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Juan Olivares. J´aime l´émotion qui corrige la règle

Juan Olivares. J´aime l´émotion qui corrige la règle

 

Inauguración jueves 18 de mayo de 2017 a partir de las 20:00 h. 

juan Olivares.


(Nota de la galería)

J´aime l´émotion qui corrige la regle règle es el título que Juan Olivares toma prestado para su reciente serie de collages, técnica en la que ha centrado su investigación plástica en los últimos años. Todo su trabajo conforma un tejido poético que cuestiona los limites formales de lo pictórico y su relación con el espacio en cuanto dimensión de valores potenciales sin mas fronteras que las delimitadas por su visión y percepción.
La frase de Juan Gris expresa muy bien la manera de sentir y hacer del artista. La idea de fugacidad, el paso del tiempo, el rastro emocional que dejan algunas experiencias, la incertidumbre, el azar y el descubrimiento están presentes en todas sus obras. Emoción del instante, producida por pequeños pero no irrelevantes estímulos que conducen al artista al hallazgo creativo, alterando la jerarquía de valores del mundo real, según lo analizó Fernando Castro Flórez. El proceso encuentra en el collage el vehículo idóneo para materializarse al tiempo que se emancipa del formato bidimensional y alcanza en su propio ámbito la objetualización total de la disciplina. El trabajo de Juan Olivares continua profundizando en la experimentación con el espacio y con las posibilidades del medio pictórico para trascenderse a si mismo eliminando cualquier límite. En la exposición anterior quedaba clara esa vocación transgresora y, sobre todo, ambiciosa, que le lleva a explotar todos los recursos posibles, sin prejuicios, para ir mas allá en la consecución de metas. Soporte, superficie y espacio en continua revisión, en una práctica expandida y ampliada que extiende sus parámetros a objetos como alfombras. Por otra parte, la interactuación continua con el espacio en el que plantea las propuestas le otorga un carácter instalativo a la obras.

Buena parte de la chispa que desencadena ese proceso procede del exterior, en muchas ocasiones del medio urbano, de objetos y elementos de la realidad cotidiana, reducidos a su esencia; sin embargo el resultado no es minimalista ni reduccionista, muy al contrario se basa en la adición y estratificación, mas evidente que nunca gracias al collage. Los elementos recortados, yuxtapuestos y pegados han sido previamente tratados con diversas técnicas. La abstracción de su trabajo surge al plasmar las sensaciones que su retina y su cerebro captan, sin que medie ninguna fase previa o premeditación, consideradas en su pura esencia o noción, y que una vez liberadas de cualquier referencia desplazan a lo narrativo en favor de lo lírico. La suya podría calificarse de abstracción ambigua, siguiendo la clasificación de Tony Godfrey, ajena por completo a la autoreferencialidad de la canónica.

El artista atraviesa un momento que califica de “sinfónico”, no sin una buena dosis de sentido del humor, desarrollando unas composiciones de gran cromatismo, sensualidad y expresividad. La exhuberancia y frescura de su lenguaje se manifiestan en la gestualidad, que el mismo Castro Flórez califica de lúdica, elevando a una dimensión pública una forma que es esencialmente privada y en la que, además, según ciertas teorías freudianas, suele volcarse información que el subconsciente protege con celo de la publicidad. Jonathan Lasker definió la trasposición del garabato al gran formato como la manera de remitir al subconsciente de un modo plenamente consciente. En realidad, cada obra podría tratarse de una gráfica emocional, o un ejercicio de psicogeografía, pudiendo extraerse de cada propuesta cartografías subjetivas de su entorno.

El garabato, orgánico, fluido en sus bucles, parece sugerir una continuidad rizomática, poseedor de energía y vida propias. En la obra de Olivares representa lo que en otros la espiral, el vórtice o la retícula -motivo que en otros momentos ha formado parte de su repertorio de significantes-. El bucle es la forma subyacente del Barroco, o mas bien del barroquismo, que gusta de sortear y evadirse de la norma. Deleuze, en una relectura de este movimiento, nos lo revela como un arte que se retuerce y se repliega de tal modo que sus múltiples superficies exteriores se hacen eco de las experiencia intuitiva de la idea de que este mundo ultradinámico se pliega sobre si mismo al interactuar con las fluctuaciones (GODFEY, T.: La pintura hoy, 2014, Phaidon)

Frente a esto, el espacio, principal objeto del trabajo de Juan Olivares y descubrimiento renacentista. En estos días lo asimilamos en una nueva acepción, la virtual, cuya experiencia a través de tecnologías cada vez mas sofisticadas modificará la apreciación que hasta no hace mucho compartimos con nuestros antepasados del Quattrocento, cubismo incluido, que, al fin y al cabo, vulneraba el mismo concepto que aquellos desarrollaron geométrica y ópticamente. La fotografía y el cine ya nos ofrecieron percepciones diferentes y si se quiere hasta mas profundas de ese espacio penetrado por el tiempo. Y a pesar de todo ello la pintura mantiene intacta su vigencia como agente configurador del mundo a través del universo propio que configura cada artista, porque ha sabido encontrarse en la encrucijada de opciones, expresivas o técnicas, en su auténtica y nada ortodoxa práctica y cronología, encontrándose a su vez con sus coetáneos.

IH

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