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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
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Ars Citerior

Leguey. Compartimentos estanco

Exposición de Leguey en la sala de exposiciones de El Campello




Compartimentos estancos


Desde hace ya tiempo, Leguey nos tiene habituados a una fragmentación del relato dentro de sus collages, llenos de imágenes encontradas de manera no siempre consciente.
Los personajes, insectos y objetos arquitectónicos, procedentes de enciclopedias y de viejos periódicos, son recortados y ensamblados conformando una nueva interpretación, al encontrarles un diálogo no existente hasta ese momento. El
resultado final es una imagen llena de plasticidad, que hace que el espectador llegue a plantearse vitales porqués.
En las obras de Leguey hay imágenes que nos hablan de recuerdos, como en La Tardor, con personajes circenses portando un juego de formas esféricas. También el collage Sin salida, donde detrás de una celosía percibimos a personajes flotando y cayendo en el vacío, imagen frecuente de los terrores infantiles de una pesadilla nocturna. Pero además en esta pieza distinguimos, ya con mirada de adulto, en su parte superior la sensación de vacío espiritual y en la inferior terrenal, con ese laberinto que no lleva a ninguna parte.
Las inevitables perdidas producidas por el paso del tiempo, nos hacen aflorar miedos que llevamos en nuestro inconsciente, como vemos reflejado en la obra Retrato de familia.
También está presente en varios de los trabajos realizados para esta exposición la relación del hombre y su entorno industrial: en el Juego (El sueño) las imágenes pulcras y danzantes de dos figuras humanas, de clásicos cánones, nos muestran la liberación ante una sociedad gris y de masas.
Las construcciones laberínticas, de muros totalmente lisos con una disposición ortogonal, nos hablan de búsqueda y de aislamiento, pero nunca de pérdida y desorientación. El personaje implantado dentro sabe perfectamente donde se encuentra y lo que está haciendo: reflexionar sobre qué camino elegir.
Sus collages, montados a modo de compartimentos estancos, me evocan la obra del poeta Isidoro Ducasse, conde de Lautréamont, para quien vivir significaba la progresiva destrucción de la inocencia, lo que conlleva al dolor de la existencia
y desencadena una lucha del hombre con el mundo que le rodea y ahoga. Para los dos existe una lucha constante contra lo que es falso y artificial, con una realidad en sus relatos, pictóricos en uno y literarios en el otro, que en ocasiones humilla al hombre. Los insectos, batracios y reptiles están muy presentes en la obra plástica de Leguey y en los poemas de Ducasse. Son especies inferiores y con poder de  mutación, que pueden llegar a parasitarnos cuando dejan sus compartimentos estancos e invaden la parcela que habita el ser humano.
A pesar del sufrimiento, la belleza está siempre presente en las obras de Leguey. Como decía el poeta de Los Cantos de Maldoror: “Bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección”.

Javier Martín.
Curator.
Agosto, 2012


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