconsegueix, l’autor sap que l’obra està acabada.

 

Robert Ferrer i Martorell. Les hortes valencianes i el seu sistema de reg amb “trestellador”, provinent de les séquies d’origen àrab, són el punt de partida per a la sèrie que l’autor va denominar El Rec. En aquest cas, amb una visió nocturna d’aquest, els camps hi estan referits amb trossos de paper blanc i negre, suspesos com en una visió aèria. Només la presència d’un element industrial com la xinxeta, ens recorda la presència i intervenció de l’home.

 

Damián Flores. Els paisatges urbans, especialment l’arquitectura racionalista, són dels motius principals que interessen al pintor, il·lustrador i gravador Damián Flores. Els seus paisatges transmeten tranquil·litat i ens fan la sensació de trobar-se en un entorn familiar. Jesús Marchamalo la qualifica de pintura “plena de perspectives i angles insòlits que mostren els seus paisatges, llocs plàcids… i lluminosos, fidedignament recreats, almenys en aparença. Perquè davant dels seus quadres sempre s’acaba tenint la sospita que el que s’hi contempla és una realitat fabulada, figurada, repleta d’invencions, a vegades, inquietament inapreciables.”

 

Diana García Roy. En Passadís es mesclen les llums i les ombres, el clar amb l’obscur, la taca amb el traç gestual. Tot per a disposar un pas que dóna lloc a un indret desconegut, encara que millor que el que hem deixat arrere. Una esperança per a la humanitat.

 

Pep Garro. Amb la tècnica del collage ha creat un món d’identitat pròpia. Poques vegades, com En Construcció, recorre a un format major per a donar la sensació de magnitud en l’espectador. La peça en blanc monocrom i la utilització d’elements geomètrics que ens recorden l’interior de les capsetes de mistos, ha begut de les fonts d’un dels nostres grans creadors de collages, Gerardo Rueda, a qui li ha volgut retre aquest bell homenatge.

 

Gerardo Gimona. Artista que mai no ha abandonat les seues referències figuratives, fins i tot a pesar que els seus llenços se’ns mostren sota la forma de l’abstracció, en la qual sap combinar les taques i el grafisme, per a oferir-nos un nou concepte de paisatge. Capa rere capa va superposant la pintura, per la qual deixa passar la llum. Potser, per això, el títol d’aquesta obra: On la llum penetra directament.

 

Emilio González Sáinz. En la seua obra apreciem primerament una vista general del paisatge, però en aproximar-nos-en a pocs centímetres anem observant i contemplant els petits detalls que conformen el conjunt: un ocell en una branca seca, una persona dormint als peus de les ruïnes, etc. González Sáinz, igual que el nostre admirat Gustavo Torner, és un admirador del paisatgista romàntic Caspar David Friedrich, amb qui comparteix l’observació detinguda de la naturalesa. Fixa la seua atenció tant en allò microscòpic com en allò macroscòpic, per a crear els seus característics paisatges rocallosos de colors harmoniosos, solcats per aigües que li confereixen un caràcter melangiós i d’espera contemplativa.

 

Joan Hernández Pijuan. “El pintor del paisatge en la memòria” va realitzar des de la primeria dels anys setanta, i durant tres dècades, una profunda investigació plàstica de l’espai pictòric des d’una interiorització del paisatge de Folquer.

A mitjan anys vuitanta, va dedicar una sèrie a la catedral de Lleida. En aquesta s’observen ondulacions que ens recorden els arcs gòtics del claustre, i la presència central del xiprer, figura que li serveix per a marcar diferents ritmes en les obres. La visió és com a través d’una finestra, un enquadrament freqüent en la seua producció posterior.

A partir de 1993, després de viatjar a Granada i el Marroc, comença a aparéixer en els seus llenços i papers el signe de la “trama”, en què realitza l’exercici de mostrar i ocultar al mateix temps l’oli, que s’escapa entre els buits d’aquesta malla i ressalta la profunditat del solc.

En la trajectòria d’Hernández Pijuan cal destacar la importància del paper com a suport, que ell denominava “la pell de la pintura”, aiguades i olis amb una calidesa més gran, sobre papers Japó, Archés i Corea. La major part de les obres sense títol, però sempre amb una iconografia identificable: l’arbre, els solcs, la morera, el pati…

En paraules del mateix: “És un paisatge que està més en la memòria que en el record. El record és nostàlgic, però la memòria és més profunda.”

