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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
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Entrevista 10+UNA a Venancio BLANCO

Entrevista 10+UNA a Venancio BLANCO

Por Javier Martín

 

entrevista 10 + una.venancio blanco

Venancio Blanco

(Matilla de los Caños del Río, Salamanca, 1923)

Imagen cortesía del artista

 

La escultura del siglo XX en  nuestro país va unida al  nombre de Venancio Blanco.

Premios y becas le permitieron viajar al extranjero desde muy joven. Entre las segundas cabe destacar la que le concedió la Fundación Juan March en 1959 para una estancia en Italia en la que llega a aprehender en su totalidad el proceso de fundición del bronce.

Formó parte del grupo "Seis Escultores", que supuso, en los años sesenta del siglo XX, una importante aportación a la escultura y una  posterior  renovación de la enseñanza en las escuelas de artes y oficios.

 

entrevista 10 + una.venancio blanco. triunfo

Triunfo. 1989.

Imagen cortesía del artista

 

En 1969, es nombrado profesor de modelado en las Escuela(s) de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid y, en 1975, Académico de Bellas Artes de San Fernando. En 1986, es nombrado miembro correspondiente de la Pontificia e Insigne Academia de Bellas Artes y Letras "dei Virtuosi al Pantheon".

Escultor entre lo figurativo y abstracto, ha trabajado durante más de setenta años sobre dos grandes temas: el religioso, donde coinciden sus preocupaciones estéticas y espirituales con la renovación traída por el Concilio Vaticano II; y la tauromaquia, donde prescinde del detalle y se centra en la búsqueda de las formas con excepcional economía matérica.

Citar también sus bronces en los que consigue fundir el espíritu de una obra musical. En  este campo se incluyen sus homenajes a Falla, Haendel, Haydn y Mozart.

 

entrevista 10 + una.venancio blanco. cristo

Cristo. 2005

Imagen cortesía del artista

 

1. En su sincero trabajo como creador hay una constante presencia del dibujo. ¿Cómo entiende usted la naturaleza y su relación con el mundo contemporáneo?

El mejor de todos los maestros es la naturaleza, y siempre tiene que ver con el mundo contemporáneo, que la entiende en cada momento de distinta forma. Para mí el dibujo es un misterio, algo que te pone en situación de mirar para ver aquello que te propone una realidad. Si sabes dibujar, pocas veces pierdes el tiempo mirando a cualquier parte. El dibujo es entendimiento, incluso de lo que puede ser sorpresa. La belleza siempre va unida a la sorpresa, al dibujo, a la vida. Si quieres gozar la vida, no tienes más remedio que observar la naturaleza y mirar cómo te enseña el dibujo. La idea, hasta que no encuentra la materia, es un hecho mental. Es el dibujo el que elige la materia idónea para que el capricho de la idea –casi siempre la idea es caprichosa- no pierda su sentido.

 

2. Históricamente siempre se le ha ubicado en la nueva figuración, formó parte del llamado “Grupo de los Seis Escultores” que, en la década de los sesenta, se inclinó hacia una representación de la realidad más libre. ¿Qué le aportó trabajar rodeado de estos cinco amigos, teniendo sus talleres puerta con puerta?

Yo he valorado siempre la amistad para entender al hombre, al amigo. Aquella etapa fue un momento precioso. Recorríamos tantas veces los distintos talleres y comentábamos sobre la obra de uno y de otro. Después, tomándonos una copita, gozábamos de la amistad, del lenguaje de cada uno: Jesús era gallego, César asturiano, Joaquín García Donaire era manchego, y el que habla de Salamanca: te puedes imaginar la Torre de Babel… Lo era simplemente por participar desde la personal manera de sentir y de defender lo que cada uno entendía, escuchando por supuesto, con el cariño y la confianza que nos teníamos. Recuerdo ahora el curso de dibujo y escultura en bronce que yo impartía en Salamanca para alumnos de Artes Aplicadas y de Bellas Artes. Nos reuníamos por las noches en tertulia tomándonos una copa, y hacíamos comentarios, había una crítica de lo que cada uno hacía; pero siempre con sentido del humor, desde una confianza, una amistad. La amistad es la única que te permite decirle al amigo: “eso no me gusta”. El sentido del humor es el aliño de la vida; es el entendimiento, la confianza, y también un modo de decir las mismas cosas de forma diferente. Cuanta más seriedad quieras poner para contar algo, si no lo aliñas, es como un cocido sin sal… Mi padre tenía un gran sentido del humor, mucha alegría, y cuando le decíamos: ¡pero qué exagerado eres!, contestaba: “¡corta por donde quieras!”, y te dejaba siempre en el punto justo para continuar, nunca para romper. Ese es el sentido del humor. Como cuando me preguntan los alumnos en Priego de Córdoba. “Don Venancio, ¿cuándo hablamos del baile?”. Baile quiere decir: alegría y al trabajo. Si están trabajando pero yo no les canto la alegría, entonces la echan de menos.

