EXPONE: OLGA RODRÍGUEZ

    EXPONE: OLGA RODRÍGUEZ

    Por Javier Martín

     

     

     olga rodriguez expone

    Olga Rodríguez Pomares

     


    La serie Marmoris. Transitar en el alma del mármol se ha expuesto en el Museo Teatro Romano de Catagena a principios de este año. La muestra es el resultado del trabajo realizado durante varios meses en un viaje realizado por la artista a la Toscana, en una estancia de investigación en la Academia de Belle Arti di Carrara. Como resultado, las obras de Olga Rodríguez Pomares hacen referencia a la historia y cultura de un lugar, imágenes del paisaje y la arquitectura que se fusionan por medio de diversos procesos y tratamientos superficiales con la materia pétrea propia de esa misma zona, en este caso, el mármol de Carrara. Una vuelta al pasado, a los materiales naturales y duraderos, ahora con un lenguaje contemporáneo, donde la artista expresa su contacto con la fuente natural, la piedra, pero también con la imagen elaborada.



    olga rodriguez expone

    Le Porte I. Mármol blanco de Carrara,
    imágenes del libro Michelangilo architetto,
    transferencia. 29,5 x 20,5 x 8 cm.

     

    ¿A qué se debe el título de la exposición: Marmoris. Transitar en el alma del mármol?

    El título se podría decir que es fruto de una larga y tendida conversación con los comisarios de la exposición, y considero que a día de hoy, no podría expresar mejor la esencia de la exposición anunciando en forma de eslogan su contenido, un fiel reflejo de las condiciones del entorno, el Teatro Romano de Cartagena.

    Marmoris, es un término que nos transporta al pasado y nos pone en contacto con la piedra noble, el marmor lunensis, en la Antigüedad, protagonista y soporte básico de esta exposición, pero también nos evoca necesariamente a la cercana ciudad portuaria deLuni, punto estratégico para el comercio y transporte del material desde las canteras de Carrara, pero también fuente de inspiración, donde encuentro e interacciono con ese paisaje alterado, con la naturaleza desgarrada,… Subrayando la relación del título de la exposición con este magnífico contexto, Elena Ruiz Valderas, directora del Museo Teatro Romano de Cartagena, arqueóloga de formación, con una amplia trayectoria y experta en arquitectura clásica romana, escribe con gran elocuencia: “Precisamente en ese mismo mármol se elaboró en tiempos de Augusto el programa ornamental y decorativo del Teatro Romano de Cartagena... Así de las mismas entrañas de las canteras de Carrara, donde salieron los bellos capiteles del teatro romano y muchas grandes obras del renacimiento, emerge la obra de Olga Rodríguez Pomares con ese viaje al mármol blanco aprovechando sus texturas, huecos e irregularidades”

    La belleza de las “catedrales de mármol”, con el mármol blanco, me sedujo, y allí fue donde encontré el material más idóneo para cada obra, respetando su memoria latente en sus manchas, colores y texturas, fisuras y cortes, huellas y pátinas naturales, que respeté como cicatrices de un pasado al que pertenecieron. El hecho de poder ir a las canteras y elegir de primera mano los bloques, fue una relación tan directa como mágica, que todavía considero una utopía, y desde aquí, aun me visualizo, plantada, inmóvil, frente a ellas, observando.

    Viajar siempre es interesante y la Accademia di Belle Arti de Carrara ha sido mi destino favorito en los últimos años de formación y creación artística, para contemplar de cerca los procesos teóricos y experimentales. Por otro lado, tuve la posibilidad de visitar museos, galerías y ferias, saboreando desde el renacimiento hasta las nuevas tendencias, y como de forma muy hábil comenta Jose Luis Martínez Meseguer curador y crítico independiente de arte actual: “A la manera de Kavafis, Olga Rodríguez se plantea su recorrer artístico como un viaje, largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. Siempre con Ítaca en su mente. Llegar allí es su destino. Más no apresura nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, vieja ya, en la isla, enriquecida de cuanto ganó en el camino”.