 

José Leguey. Amb una llarga trajectòria, fa deu anys va deixar de banda l’abstracció per a endinsar-se en el món del collage i la figuració. Porta quasi deu anys investigant en les associacions plàstiques de la figura humana i dels insectes i petits rèptils, que a vegades els agrupa creant mons paral·lels dins de la mateixa obra, sense arribar a explicar-nos si hi ha una connexió entre aquestes dimensions diferents. En El dilema, el paisatge és un difuminat de color cendra, on un grup d’homes nus semblen cercar una eixida, que potser és l’obertura negra i profunda que Leguey els mostra a la seua dreta.

 

Lidó Rico. Ens presenta un dels seus blocs de resina en què introdueix elements propis del seu món, com és el cas de la fitxa de trencaclosques, element amb una forta càrrega conceptual. Dins de la seua intensa trajectòria, tal vegada les obres realitzades entre els anys 2002 i 2005, època a la qual pertany aquest collage, són les de sentit poètic més gran, en fixar-se en la cultura oriental, a la qual va dedicar una sèrie on predomina el color groc i les taques roges a manera de pètals d’una gran flor.

 

Guillermo Lledó. Artista creador d’escultures realitzades amb materials industrials que ens recorden objectes funcionals de la vida quotidiana, als quals dota de missatges i de buits, de poesia. Després de conéixer l’obra de Guillermo Lledó i en el nostre bagareig per les ciutats, és molt difícil deixar de veure l’obra de l’artista, com si el mateix Lledó haguera anat disposant objectes per cada lloc: tapadores de clavegueram, palets de fusta o perfils de metall que mantenen vidres armats...

 

Rafa Macarrón. Amb una curta, però meteòrica trajectòria, Rafa Macarrón continua en un procés creador en què intercala l’obra tridimensional, basada en estructures àuries, amb l’obra més plana, com és el cas de Camí interior, on el tema tractat sol ser quotidià, ple de personatges corrents que busquen en l’oci els plaers honestos de la vida, i deixen de banda problemes existencials que sembla que han resolt d’una manera senzilla, sense grans preguntes, però amb unes respostes clares. L’amistat, la família i les creences en una vida sense traumes fan dels habitants d’aquest paisatge uns éssers feliços.

 

Antoni Miró. És un artista de qui és impossible separar la seua pintura i escultura de les seues creences en una llengua i en una cultura pròpies, en una societat més tolerant i ètica. Aquest és el motiu d’una de les seues últimes sèries: Mani-festa.

El paisatge, d’una manera o d’una altra, hi ha estat present durant més de cinquanta anys de la seua pintura, en les diferents etapes. En la Serie Vivace, que data de la dècada dels noranta i arriba fins a principis del dos mil, els mars, arbres o cels serveixen de fons a elements com la bicicleta o l’excavadora. Uns pocs anys més tard va començar la sèrie dedicada a paisatges arquitectònics, el dels edificis dels museus que havia visitat prèviament: Museu d’Arqueologia d’Atenes, el Solomon G. Museum de Nova York o el Gulbenkian de Lisboa. Obres on la geometria i els elements constructivistes hi són presents. Per a aquesta exposició s’han seleccionat el Museu Serralves de Porto, dissenyat per l’arquitecte Siza Vieria, i una panoràmica de la seua ciutat natal, Alcoi, titulada Muntanya Roja 2015, en què es perfila el Barranc del Cint i una part de la població amb un primer pla de les terrasses amb els colors violeta, groc i roig. A Antoni Miró sempre el va seduir més el paisatge interior humà, que la bellesa externa.

Manuel H. Mompó. S’ha dit moltes vegades de Mompó que parteix de la puresa de les pintures infantils, a les quals submergeix en el seu univers propi, les transforma i crea, segons les seues pròpies paraules, “un món sa i positiu”.

Aquesta obra de 1961, juntament amb altres sobre cartó, va viatjar aquell mateix any a Lisboa per a una exposició. Eren moments complicats en el país veí a causa de la guerra d’Angola. La seua primera dona, Catalina Postma, pensava que no es vendria res”, però va ser un èxit que va ajudar el jove matrimoni en uns moments econòmics difícils.

