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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
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OTEIZA en la Fundación Museo Salvador Victoria

OTEIZA. El ser estético.  En la Fundación Museo Salvador Victoria

 

Exposición temporal, diseñada en colaboración con la Fundación Museo Jorge Oteiza.
La muestra recoge seis esculturas y 31 dibujos del escultor vasco, fechados en los años 50 del pasado siglo, uno de los periodos de mayor interés en la evolución de la obra de Jorge Oteiza.
 
Exposición del 25 de octubre de 2014 al 28 de febrero de 2015
Inauguración y mesa redonda el sábado 25 de octubre a las 20h. Con la particpación en la mesa de.
 
Jabier Elorriaga, escultor y profesor de la Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea.
Gregorio Díaz Ereño director del Museo Jorge Oteiza, Alzuza (Navarra).
Diego Arribas, director del Museo Salvador Victoria.
 
Fundación Museo Salvador Victoria
C/ Hospital, 13
44415 RUBIELOS DE MORA (Teruel)
Tfno.: 978804034
www.salvadorvictoria.com
Síguenos en Facebook: Fundación Museo Salvador VictoriaNota de prensa

OTEIZA. El ser estético

Fundación Museo Salvador Victoria

Rubielos de Mora (Teruel)

Del 25 de octubre de 2014 al 28 de febrero de 2015

Inauguración y mesa redonda: 25 de octubre a las 20:00 h.

 Nota de Prensa:

El Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora (Teruel) inaugura el sábado 25 de octubre, a las ocho de la tarde, la exposición OTEIZA. El ser estético.

 

La muestra es una colaboración entre la Fundación Museo Jorge Oteiza de Alzuza (Navarra) y la Fundación Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora (Teruel). El primer contacto entre ambas instituciones tuvo lugar en 2010, en un curso sobre la actualidad de los museos desarrollado por la Universidad de Zaragoza en Calatayud. Posteriormente, en el transcurso de las I Jornadas de Museos de Arte Contemporáneo en el Medio Rural, organizadas por el Museo Salvador Victoria en Teruel en 2013, se fraguó la posibilidad de abordar algunas actividades conjuntas, la primera de las cuales es esta exposición que ve ahora la luz, comisariada por los directores de ambos museos: Gregorio Díaz Ereño y Diego Arribas. Es la primera vez que se exhibe en Teruel la obra de Jorge Oteiza, pionero de la escultura contemporánea de nuestro país y padrede la Escuela Vasca de Escultura.

 

La exposición está integrada por 37 obras: seis esculturas y 31 originales sobre papel, entre dibujos, acuarelas y collages, datadas todas ellas entre 1950 y 1958, la década más fructífera en la producción artística de Oteiza. Durante ese breve periodo, el artista vasco despliega un intenso programa escultórico que va desde la aplicación del vacío a elementos figurativos, como los apóstoles de la fachada de la basílica de Aránzazu, hasta la experimentación espacial aplicada a la desocupación del cubo y la esfera, en la estela del suprematismo de Malevich y los constructivistas rusos. Es también el periodo de su reconocimiento internacional, al recibir en 1957 el Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Arte de São Paulo.

Pese a todo ello, Oteiza dará por concluida su investigación escultórica en 1959, pasando a dedicarse con la misma intensidad a otras disciplinas como la arquitectura, la poesía o la antropología y la filología vascas

En la muestra del museo de Rubielos de Mora, podrá verse precisamente esa apasionada búsqueda de un lenguaje espacial nuevo, radicalmente distinto, que plasmó en numerosas obras sobre papel, con sus anotaciones y observaciones correspondientes, que se presentan relacionadas con cada una de las esculturas en las que acabaron tomando forma.

En la década de los 80 comenzarán los reconocimientos a su dedicación artística. En 1985 recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura y en 1988 el Premio Príncipe de Asturias. En 1986 su obra formó parte de una muestra internacional de escultura en el Centre Georges Pompidou de París y en 1988 la Fundació Caixa de Pensions organiza una gran retrospectiva de su obra en Madrid, Bilbao y Barcelona. Ese mismo año su obra representará a España en la Bienal de Venecia junto a la de Susana Solano

Oteiza fue un humanista, un intelectual que escribe, talla, diseña, construye e investiga. Un conversador apasionado y vehemente que dedicó su obra y su vida a la búsqueda de nuevos espacios para el hombre, el hombre de la esperanza, como él mismo lo definía, desde una concepción espiritual y metafísica del arte. Su obra ha sido fuente de inspiración para numerosos escultores y arquitectos, entre los que contó con grandes amigos con los que desarrolló proyectos conjuntos, como Daniel Fullaondo o Sáenz de Oiza, el autor del edificio de la Fundación Museo Jorge Oteiza en Alzuza (Navarra), que alberga su obra, inaugurado en 2003, el mismo año del fallecimiento del artista.