    La propuesta en sí es un transitar en el alma del mármol, un viaje a la cuna ancestral, desde donde inicio mi peregrinaje hacia el interior de mi ser y mi voluntad. Formas pétreas en proceso y renovación, tan importante éste como el final, un continuo viaje, que en la actualidad sigue en otras latitudes, hoy en Cartagena, en presencia de la arquitectura romana, cohabitando y conversando con la piedra antigua, pero ofreciendo una propuesta personal y contemporánea.


    ¿Cómo plantea esta exposición?

    El proyecto expositivo parte de una estancia de cuatro meses en la Academia di Belle Arti di Carrara con una beca de investigación para el desarrollo de una parte de la Tesis Doctoral. Es una propuesta personal, una vivencia que guardo en la memoria y que evoca el encuentro con el paisaje y la arquitectura de la bella Toscana. Se trata también de un trabajo de investigación y estudio del mármol y su comportamiento frente a diversos procesos y tratamientos superficiales.

    Juan García Sandoval, comisario y presidente de la Asociación de Críticos de Arte de la Región de Murcia, nos habla de la exposición y de varios aspectos esenciales de la obra relacionados con el viaje, la memoria, la huella, el tiempo,..:“La exposición se compone de diversas esculturas, y se completa con una serie de fotografías del paisaje de la Toscana, que nos muestra la forma de concebir su Arte, que a modo de huella, recoge experiencias y recuerdos del viajarse de la artista, como diría Doña Emilia Pardo Bazán en este sentido, del papel que juega el viaje en la formación del artista y por la traza que imprime a su personalidad. Rodríguez Pomares, como antaño los hijos e hijas de la nobleza europea, que desde el siglo XVII se marchaban a Italia para conocer las rutas clásicas, hace su particular Gran Tour, es un viaje iniciático a su interior, y donde ella nos muestra otro lado, su ser y su entorno creativo, donde nos vislumbra el alma del mármol, su alma atrapada en la talla, a través de bocetos y la memoria visual, donde dota a las esculturas de lirismo, y que recuerda a Albert Camus en su viaje por Italia, La Belleza, que ayuda a vivir, también ayuda a morir”

    Siempre me ha interesado la arquitectura y contemplar de cerca las grandes edificaciones de piedra, con un sinfín de bellos elementos ornamentales, construcciones de diversos estilos y órdenes, y en Italia me mimetizo con el paisaje y monumentos renacentistas en una experiencia vital. Hay tantas técnicas y procedimientos asociados a la arquitectura, que siempre me ha parecido muy interesante remar a su favor en el largo camino de la formación. He sentido una gran admiración y veneración por el mundo de la arquitectura, fundamentada por una relación en el ámbito laboral y de la Universidad, en la colaboración de varios proyectos y contratos de investigación, o con el mundo de la restauración o de la cantería, dónde del bello oficio he aprendido los secretos de la talla. Soren Peñalver, persona muy querida y mejor poeta, de Murcia, nos comenta reavivando sus relaciones y preferencias con la escultura: “Olga Rodríguez Pomares, mujer de apariencia botticheliana, sonrisa y movimiento dinámicos, es una viajera al centro mismo de la materia, de la tierra. Es el volcán latente, o el volcán extinto y solidificado en piedra, Olga busca el ánima y el misterio del tiempo, y la “letanía de un pasado”, una escala sólida y pulida, dispone “los reflejos de luz blanca” que animan su obra (según los conceptos poéticos de alguien muy cercana a ella: Trinidad, su hermana mayor)”.

     

    ¿Podemos decir que es una serie compuesta de paisajes surgidos de la mano del hombre?

    La serie que se expone en el Museo Teatro Romano de Cartagena es una muestra de escultura donde el mármol y la arquitectura se conjugan, donde el orden y la planificación estética y formal del proyecto de una obra tan hermosa como Santa María Novella de Florencia, dialoga con el relieve y la morfología, el caos y la irregularidad de la materia pétrea. Conceptos que se relacionan y contraponen para expresar un viaje, donde se respira el aire y la poesía del renacimiento y un encuentro con los grandes maestros. Un transitar en el alma del mármol que hoy continúa en Cartagena, en presencia de la arquitectura romana, conversando con la piedra antigua.