D’una de les millors èpoques creatives del pintor, aquest cartó es caracteritza per la combinació bigarrada de masses de color blau, que s’aniran segmentant en les seues obres amb el pas del temps. En la seua evolució posterior hi anirà apareixent la línia, i acabaran per conviure-hi la taca i la línia. La coherència en tota la seua producció és indiscutible, va ser fidel al món que va crear, un univers viu i animat. Interessat per la vida bulliciosa, va dir Mompó: “M’agradaria pintar el soroll”.

 

Pedro Muiño. Des del 2006 Pedro Muiño ha anat desenvolupant l’àmplia sèrie denominada Pintures Negres, a la qual pertany Geografia de la seducció I, que podem veure en aquesta exposició. En aquesta obra continuem observant les icones amb què Muiño realitza les seues composicions sobre fons plans grisos i negres, cada vegada més nets. Els temps, la reflexió, la intenció, són elements que ací viatgen junts; és una obra allunyada del soroll de la paraula i encara que no siga la seua única finalitat, es diria que estan destinades a la contemplació”. D’aquesta manera defineix l’autor aquesta obra.

 

Amadeo Olmos. La seua obra va començar sent realista, però a poc a poc va investigar nous camins, sempre dins de la figuració. La presència en els seus llenços de dues imatges distintes, obliga l’espectador que, a més de percebre-les, haja de pensar en la seua relació. Allunyat de qualsevol corrent, ha buscat el seu camí propi, on sempre espera la companyia de l’espectador. Segons Gustavo Martín Garzo, la intenció en la pintura d’Amadeo Olmos és la de “crear un espai que done cabuda a les imatges de la realitat, però també a les que poblen les nostres fantasies i somnis”.

 

Sara Quintero. Pintora de paisatges inquietants, com ha sigut definida diverses vegades, en l’obra Tanqueu l’herba ens parla de llibertat i d’espais protegits, de llocs visibles però no habitables, on l’herba no gosarà escampar-se, perquè sap que fora no hi ha res, i que només, mentre estiga protegida per eixos murs blancs, continuarà viva i verda.

 

Alberto Reguera. En les seues obres sempre hi ha una referència a la natura, i sap unir com pocs abstracció i naturalesa. Aquests paisatges els construeix sobre el llenç amb  acrílic i pintures metàl·liques que hi va superposant, amb la qual cosa produeix efectes d’arrossegament, girant de vegades la posició del llenç per a continuar depositant noves capes, per a després raspar i que d’aquesta manera vagen eixint a la llum els colors més profunds i, alhora, es vagen creant les ombres. També utilitza les resines i els pigments, bufats o llançats sobre el llenç.

En el diccionari intern de l’obra d’Alberto Reguera podríem citar, entre d’altres, les paraules paisatge, núvols veloços, espais atmosfèrics, lirisme, harmonia de colors, vellut, neteja, ordre, imaginació de l’espectador... i en totes aquestes trobem la presència d’un misteri líric.

Rex Weil, crític d’art de la revista americana Art News, va escriure: “Reguera utilitza el seu cos i el seu alé, mentre es mou al voltant d’un quadre o bufa pigment sec sobre una superfície mullada. Com una tempestat de pols, el pigment se soterra i exagera els contorns de les capes originals de la pintura i de la tela. És una dansa d’accidents controlats, com la naturalesa.


Beatriz Sáenz. Ceramista de vocació, activitat que va exercir durant algunes dècades, es va submergir en el collage en els últims anys. Obres en què buscava la part amable i senzilla de la vida, els colors i la llum de la Mediterrània, de la qual no va voler desenganxar-se després d’haver-la viscut.

 

Señor Cifrián. Com en un herbari, el col·lectiu format per Esther Señor i Carmen Cifrián, ha anat realitzant la catalogació de diverses plantes que deixen la seua empremta en un paper de cotó, després d’haver sigut mascarat amb el fum d’un ciri. En el cas de Dibuix de Fum # 67 es tracta de la Tovomitopsis paniculata.