 

3. Aunque diariamente goza la soledad de su taller, a menudo se le encuentra rodeado de personas de todas las edades, en especial de artistas jóvenes o niños que emanan libertad. ¿Qué le aportan estas interconexiones y cómo influyen en su trabajo?

Hablábamos del sentido del humor. También existen las chulerías, que no son ni más ni menos que la destreza en el oficio y el entendimiento de las cosas desde la experiencia, que a los jóvenes todavía no les ha llegado. Entonces puedes permitirte cualquier tontería y decir que eso es verdad. Los listos enseguida te pillan… Es un modo de tomar contacto con el alumno y con la gente, de conocer a las personas, y poder entonces darles tú también tus cosas. Cuando hablas con alguien, primero tienes que darte cuenta de cómo piensa, cómo siente, para contarle lo que pueda entender mejor, y no decirle algo que le pueda molestar, que le pueda herir… El respeto siempre, pero también el cariño.

A los artistas jóvenes les diría que dibujen todos los días y que le dediquen todo el tiempo al conocimiento de las distintas materias, para tener la libertad de poder expresar una idea. Que cada día tengan mayor ilusión.

Los artistas son un regalo del Creador. Y el mayor regalo que el Creador hace al hombre es darle la libertad. Si hay alguna pregunta que hacerte en su momento será cómo has utilizado la libertad. Es la mayor responsabilidad que tiene el hombre.

 

4. La relación de uña y carne con su hermano Juan, ¿cómo le influyó en el dibujo de su vida?

Éramos seis hermanos, Juan el menor de los varones. Todos vivían en el campo menos yo, que iba a pasar con ellos algunos días. Recuerdo a mi madre cuando me decía: “Venancio sal y tráete unas ramas para la lumbre, hace frío”, pero seguíamos hablando… Y entonces volvía a decir: “Manolo (el que me seguía), sal tú”, pero Manolo en ese momento estaba contando cosas también… “Anda Juan…”. Esa era la confianza de la familia, la verdad de la familia.  Efectivamente ellos vivían allí, y al reunirnos todos era una fiesta. Cuando Manolo hacía el servicio militar, yo llegaba a casa y veía siempre un jamón colgado… y me decía enseguida mi madre: “no lo mires, que es para cuando se licencie Manolo”. ¿Hay algo más bonito que esta manera de entender la familia?

 

5. Los que le conocen dicen que lleva consigo un saco cargado de ilusión, ¿cómo se mantiene el saco lleno tras décadas en esta profesión que a menudo azota con viento huracanado?

El saco se rompe cuando una ilusión quiere hacer algo, y entonces tienes que coser el saco, para que las ilusiones no se escapen todas. Pero no hay que cerrarle el saco a la ilusión, no hay que quitarle la libertad, hay que estimularla. Yo hablo mucho de la ilusión… El otro día nos dieron el premio del Club Internacional Taurino, y yo llevaba preparadas unas cosas, que las digo muchas veces. Era oportuno hablar del toreo en esa reunión; también le habían dado el premio a Joselito, un gran torero. El toreo nace de la ilusión, casi siempre de un joven, y de la belleza y la bravura de un toro. Sin ilusión no habría en la vida casi nada. Porque una sociedad, o un mundo redondo lleno de tristeza, sin alegría, ya me dirás…

 

6. Ha dedicado muchos años de su vida a la docencia, con una vocación desmesurada por enseñar y aprender al unísono; uno de sus alumnos me comentó que en sus clases se oye música sin existir sonido y que se aprende a barrer sin levantar polvo antes que a dibujar, ¿qué sabiduría se esconde bajo esta anécdota famosa de Venancio Blanco?

Esa es la primera lección… Había dos primeras lecciones, y a partir de ese momento era ya el grupo de amigos. El curso de modelado en la Escuela de Artes Aplicadas donde yo daba clase no era muy numeroso, doce a quince, por eso se podían hacer estas cosas. El día que llegaban, lo primero que hacíamos era irnos a tomar un café, o una copa de vino si era más tarde. Ahí observaba yo quién sabía tomar el vino, a quién le gustaba, a quién no le gustaba, quién se quedaba con ganas de otra copa para no dársela, a quién había que darle otra copa para saber cómo era… Ahí empezaba la función y el laboro importante del maestro, conocer la materia; como el torero, que primero debe enterarse de la bravura de cada una de las ganaderías. Porque si no conoces la materia, despídete de la obra de arte. Así que nos tomábamos una copita y llegábamos a la clase. Y la primera pregunta que yo hacía a los muchachos era: “¿con qué pensáis que se moja el barro?”. Se miraban unos a otros, como diciendo: este loco… Y se atrevía, casi siempre una chica: “¡con agua!” –“¿Con agua? Con agua no se puede mojar el barro, porque no sale una escultura”. Y se miraban, se quedaban pensando… Ninguno se decidía.  -“¡El barro se moja con vino!”, y nos reíamos todos. A partir de ahí, casi todos los días aparecían el vino y el barro. El pan y el vino nos lo dio el Maestro… Pues yo les daba el barro y el vino. Y luego ya empezábamos a modelar.

