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Entrega número 48
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Farreras a Elx

Francisco Farreras expone en el Museu d'Art Contemporani al cual cede una obra de gran formato

El Museu d'Art Contemporani d'Elx acogió ayer la inauguración de la exposición "Farreras a Elx" del pintor catalán Francisco Farreras. Un acto que contó con la participación del propio autor, la concejal de Cultura Ángeles Candela, y Alfonso de la Torre, conservador de la colección Pilar Citoler y escritor de arte.Entre las obras expuestas se encuentra una pieza de gran formato que Farreras ha donado para su exposición permanente en el museo. La exposición permanecerá hasta el 18 de diciembre en la planta baja del museo y acogerá, aparte de la donada, una pequeña muestra de otras obras del autor compuesta por las que ya disponía en la sala y otras cedidas para la ocasión. El objetivo la exposición es que el público ilicitano conozca la adquisición de obra por parte de la sala museística.

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Francisco Farreras por Javier Martín

Francisco Farreras por Javier Martín

 

Francisco Farreras (Barcelona, 1927) es un pintor (no “artista”, término que no le gusta) que pertenece a una generación con una capacidad de trabajo inagotable. Como a otros compañeros de viaje, en los inicios de la abstracción en nuestro país, allá por los años cincuenta, se podría decir que a Farreras la inspiración siempre le ha encontrado trabajando.

Pese a no estar directamente vinculado a los tres grandes hitos de la llamada vanguardia histórica española: Dau al Set, la Escuela de Altamira y el grupo El Paso -con el que mantiene una mayor vinculación conceptual-, Farreras es miembro de pleno derecho de dicha vanguardia.

Si la característica que aúna a sus miembros es la incursión en las distintas corrientes del informalismo –aunque en raras ocasiones como único elemento y menos aún de forma puramente irracional, a lo action painting-, la obra de Farreras desde sus inicios ha sido una feliz experimentación entre los valores informales -gestuales y nuevos materiales-, con una composición fuertemente constructivista.

Sus obras, siempre sin título, abarcan desde sus papeles de seda pegados sobre tabla hasta los relieves de madera, que tanto le han caracterizado, pasando por sus murales o sus apreciados collages.

Farreras, persona coherente, resolutiva, sincera y fiel con los demás y consigo mismo, ha pagado el peaje que se le impone a todo artista que no comulga con ataduras comerciales. Sólo él se marca su propio ritmo de trabajo y emplea en cada obra el tiempo necesario hasta que la considera concluida.

Siempre metódico, continúa hoy -a sus ochenta y dos años- su trabajo intelectual y manual. E insistimos en el adjetivo manual ya que teniendo en cuenta los materiales que usa (maderas, cordeles y clavos) y las herramientas que utiliza, no cabe duda de la importancia del trabajo manual en la realización de su obra, trabajo que requiere de un esfuerzo físico que Farreras prefiere seguir haciendo solo, sin ayuda de nadie. A pesar del aspecto pulcro de su estudio, que puede dar la sensación de desuso al visitante, sigue siendo un taller en plena actividad, como lo demuestran los relieves que se pudieron contemplar en el stand monográfico que le dedicó Feria DeArte (Madrid) en febrero de este año 2009.

Lejos quedan ya los años cincuenta, cuando la abstracción geométrica era un camino de tránsito hasta el encuentro con la que sería su trayectoria definitiva. En esos primeros años, Farreras realiza diversos murales públicos en diferentes lugares de España, entre ellos en Alicante. Al final de la década, su interés por las arenas y lo matérico, que le descubren mundo de formas y texturas prácticamente inagotable y desconocido hasta ese momento, es el origen de una evolución en su trayectoria. De ahí pasaría a experimentar con el papel de seda blanco sobre tabla en negro, elemento éste, el papel, que se constituye en protagonista de la obra y que le sirve para realizar el llamado “gesto”, tan característico en la plástica española del momento. En esta época produce un gran número de collages que le dan a conocer en el extranjero, realizando exposiciones como la de la galería Bertha Schaefer de Nueva York.

Tal vez, el cambio más importante ocurre en 1984, con sus coudrages monocromos. La utilización de maderas y telas cosidas proporcionan  un volumen a sus obras que hasta entonces no existía como realidad palpable. En palabras del propio pintor “pienso que esta nueva experiencia, más que un cambio o ruptura con relación a mi etapa anterior, responde a una evolución natural y coherente por cuanto ya venía insinuándose en mi último periodo de collages” (1).

Tras esta etapa de experimentación, en 1987 pasa a trabajar con materiales como el cartón y la madera. Ésta última es la gran protagonista de los denominados “relieves de madera”, realizados durante muchos años con materiales de derribos como mesas tocineras, tablas de lavar y hasta unas cajas que en su día servirían para embalar de escopetas. Todo esto en manos de Farreras pierde su identidad, se descontextualiza, para convertirse en un ensamblaje con rasgos propios. Los relieves se caracterizan por el contraste entre zonas claras y oscuras, lo que les da un aspecto mágico. La técnica utilizada es muy variada. A menudo, la madera es la pieza principal de la obra, la que va dirigiendo los siguientes pasos, sin boceto previo; en otras ocasiones, hay que tratarla, mojarla para darle forma y, debido al abigarramiento de algunas composiciones, hay que pintar las partes por separado y, luego, ensamblarlas en un todo. Es un trabajo lleno de tensiones y fuerzas, como si cada pieza usada buscara su propio espacio estable. El resultado de todo ello es la armonía y sutileza  que desprende cada uno de estos relieves. Si hasta 1988 alternó estos trabajos con los collages, posteriormente iría abandonando esta última técnica.

Con el cambio de siglo, Farreras sigue evolucionando. En determinados momentos abandona los colores tostados de la madera, que sustituye por unos tonos claros, casi blanquecinos, con superficies despejadas y limpias. A veces, utiliza sólo dos maderas, que une entre sí por cintas gruesas o cuerdas que emergen y vuelven a sumergirse en el plano.

En los trabajos de este pintor, prima el orden como elemento primordial del planteamiento estético. El cuadro no es ya sólo los elementos con lo conforman y sus valores poéticos,  ni siquiera la relación compositiva que existe entre ellos, es ante todo y, siguiendo el modelo clásico, proporción, proporción y proporción en la medida del hombre y, por tanto, representativa de toda la reflexión llevada a cabo en su larga trayectoria Sólo tenemos que disfrutar de esa sensibilidad que el autor ha sabido darle  a estos materiales, que poco importa lo que fueron antes de estar en las manos de este extraordinario pintor.

 

 

Javier B. Martín

2009

 

(1) Francisco Farreras, “Coudrages”, 1984, Catálogo Galería Theo, Madrid

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