A Señor Cifrián els va atraure la relació plàstica que podien tenir aquestes obres amb els orígens de la fotografia:la seua gamma de grisos i càlids ens recorden els orígens fotogràfics en les plaques de Daguerre o Fox Talbo… Per mitjà de l’ús d’elements precaris, ens interessa l’empremta i la seua perdurabilitat en el temps; una recerca per capturar en un paper la fugacitat d’un material eteri. Es ven fum.”

 

Ramón Urbán. En 2013 l’artista va fer un pas més en la seua investigació plàstica, tot abandonant en part els treballs amb la forma del cercle i arribant a endinsar-se en un paisatge nou. Els va titular “Paisatges… en trànsit”. Fustes superposades amb una geometria estudiada, però sense deixar la part de “gest”, on matèria i suport es troben acoblats i formen un únic conjunt. Ramón Urbán reconeix que en les seues obres conviuen “callades arqueologies, ombres de silencis ancestrals que desprenen misticisme, serenitat, bellesa…

 

Salvador Victoria. L’esfera com a forma perfecta, com a figura geomètrica de l’etern, estarà present en l’obra de Victoria durant més d’una dècada.

La formació humanística d’aquest pintor queda plasmada en les seues inquietuds pictòriques. Els colors amb les seues transparències ens ofereixen una contemplació serena. L’esfera suspesa en l’espai conté al seu interior el gest contingut de la brotxa, i tot això emmarcat dins del quadrat, com “un quadre dins del quadre”.

La pintura de Salvador Victoria beu del lirisme informalista més colorista i alegre. La seua obra destaca pels colors apastelats, tons taronges, blavosos, grocs; colors càlids i freds en conjunció. Aprofundeix en l’abstracció, tot incorporant en la seua obra cercles, tangents, secants, geometries envoltades per una nebulosa de pinzellades suaus i dinàmiques, cosmologies que evolucionen cap a recerques subtils de l’espai.

En la seua última etapa, de geometries àuries, potser la més lírica de totes, s’ocuparà de la temàtica còsmica. Per mitjà de l’esfera mostra tot un món ple d’espais infinits, de colors difuminats i veladures que transmeten harmonia i sensació de tranquil·litat.

 

José María Yturralde. En 1995 comença la sèrie dels Eclipsis, caracteritzada per la  investigació plàstica de la llum i la forma del quadrat, però en aquesta ocasió no es tracta d’un quadrat exacte, sinó una forma quadrada a l’estil de Malévich, en què les parets verticals són menors que les horitzontals i que, a més, es mou. La sèrie dels Eclipsis no serà desenvolupada i completada fins uns anys més tard, i es quedarà tan sols en un conjunt d’esbossos.

La sèrie Postludis, que comprén des de 1998 fins a 2007, és una continuació de l’evolució lògica de les dues sèries anteriors, denominades Preludis i Interludis. Partint d’un estudi profund de la forma geomètrica del quadrat i la seua interacció amb el color en els Preludis, va desembocant cap a una obra en què la llum i el color, equivocadament interpretat com a monocrom, hi són els únics protagonistes, i així s’arriba als Postludis.

Com en un big-bang cromàtic, els Postludis d’Yturralde se’ns presenten com superfícies pictòriques en expansió, on ha deixat d’existir l’estructura sustentadora, amb absència de quasi tot. Però no és el buit, la matèria està ací perquè la llum hi és present, i la llum, que és energia, pot transformar-se en matèria.

 

Jesús Zurita. En la seua producció estan presents el dibuix, la pintura i la instal·lació, aquesta última denominada per l’autor “pintura mural”. Hi ha qui ha vist en les obres de Zurita una narració, on l’artista ens ofereix uns pocs elements recognoscibles i són els espectadors els que els uneixen i creen una història, diferent per a cada un de nosaltres. Jesús Zurita defineix la seua obra com “cròniques del que sospite ha sigut i serà, amb el som al mig. Com un cigró que aconsegueix la singularitat d’un forat negre; inversemblant, estúpid i irrellevant, però sé què ha ocorregut. I ocorrerà”. En el llenç Una altra podem veure una Anunciació, amb els rajos provinents d’un creador que, entre magmes de color roig, fa sorgir la natura pura, verda i lluminosa.

Javier Martín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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