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Pedro Muiño: Del diccionario de la taumaturgia

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Pedro Muiño: Del diccionario de la taumaturgia

Centro Municipal de Exposiciones de Elche

Del 13 de diciembre al 16 de febrero

Inauguración 13 de diciembre a las 20h

 

Texto catálogo

 

Artem pingendi o el arte de pintar

 

                            Como consecuencia de la pobreza de la vida moderna, nos encontramos con la extraña   circunstancia de que el arte nos parece más interesante que la vida.

                                                                                  Robert Mortherwell

                                                                               Statement, 1944, Partisan Review, XI, 1

 

 

En 2005, y tras doce años trabajando en series más luminosas y matéricas, entre ellas las Series de las Geografías, de las Obsesiones o de los Territorios..., el pintor Pedro Muiño empieza a vislumbrar el final de una etapa y el comienzo de otra, sin saber qué derroteros tomará ni el nombre que le adjudicará. Pero ya ve que se interesa por los tonos grises y negros en vez de los rojos, amarillos y naranjas de las series anteriores. Los cambios son lentos, y durante un tiempo las dos series conviven. En la presente exposición podemos observarlo en el lienzo De los desvelos de un taumaturgo IV (2006), con una iconografía de la etapa que se cierra, pero con un tratamiento formal de la que comienza: la agonía de lo que se va y la ilusión que genera lo nuevo.

Entonces el negro se hace presente con toda su solemnidad y exquisitez, un negro aterciopelado sobre el que flotan diferentes figuras geométricas, morfológicas o simplemente trazos de gesto contenido, sobre unos lienzos en la mayoría de los casos de pequeño formato. No tardó el autor en darse cuenta de que el mejor nombre para bautizar la nueva producción no podía ser otro que Pinturas Negras.

 Pedro Muiño ya había incorporado con anterioridad el color negro a sus telas en la serie Del diario de un obseso (1993) o en El quebranto (1996). En su composición el cuadro está dividido cromáticamente en una pequeña zona superior de colores amarillo-ocre y una amplia zona inferior de color negro. La técnica utilizada es el grafito con elementos esgrafiados e iconografías curvas que desaparecerían en series posteriores.

 Al igual que a los admirados pintores del Renacimiento, en estas obras de fondo negro le preocupa la luz y la perspectiva. Pero así como en los frescos y tablas de Masaccio, Andrea de Giusto, Ghirlandaio o Carpaccio. no se puede determinar de dónde procede la luz que ilumina todo el territorio en que habitan los personajes, en Muiño la luz está concentrada en el motivo central de la composición, dejando el resto del espacio en una leve penumbra.

 En las Pinturas Negras, Muiño resuelve la perspectiva con el juego de planos plegados, las finas líneas rectas ascendentes y los horizontes trazados en el fondo oscuro, pero se trata de una perspectiva no ortodoxa, al usarla de manera aleatoria para que funcionen los elementos de la obra. Son composiciones de superficies planas con una perspectiva falsa, donde las manchas-icono se encuentran suspendidas en el lienzo.

La serie Pinturas Negras, realizada entre 2006 y 2013, está dividida en ocho grupos con nombre propio y dentro de cada conjunto las obras están ordenadas por numeros romanos.

En 2006 agrupa sus obras bajo el título genérico de Del diario de un noctámbulo. En las numeradas como VIII, IX y XIX, apreciamos la aparición de un nuevo elemento fusiforme, a modo de músculo en forma de huso, icono que permanecerá en las series de los años siguientes. También la presencia de una especie de guía cromática hace su aparición en las numeradas como XV y X; en esta última, junto a formas de morfología que nos podrían recordar a seres en evolución, se encuentran bandas cromáticas perfectamente alineadas, como mensajes cifrados que nos descubren la clave de su genoma.