La inauguración de la exposición OTEIZA. El ser estético estará precedida por una mesa redonda sobre la obra del artista vasco, en la que participarán los directores de los dos museos: Gregorio Díaz Ereño y Diego Arribas, junto al escultor y profesor de la Universidad del País Vasco Jabier Elorriaga, especialista en la obra de Oteiza.

 

Jorge Oteiza. El ser estético.

La actividad cultural de la Fundación Museo Salvador Victoria en el año 2014 ha estado marcada por la conmemoración del XX aniversario del fallecimiento del pintor turolense. Exposiciones, cursos, conciertos y conferencias, han jalonado esta efeméride ayudándonos a reencontrarnos con la obra y la figura de Salvador Victoria, propiciando nuevas lecturas sobre su vibrante trayectoria artística.

Finalizamos este año tan especial con una exposición dedicada al escultor vasco Jorge Oteiza (Orio, Guipúzcoa, 1908 – San Sebastián, 2003). Una colaboración con la Fundación Museo Jorge Oteiza de Alzuza (Navarra), que ve ahora la luz gracias a la amabilidad de su director, Gregorio Díaz Ereño y la sintonía entre dos fundaciones que comparten, además del mismo año de su nacimiento (2003), la misma vocación por la difusión del arte y la cultura contemporáneas desde el medio rural en el que se ubican.

La figura de Jorge Oteiza constituye un hito en el ámbito de la escultura contemporánea de nuestro país. Un genio creador cuya actividad se irá desplazando posteriormente a otras parcelas de la cultura y el conocimiento como la poesía, la filosofía, la arquitectura, el cine o la antropología. Su obra arranca en los años 20 del pasado siglo con una notable influencia del cubismo y el primitivismo. Entre 1934 y 1948 vive en distintos países de América del Sur, compaginando su trabajo escultórico con la docencia y el desarrollo de diversos estudios sobre estética. Una inquietud que se plasmará en dos textos que anticiparán la orientación de su programa artístico: Carta a los Artistas de América (1944) e Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana (1952). Poco después de su regreso a España, gana el concurso para la realización del conjunto escultórico de la Basílica de Nuestra Señora de Aránzazu, en Oñati (Guipúzcoa), un proyecto firmado por el arquitecto Sáenz de Oiza, en el que intervendrán también otros artistas como Lucio Muñoz, Chillida, Basterretxea, Eulate, Egaña y el propio Salvador Victoria.

El fértil periodo de actividad escultórica de Jorge Oteiza, se desarrolla desde su vuelta a España en apenas una década, la de los años 50 del pasado siglo. La exposición Oteiza. El ser estético, se estructura en una muestra de 6 esculturas realizadas entre 1950 y 1958, junto a siete “familias” de dibujos y collages, relacionadas con cada una de ellas.

En torno a la primera escultura: Figura para regreso de la muerte (1950), los dibujos muestran el proceso de negatividad, de vaciado de la figura humana que Oteiza aplicará también en las figuras de piedra de los apóstoles de la fachada de la basílica de Aránzazu, una expresión figurativa presente en esta muestra con el bronce Cabeza de apóstol (1953), cuya instalación en el friso de la basílica tuvo que esperar hasta 1968, debido al rechazo de la Iglesia, que no acababa de aceptar la interpretación escultórica de Oteiza.

La obra Estudio para la tierra y la luna (1951-1955), corresponde a una serie de ensayos sobre la geometría y la luz. Una suerte de diálogo entre dos formas verticales, dos sólidos que acogen, en el vacío del espacio que les separa, una nueva escultura abierta y liviana. Un estudio del hiperboloide al que se suma el efecto de los condensadores de luz, perforaciones que atrapan la luz en el interior de la materia, integrándola como un elemento propio que se proyecta hacia el exterior.

El Par espacial ingrávido/par móvil, (1956) es una de las piezas más singulares de Oteiza relacionada con la desocupación de la esfera. Se trata de dos semicírculos unidos entre sí por sus respectivos diámetros según la proporción áurea, formando una pieza que una vez puesta en tierra, echa a rodar por sí sola buscando un equilibrio que nunca encontrará.

En Caja vacía. Conclusión experimental nº 1 (1958), Oteiza construye un vacío como resultado de la unión de distintas unidades Malevich: chapas de hierro en forma de trapecio que delimitan un cubo.  Un planteamiento que se repite con variaciones de estas unidades en la serie Cajas vacías, en la que el protagonismo de la composición está en el núcleo interior de cada cubo, un vacío que adquiere un carácter espiritual, metafísico: “…yo lo que creo es con nadas. Es decir, creo espacios con nada, activos, absolutos, de trascendencia, de sacralidad, sagrados.”

Esta serie tiene para Oteiza un carácter terminal, conclusivo, como el cuadro Blanco sobre blanco de Malevich. “Yo he hecho esculturas para saber de qué trata la escultura, para ser escultor, y cuando me hecho escultor he dejado la escultura”. “Las esculturas me han hecho escultor.”