La experiencia en la enseñanza la adquieres cuando tú aprendes. Con la enseñanza se aprende de otra manera, porque tienes que estudiarte una lección diferente para poderla explicar. Al final de la mañana, en mi estudio, yo estaba ya deseando que llegasen las cuatro de la tarde para ir a la Escuela. La enseñanza ha de ser una ilusión, que a medida que tú la das, tus alumnos te la devuelven; tú les das veinte, y te devuelven cuarenta ilusiones… Y es ver también de qué modo les enseñas. Todos los alumnos no entienden la misma pregunta, o la misma lección; a unos les hablaba de una cosa, a otros de otra, pero todos deben comprender lo que les dices si el maestro es quien tiene que ser. Me acuerdo de un chiquito que era un poco deficiente, pero tenía una gracia estupenda… y se modeló una cabeza, después de comerse un bocadillo… ¡Se llevaba unos bocadillos…! Y se puso a vaciarla en escayola. Y había también una chica de doce años, a la que no hacía falta enseñarle nada, lo sabía todo, y lo que no sabía lo preguntaba. Y un día me dice: “¡Don Venancio, Don Venancio, lo que está haciendo, lo que está haciendo, venga, venga usted!”. Y fui, y el chaval estaba echando escayola blanca. Y le digo: “¿y la escayola azul?” –“¡Después!”. Primero debe ponerse escayola azul, y después se echa la blanca, de forma que al ir picándola y te aparezca la azul, te indique que debes ir con cuidado. Esas cosas…

Guadalupe hizo luego Bellas Artes y murió muy joven… Me decía: “Don Venancio, ¿qué hago?” –“Lo que tú quieras”. “…¿Un gato?” –“¡Es lo que yo te iba a decir, un gato!”. Y después de un rato en el caballete, volvía: “Don Venancio, ¿quiere usted ver el gato?” –Pero ¿ya tienes el gato?” Y se me pasaba ir a verlo… Y así dos veces. Hasta que ya a la tercera, vino con una cara… “Don Venancio (había cambiado el tono musical…), lo que me tenga usted que decir del gato, se lo dice usted a mi hermana, que yo me tengo que marchar”. Esto es lo que aprendes cuando das confianza a los que enseñas. Pero tienes que dársela,  porque si no, no se atreven. Lo bonito de la vida es la confianza, que te permite ser tú y conocer al otro.

 

7. Desde 1977 es Académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ¿cuál cree que es la función actual de esta institución?

Ser académico te obliga a… ¡a ser académico! La función de la Academia la marcan los grandes maestros. Allí había unos amigos que me eligieron, que me respetaban, que me querían… Para mí es un orgullo ser académico. Pero pienso que por encima de la Academia está la libertad. Uno de los profesores que me enseñó a modelar fue Enrique Pérez Comendador, un gran escultor, un trabajador incansable. La mejor lección que aprendí de él fue el trabajo constante en el taller. Años después de haber terminado ya en la Escuela, empecé a hacer mis cosas, buscando mi personalidad. El día que me dieron la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes, en 1962, con una escultura fundida en bronce, ¡me llamó chatarrero! Mª Pilar, mi mujer, se enfadó un poco… Quise entender que era una manera de quererte. El cariño a veces te lleva a tener un tanto de envidia, pero de envidia sana.

En la Academia nunca he tenido ningún problema. No he intervenido mucho en la sesiones, pero cuando se ha planteado dar algún curso de dibujo, me he adelantado siempre. Y sigo pensando que para un artista ser académico es uno de los galardones más importantes.

 

8. Su pasión por Italia, al principio como alumno y posteriormente dirigiendo la Academia Española de Bellas Artes en Roma, es una constante en sus escritos. Allí disfrutó de hermosos atardeceres, del canto de un mirlo blanco y del dibujo de los antiguos maestros. Ahora, desde la distancia y experiencia del tiempo, ¿qué le aconsejaría a un joven que quiere ampliar horizontes? Y si Venancio tuviera veinticinco años, ¿volvería a Roma?