    Con la necesidad de un estudio sobre un pasado pleno de esplendor, riqueza y sabiduría, se ha recurrido a bibliotecas y libros, para recabar información, dibujar y bocetar el proyecto, y como dice Elena Ruiz Valderas: “La piedra actúa en su obra como soporte perdurable, pero también como lienzo perfecto para transferir imágenes que reflejan emociones y sensaciones de ese personal cuaderno de viaje de la artista por las ciudades y pueblos de la Toscana. Arcos, capiteles y columnas, puertas y ventanas a veces con bocetos de Miguel Ángel, otras con proyectos de Andrea Palladio o Brunelleschi se convierten también en documentos plasmados en piedra”.

    Un trabajo personal y profundo, donde reflexiono sobre la naturaleza y el orden arquitectónico, donde aprendo de los sabios del lugar la técnica y el oficio en un viaje a la quimera del arte, donde aquellos que creemos en la magia del mármol blanco y nos dejamos seducir por sus encantos, permaneceríamos para siempre a su lado. Una relación espiritual que escapa a mi voluntad.

     

     

     

    olga rodriguez expone

    San Pietro. Mármol blanco de Carrara,
    imágenes del libro Michelangilo architetto,
    transferencia. 19 x 18 x 12,5 cm.

     

     

    ¿Cree que el Museo del Teatro de Cartagena es el lugar más óptimo para un dialogo de su obra con el entorno arqueológico?

    La exposición en el Teatro Romano de Cartagena ha contado con un entorno inigualable, donde la arquitectura romana en la sala le ha concedido un carácter excepcional a la muestra, al establecer un diálogo entre las piedras antiguas y las obras contemporáneas, entre la historia y la memoria arquitectónica del mármol.

    En ocasiones, la crítica o el espectador, al referirse a la obra de Marmoris, han encontrado nuevas lecturas, vínculos y afinidades con otras disciplinas, y en ese acercamiento a la obra de arte, han hallado otras formas de percibir, renombrando la serie con títulos como Arqueologías de piedra, Arquitectura arqueológica, Ciudades de piedra, La Memoria del mármol, ... Por un lado, es la consecuencia de la evidente presencia de la historia clásica y renacentista en la obra, y el encuentro y descubrimiento de la arquitectura de la Toscana. En otras ocasiones, se le ha atribuido el término non finito, como lo llamaban los italianos, por la idea de respeto hacia la memoria del mármol que existe en las piezas, latente en sus fisuras, cortes, marcas, huellas, señales…, que no elimino sino incorporo como parte de la obra. De esta forma, valiéndome de los efectos del tiempo y la geología, o conservando la propia forma natural de la piedra, herencia de su génesis, morfología o procedencia, para la conformación del soporte escultórico.

    Por otro lado, en el estudio del material y su comportamiento frente a diversos procesos y tratamientos superficiales, el mármol cambia su aspecto con técnicas como la transferencia, policromía, grabado, talla, etc., pero también la imagen reviste la piedra, y le otorga un alto valor simbólico, convirtiéndose en un documento. A su vez, el dibujo, la imagen o la fotografía se materializa y adquiere un aspecto tridimensional, sirviéndose del mármol que, conservando su identidad, se convierte en edificio, monumento, paisaje, resto arqueológico,…

