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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
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Ars Citerior

RÉQUIEM A CAPELA PARA JOSÉ LUIS SÁNCHEZ

RÉQUIEM A CAPELA PARA JOSÉ LUIS SÁNCHEZ

 

Se ha extinguido la vida de José Luís Sánchez, ante un silencio estremecedor de los medios de comunicación, lo que no es ajeno a la vida del insigne escultor. La mayor parte de los ataques actuales a la cultura no provienen del sectarismo, que lo hay, sino de la ignorancia cualificada.

José Luis, Pepus para familiares y amigos, fue un fabro incansable, y quien trabaja con constancia suele estar lejos del ruido mediático y de la corte de los trepas. José Luis Sánchez eligió el silencio- “estoy detrás de la columna”, decía- y, por sobre todo, es un referente ético, un hombre decente, sosegado, limpio, cuya limpidez ha iluminado su vida personal de claridad, como le ocurre a su íntimo amigo Francisco Farreras.

José Luis Sánchez Fernández, Almansa 1926, tras los avatares de la guerra, vino a Madrid con la pretensión de ser arquitecto, pero hizo Derecho, mientras trabajaba en una empresa mercantil para pagarse los estudios, aunque estaba abocado al mundo del arte al que se acercó con decisión.

Ángel Ferrant fue su faro y las becas para Milán y París le abrieron los ojos para indagar lo que perseguía. Sintió el perfume de la Bauhaus y se convirtió en pionero de la integración de las artes, insuflando modernidad a la escultura en España.

Profesor de Bellas Artes de la Complutense, numerario de la Real Academia de San Fernando, Primer Premio de Diseño industrial, Medalla de Oro de la Bienal de Arte Cristiano,  de la Bienal de Budapest y de la Bienal de Salzburgo en 1962, por el retablo para las esclavas del sagrado Corazón.

En un principio estuvo ligado al diseño: los catálogos del Ateneo de Madrid, años sesenta, son una muestra excepcional. Realizó cincuenta y cinco individuales en capitales de Europa y es autor de sesenta y cinco obras monumentales en diferentes lugares del mundo. Su exposición más reciente, “Itinerario de un escultor”, en dos partes, Museo de Ciudad Real y MIRA de Pozuelo, en enero de 2017: una muestra diseñada por él y que compendiaba su trayectoria creativa.

José Luis Sánchez es un eslabón determinante en el desarrollo de la escultura española del s. XX, por su método de trabajo, su proceso, su austeridad formal, por anteponer el equipo al logro personal, por su ambición en integrar naturaleza y vida, por su imbricación de formas clásicas y modernas, por su concepción de lo sagrado, por su determinación en las artes aplicadas, habiendo colaborado con más de un centenar de arquitectos.

Trabajó el barro- exquisitas terracotas en retratos familiares-, el yeso, el cemento, el bronce, el corten, el hierro, el papel sueco para dar vida a una obra, que transita todas las corrientes vanguardistas; panteísta, emotiva, mágica, concisa, spinoziana. En el catálogo-libro “José Luis Sánchez. Trayectoria de un escultor”, Toledo 2010, autoría coral, se reúne lo más brillante de su trabajo y de la bibliografía que generó.

Sin dejar nunca a los griegos, ni a la Bauhaus, conceptualiza formas con alta elegancia. Su figuración- retratos- es esencialista, brillante, íntima, italiana. Su escultura religiosa, gestual, poética, lírica, trágica o nefelibata, pero siempre renovadora. Su canto al paisaje castellano y manchego, único, hondo, diferencial, hermoso como un soneto de Garcilaso.

Lector infatigable; severo y pulcro jurado de Premios; francófilo y desértico, frugal y esceptico, lúcido hasta el último momento, las dolencias físicas terminaron con una vida, entregada a la escultura como símbolo de renovación y de cultura, el pasado miércoles, 8 de agosto, a los 92 años.

Es una vergüenza para el Premio Nacional de Bellas Artes, para la Medalla de Oro a las Bellas Artes, para el Premio Velázquez, que su nombre no figure entre los que han sido reconocidos con ellos. No se trata de recriminar algunos agraciados-lo que no estaría de sobra-, sino de considerar en qué manos está la cultura en España, con independencia de quién gobierne.

Quedará en su obra su escultura religiosa como un naife en la oscuridad-sus obras en la iglesia de Santa Ana de Moratalaz estaban entre sus predilectas-, aunque era agnóstico, un hombre de pensamiento- recuerdo con gratitud su ciclo de Conferencias en la Fundación March-, un ilustrado, probo, fiel, auténtico. Reciban Jacqueline, sus hijas y sus nietos, este réquiem a capela, de eco gregoriano, para un hombre libre, bueno, estoico, humilde, secluso, silente, irónico y gran escultor.

 

                                                                                                                   Tomás Paredes

                                                                                                   Presidente de AICA Spain

(Agradecenos a Tomás Paredes la autorización para reproducir el presente texto)

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