¡Y con noventa he vuelto a Roma! Hicimos un viaje hace cuatro años con los pensionados y los becarios que coincidieron allí conmigo siendo director de la Academia Española. Después de treinta años volvimos todos. A Roma hay que volver tantas veces como puedas, y no la podrás olvidar nunca. Aquel mirlo que cantaba en el jardín donde estaba mi estudio se vino conmigo aquí. Cuando  llegué a Madrid me recibió con un cántico precioso, a las doce de la mañana, ¡qué cosa más hermosa…! Ese mismo mirlo, cuando ya tenía confianza y yo seguía trabajando a las diez de la noche, y él quería dormir, me cantaba de otra manera: ¡qué bronca! Parece mentira que por el mismo pico salga esa música celestial y también la regañina más tremenda… Yo fui por primera vez a Roma a los dieciocho años, en 1941. Allí descubrí la gran escultura, la verdad de la escultura. Luego me ha quedado hasta los noventa años tratar de hacerla bien, pero eso es otro capítulo… Cuando estuve como director de la Academia fue distinto, el artista no estuvo tan a gusto como cuando iba libremente a los museos a dibujar, o cuando modelaba esas pequeñas tanagras… Pero tuve la suerte de encontrar una promoción de gente estupenda. Todavía, después de treinta y tantos años, nos reunimos todos los años más de una vez, para hablar de Roma, para contarnos aquellas cosas, para reírnos de lo que hacíamos entonces. Yo diría que Roma para mí lo ha sido todo.


9. ¿Qué es la religión para usted?

A mí me enseñaron a rezar de pequeño, y rezando aprendí a dibujar. Y creo que el Padrenuestro es el primer dibujo que puedes hacer cada mañana. Después del Padrenuestro como dibujo, las ideas son más claras. Yo diría que la religión es el arbotante más justo que tiene la vida. Igual que una catedral se mantiene gracias a los arbotantes, la vida necesita esas ayudas, y una de las fundamentales es el hecho religioso.

 

10. Y finalizamos con algo que comienza. ¿Qué puede contarme del proyecto de la Fundación Venancio Blanco? 

¡Muy poco, apenas hemos comenzado…! Hablábamos antes de la ilusión. Es cierto que yo nunca pensé en crear una fundación que llevase mi nombre. En esto la responsabilidad se la traslado a mi hijo Paco, aunque ahora yo tenga tanta ilusión como él y se me ocurran muchas más cosas… Uno de los proyectos que desde hace algún tiempo quiero plantear es un museo del pequeño formato, donde se recoja la pintura, la escultura, la música… todas las Bellas Artes.

Las mejores lecciones te las dan también los niños, otra de mis ilusiones. Los niños tienen la libertad y la inocencia, y esos dos valores, si no se les destruye, encontrarán un día lo que veíamos al hablar del taller. Le comentaba ayer a Nuria, la directora de la Fundación, que podríamos pensar en una escuela para enseñar el dibujo, las Bellas Artes, a niños de diferentes edades. A propósito de de la Escuela de Tauromaquia, Joselito el torero decía hace unos días que la ilusión y la obligación del maestro es enseñar y preparar bien a esos muchachos que comienzan, para que cuando tengan que enfrentarse de verdad con un toro estén preparados.

 

+UNA. Para finalizar, adjunte unas palabras a cada uno de los siguientes nombres o términos:

 

Bronce

La libertad.

Francisco Farreras

Un gran amigo y mejor maestro, un gran pintor.

Novena sinfonía

Hasta que no la escuches para hacer gimnasia, no has entendido el valor de la Novena Sinfonía…

Priego de Córdoba

Sembrar ilusiones y enseñar el oficio desde el conocimiento de la materia. Más de veinte años…

Moza del cántaro

La primera obra que yo hice de piedra y que la tengo todavía.

Taller

Es el espacio donde cobran vida los sueños, volumen las esculturas, color la pintura… y en donde no falta la música.

Torero

Valor, juventud, ilusión.

Elena Colmeiro

Una de las grandes ceramistas contemporáneas, que nació en un terreno abonado.

Museo Tiflológico

Ellos ven con el tacto, y sienten. Con el sentimiento se ven las cosas mucho mejor.

Dibujo

Te enseña a mirar para aprender a ver.

Mirlo Blanco

Es el mirlo que te canta, el amigo que te cuenta, el maestro que te enseña.

 

entrevista 10 + una.venancio blanco.

Encuentro con artistas jóvenes en el taller. 2013.


Entrevista realizada a Venancio Blanco por Javier Martín, en marzo de 2014, con la colaboración inestimable de Francisco Blanco y de Albano Hernández.

Más información:

http://www.fundacionvenancioblanco.es/index.php/m-es-venancioblanco


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