    En la Tesis doctoral se ha abordado la capacidad expresiva del “non finito” en varias ocasiones. Ya en el Renacimiento, nos interesa de forma muy especial la obra de Michelangelo Buonarroti y del culto a lo acabado en contraposición al inacabamiento expresivo del “non finito”. En la obra de Michelangelo nos han interesado aspectos como el hecho de que la obra inacabada no sólo se debía a razones técnicas sino a otras pertenecientes a la subjetividad del propio artista. Bajo mi punto de vista, Michelangelo realizaba un proceso creativo continuo, ya fuera frente al modelo o la pieza definitiva. Juan García Sandoval nos comenta refiriéndose a Marmoris: Una propuesta a modo de un álbum de recuerdos, un viaje vivido, el viaje de la vida, el camino de la memoria, es como sumergirse en otro mundo, en otro tiempo, donde la escultora conserva experiencias de museos y archivos; son encuentros desde la contemporaneidad. Es una relación de intercambio, de préstamo e hibridación cultural… A veces son obras non finito, ya que expresan lo que nuestra artista quiere formular, sobre ellas se posan los dibujos, sobre las formas pétreas en el continuo viaje en proceso, tan importante éste como el resultado final, donde la escultora le da palabra al tiempo”

     

    ¿Considera que hay buenas colecciones privadas en nuestro país?

    Sí, en España hay buenas colecciones pequeñas, conocidas, porque habrán otras que permanecen en el anonimato y, grandes, de menor número. Tengo que reconocer que no estoy muy instruida en el tema, imagino que es porque considero que las obras de moda que se compran o de las cuales está más pendiente la crítica, desafortunadamente, no suelen ser de escultura sino de pintura, también es verdad que en las galerías, salas de arte y museos, se expone más la pintura que la escultura, también es menos complicado y más cómodo. Creo que no es un arte propio de colección, y si hablamos de escultura contemporánea, considero que la falta de bagaje en el entendimiento y aprendizaje del arte, se acentúa, siendo incapaces de percibir.

    La escultura, como el arte en general, cambia continuamente y para percibirlo, hay que experimentar en el universo de la representación. Centrándonos en la multidisciplinariedad de la materia, su relación con el espacio tridimensional, las posibilidades formales aumentan, y con ello la necesidad de una formación específica artística. Los materiales de todo tipo proliferan, los lenguajes abren ventanas, apareciendo las gasas, el papel, el aire, el plástico, el helio,… En la entrevista que me hizo Pedro Soler, periodista, y experto y estudioso del mundo del arte, en el periódico la Verdad de Murcia, en el mes de marzo de este año, le comentaba que es cierto que esta propuesta puede descolocar a aquellas personas que no conozcan nuevas tendencia artística. Pero considero que ha sido muy enriquecedor el haber tenido varios registros, trabajar con varios materiales y técnicas, con estilos diferentes, en ocasiones, más figurativos o clásico, o utilizando otros lenguajes más contemporáneos. La escultura te ofrece muchas posibilidades y la curiosidad otras tantas. El mármol posee calidades inmejorables, lo he trabajado con herramientas tan clásicas como el trépano o el aparato de puntos, para crear rostros o cuerpos con un estudio exhaustivo de la anatomía más pura, pero a veces, en el propio proceso creativo, siento y percibo que las texturas y huellas creadas por el tiempo son en sí obras de arte. Cada obra responde a una historia, y siempre he pensado que el miedo al bloque de mármol no existe.

    Por nombrar alguna de las colecciones más conocidas y dónde la escultura tiene una cierta relevancia, sería la de la familia Thyssen-Bornemisza, fondo artístico adquirido por el Gobierno español en 1988, ubicada como bien sabemos en el edificio histórico del Palacio de Villahermosa. En su colección podemos encontrar escultura del siglo XX (vanguardias y arte europeo del siglo XX), y cuatro esculturas de mármol de Auguste Rodin, pero las únicas esculturas contemporánea que se muestran se debe a exposiciones temporales u otros eventos como la escultura de Doris Salcedo, que fue expuesta en el Museo en 2015, dentro del programa “Obra invitada”.

     

    olga rodriguez expone

    Olga Rodríguez Pomares. Sala de la Muralla, Museo Teatro Romano de Cartagena

     

    Entrevista realizada a Olga Rodríguez Pomares por Javier Martín en mayo de 2016.

    Imágenes gentileza del artista.

     

     

     

     

     

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