Entre 2007 y 2009 titula sus lienzos como Del diccionario de los silencios. En el V apreciamos unas formas que nos refieren a los personajes que pintara el también pintor gallego Eugenio Granell, y que nos recuerda que Muiño también mostró un interés por el surrealismo en años precedentes. Con el número XXV volverá, en 2009, al tema de la naturaleza muerta, ahora con reminiscencias del gran maestro Zurbarán, tan admirado por nuestro autor. En esta serie Del diccionario de los silencios, a pesar de ser mayoritariamente de formato 50 x 70 cm, va realizando lienzos un poco mayores, de 81 x 100 cm.

En 2009 comenzará la serie Del diccionario de los quebrantos, que prolongará hasta los primeros meses de 2010. En ella, la complejidad y los elementos aumentan, agrupándose en el centro del lienzo,  las formas y el rigor geométrico se hacen más patentes. El tamaño del lienzo crece considerablemente, llegando a 97 x 130 cm, sin perder el equilibrio de la composición.

Entrado el año 2010 comienza la serie Del diccionario de la taumaturgia. En algunas obras apareció de nuevo un estallido de color en el fondos (nº XVIII); en otras, una forma geométrica tridimensional en colores grises domina la composición, con rasgos de cierto constructivismo ruso de los años veinte y treinta (nº XVI y XVII). La naturaleza muerta vuelve a aparecer en la nº XIII al dotarla de una profundidad por la presencia de los tres planos, a modo de los bodegones de Sánchez Cotán. También están presentes en algunos lienzos de esta serie unas manchas de colores  naranja, verde o gris, pero en palabras de Muiño: “no se trata de una pintura gestual, aunque utilizo el gesto para realizar el icono”. Vacío y luz son los dos parámetros que más le preocupan al pintor en estas composiciones.

Si queremos buscar unos referentes claros en las obras de estos años de Muiño, tenemos que fijarnos en  pintores como Giorgio De Chirico o Carlo Carrá, en la pintura metafísica que rompe con el dinamismo del futurismo para volver su mirada al quietismo clásico, siendo a la vez la antesala del surrealismo. El carácter onírico, las perspectivas imaginadas, la factura de la pintura con rasgos academicistas y el desplazamiento desde lo objetivo a lo subjetivo, son puntos comunes entre los metafísicos y en Muiño.

Cronológicamente la siguiente serie realizada, en 2011, es la Del Diccionario de un alquimista. La característica común a toda ella es el cambio de luz en sus fondos planos y limpios, la geometría más marcada que en series anteriores y la aparición de la gama de los verdes (II), y en algunos casos la presencia de un trompe l´oeil (XII).

La serie más reciente de su producción lleva el nombre De la Geografía de los desvelos (2012). En ella continúa con los fondos planos y grises, pero en los iconos existe una ampliación cromática dentro de la gama del naranja en el I y la aparición de los verdes y la mancha “gestual” en el V.

Una de las posibles divisiones a establecer en el arte actual es entre el “expresionismo gestual” frente a la “pintura estética”. A ésta se refirió el pintor y grabador Antonio Lorenzo como “el sitio que corresponde a la pintura abstracta que aún no está arrepentida de sí misma”. Y a ella pertenecen las Pinturas Negras que Muiño nos ofrece en esta exposición. El pintor se preocupa de que no se aprecie la pincelada en su fondo negro, de que las finas líneas sigan una dirección concreta para marcar los diferentes espacios, y de que la tensión de la formas esté en equilibrio. Fernando Zóbel dijo: “De tensiones vive el arte y de distracciones muere”.

Pedro Muiño posee el don de la ubicuidad, pues encerrado en su estudio pinta lienzos de una abstracción actual, pero sospecho que su mente en muchas ocasiones se desplaza a otro tiempo, otro lugar. Tal vez las villas toscanas del primer Renacimiento, quizás pintando los frescos de la capilla Brancacci a las órdenes del maestro Masaccio, pues su preocupación pictórica sigue siendo la misma que la de aquellos grandes hombres del Quattrocento: crear belleza para deleite de los que amamos la pintura.

 

Javier Martín

Septiembre, 2013.

 

 

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