La obra Homenaje a Mallarmé (1958), pertenece a la última etapa de su proceso experimental. Es una escultura compleja, en la que se combinan unidades Malevich, con planos abiertos de una caja vacía, generando una pieza de una gran riqueza formal, con imbricaciones entre planos de distinto tamaño e inclinación y sugerentes aperturas desde el núcleo de la pieza.  Una obra dedicada a Mallarmé, poeta en cuyas composiciones también estaba muy presente el vacío.

Un año antes, en 1957, Oteiza participa en la Bienal de Sao Paulo, donde recibe el premio extraordinario de Escultura. A pesar de ello y de los puentes que había establecido con el suprematismo y el constructivismo ruso, el escultor vasco da por concluido su propósito experimental y abandona la escultura.

El mismo lo explica así: “El momento cumbre de un escultor es cuando el escultor, el artista en general, se da cuenta de que lo que le había llevado al arte, de que lo que le pedía al arte, el arte le ha contestado”. Y añade: “El arte es un puente, una preparación para otro tipo de madurez mucho más importante: la madurez moral para la vida con los demás. El artista es un hombre incompleto y débil. El arte no es el lenguaje natural, es un lenguaje fabricado y concretamente para fabricar ‘hombre’, para repararlo en las épocas de cambio en las que el hombre y la sociedad necesitan esta reparación, este reajuste de la sensibilidad de control y dominio de la naturaleza”.

Con la radicalidad de su decisión, Oteiza sigue la estela de Marcel Duchamp (1887-1968), que abandonó la creación artística para dedicarse al ajedrez. Una decisión que el artista francés justificaba así: “Hoy me conformo con jugar. Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social. Las piezas de ajedrez son los bloques del alfabeto que moldean los pensamientos; aunque formen un diseño visual en el tablero, expresan abstractamente su belleza como un poema… He llegado a la conclusión personal que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas.”

A lo largo de las décadas de los 60 y 70, Oteiza se dedicará al estudio de la lengua y la cultura vasca. En 1963 publica Quousque tandem…! Ensayo de interpretación del alma vasca, un texto que tendrá una gran difusión.

Oteiza, retomará su proyecto experimental años después, a partir de los 70, con su laboratorio de tizas, un proceso de investigación formal que desarrolla a pequeña escala con materiales humildes, pero con notables resultados, muchos de los cuales se convertirán después en esculturas de gran formato. Oteiza explica esta etapa experimental: “… si te refieres a la escultura, no hacen falta medios: en el hueco de la mano, en el microcosmos del hueco de la mano, con un poco de barro, unas tizas, un alambre, una lata, un cartón, unas tijeras… nacen las esculturas, la arquitectura, las cosas más monumentales. Para mí las esculturas han sido como ladrillos que sirven para fabricar una pared. Ningún ladrillo es más importante que otro. Con las esculturas se fabrica ‘hombre’. Cuando esta fabricación ha concluido, el arte de producción se concluye, las esculturas quedan como subproductos, como páginas del diario de una exploración y una aventura humana”.

En la década de los 80 comenzarán los reconocimientos a su trayectoria artística, recibiendo numerosos premios y homenajes. Su fuerte carácter le llevó a rechazar algunos de ellos. En 1985 recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes de parte del Ministerio de Cultura y en 1988 el Premio Príncipe de Asturias de las Artes por toda su carrera. Una distinción que inspiró a Oteiza la redacción del libro Cartas al Príncipe, una crítica a la situación de la sociedad vasca, en la que Oteiza vierte su desencanto y escepticismo con el futuro. Así lo manifestaba en una de sus entrevistas, reivindicando el papel social del arte: “Hay una crisis en la sociedad que hace que intervenga el arte. ¿Para qué interviene el arte? Para crear un nuevo tipo de sensibilidad para la sociedad. Porque la sensibilidad que crea el artista es un producto social. Hay que devolver a la sociedad al pueblo. Eso es lo que queríamos hacer en el constructivismo ruso y en el vasco,  y no se ha devuelto políticamente, porque no ha querido el gobierno. Ése es el fracaso político del arte contemporáneo.”

 En 1998 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco, Medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y Medalla de oro de Guipúzcoa. El año 2003, poco después de su fallecimiento, se abre al público en Alzuza (Navarra), la Fundación Museo Jorge Oteiza, que recoge su obra en un formidable edificio obra de su gran amigo el arquitecto Sáinz de Oiza.

Por último, aprovechamos para agradecer a todo el equipo del museo navarro el esfuerzo desplegado para que podamos disfrutar de la obra de Jorge Oteiza, en esta actividad final del homenaje que a lo largo de 2014 hemos dedicado a la figura y la obra de Salvador Victoria. Un agradecimiento que hacemos extensible, una vez más, al equipo del Museo de Teruel y al Ayuntamiento de Rubielos de Mora.

Diego Arribas

Director del Museo Salvador Victoria

Octubre de 2014


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