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Entrega número 48
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MESA REDONDA SOBRE VIGENCIA DEL ARTE ABSTRACTO 2017

MESA REDONDA SOBRE VIGENCIA DEL ARTE ABSTRACTO 2017

ARCOmadrid, 2017-22/II/2017

MARIE-CLAIRE DECAY

 

En primer lugar tengo que agradecer al Gobierno de Aragón la presentación del Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora, conjuntamente con prestigiosos Museos aragoneses, en el stand de esta Autonomía en  Arco-2017 --es un honor-- así como la organización de este coloquio en  el que se me ha pedido participar al lado de tres conocidos representantes del mundo del arte, el historiador Alfonso de la Torre, el coleccionista Javier Martin, y el director del Museo Salvador Victoria, Ricardo García  Prats, por los que siento una gran admiración.

Gracias también a los amigos y amigas que nos acompañan esta tarde, llegados desde varias provincias e incluso desde Francia.        

Por circunstancias de la vida, he sido testigo y participe de las experiencias de muchos de los artistas de la Generación de los Cincuenta, los Fifties, en su mayoría abstractos: sus luchas, sus anhelos, las exposiciones en las Galerías Juana Mordó o Edurne, las Bienales de Venecia, los  primeros experimentos informáticos en el Centro de Cálculo de IBM (y la Universidad de Madrid) y las interminables tertulias nocturnas sobre el Arte.  Casi todos estos amigos están representados en el Museo Salvador Victoria y no los voy a enumerar, pero quiero recordar a los historiadores y poetas que nos acompañaban en estas reuniones: Antonio Bonet Correa, Vicente Aguilera Cerni, Santiago Amón, Fernando Soria Heredia o Adolfo Castaño, entre otros.

Si el arte voluntariamente  abstracto nace con Kandinsky, tiene bastante más de un siglo y ya es  clásico en sus múltiples  acepciones: geométrica, constructivista, expresionista, gestual, lírica, etc… Y todas estas facetas de la abstracción, si bien forman  parte de la historia, también están presentes en nuestra vida cotidiana,  esencialmente en la decoración: carteles, fachadas de edificios, escaparates, joyas etc. Los grandes museos siguen mostrando obras abstractas: así el Guggenheim de Bilbao  presenta desde el pasado día 3 una exposición sobre el Expresionismo Abstracto, con 130 obras de Pollock, Rothko, De Kooning etc. Pero, además, tenemos  en este mundo globalizado, y desde luego en España,  jóvenes escultores y pintores cuya investigación estética,  llevada a cabo con seriedad y profesionalidad, enlaza de forma para mí muy conmovedora con la de las vanguardias abstractas de los Fifties.

En esta óptica, voy a intentar ofrecer, de forma breve, un análisis de la obra que están realizando, hoy día, seis artistas españoles, de clara adscripción abstracta, nacidos en las décadas de los setenta y ochenta del siglo XX:

El pintor Robert Ferrer i Martorell, creo que muchos de los asistentes a este coloquio habrán disfrutado su reciente exposición en el Espacio Valverde de Madrid.

El pintor Eduardo Barco cuya obra, una “Cierta deriva geométrica”, según la define Alfonso de la Torre,  cuelga actualmente en Tasman Projects de Madrid.

La escultora Diana García Roy, que trabaja con tesón y discreción en su estudio de San Sebastián de los Reyes en una obra de planteamiento oteiciano.

La pintora viajera Lourdes Castro Cerón que plasma las emociones estéticas e intelectuales sentidas por tierras vírgenes en óleos y dibujos de corte informalista.

El pintor Albano, que obtuvo el premio BMW en 2012, otro viajero que ha recorrido desiertos para trabajar  en una abstracción que ha evolucionado del lirismo a la geometría.

El escultor Javier Elorriaga, que conjuga escultura y arquitectura, en homenaje a Oteiza o Álvaro Siza.

Y, en último lugar, porque no quiero dejar de lado los numerosos artistas que incorporan elementos  informáticos al servicio de un planteamiento abstracto absolutamente clásico,  me ocuparé de la obra del pintor Gonzalo Torné,  que se dedica a la creación por ordenador desde que la Pollock-KrasnerFoundation de Nueva York le concedió, en 1998, la beca para la creación artística con nuevas Tecnologías.

En definitiva, como vamos a ver ahora, todos estos artistas trabajan en el vasto campo de una estética abstracta que, para ellos, evidentemente, es vigente. Y todos nos ofrecen un trabajo impecable, realizado a conciencia con materiales nobles, duraderos. Dejaré de lado, por falta de tiempo que no de interés, la investigación multidisciplinar llevada a cabo por varios artistas españoles y que me resulta extraordinariamente atractiva. Pero, al menos, quiero dejar constancia del trabajo de LRM Performance de Berta Delgado y David Aladro-Vico, un trabajo que une música, danza y escenografía abstracta, inspirada en las obras de artistas  como Martin Chirino o Manuel Rivera,  en búsqueda de nuevos horizontes.

 

ROBERT FERRER I MARTORELL (Valencia, 1978)

Vi por primera vez unas obras de Robert Ferrer, que no conocía, en la Feria Just-Madrid de 2011. Me llamaron la atención sus llamadas “Estaciones” realizadas con pequeños elementos de color que flotaban en cajas de metacrilato. En efecto, descubrí en ellas algo que me recordaba las cajas de luz de Salvador Victoria del año 1972  o las cajas luminiscentes de Sempere. Desde esta época, sigo la evolución de la obra de Robert Ferrer. Recuerdo que tenía una delicada obra de metacrilato y vinilo en la exposición “Trazos sensibles”, comisariada el año pasado por Javier Martin en el Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora. Y hace unas semanas disfruté su última exposición, titulada “Transición al equilibrio”, clausurada a finales de enero en el Espacio Valverde, una exposición que permitía al espectador apreciar la coherencia de la trayectoria del artista.

“Su obra no solo promueve la reflexión en torno al espacio pictórico, sino su ampliación allende la superficie de la obra, extensión de las preguntas que tientan la penumbra en múltiples direcciones. Antisolemne, versos escritos con lo mínimo, reducido el color, deja Ferrer hablar a las líneas que, a veces, parecen elevarse en laberinto mas también, otrora, expandirse como declarada travesía, gozosa e imparable, imperiosa pareciere, a la tridimensión o, repentinamente, viajar al centro y concentrarse”, escribe Alfonso de la Torre en su hermoso texto de presentación de esta exposición, evocando la herencia de Francisco Sobrino o Jesús Rafael Soto. Yo creo discernir otra herencia en alguna de estas últimas obras de Robert Ferrer que podrían tener un cierto parentesco con los “relieves de madera” de Francisco Farreras, “también creador  de una misteriosa poética en la que su obra contempla esa dimensión corpórea y una gravedad trascendente”, en palabras robadas a Alfonso de la Torre.

 

EDUARDO BARCO (Ciudad Real, 1970)

“Callar, hablar, destruir, construir” es el sugerente título de la actual exposición de Eduardo Barco en Tasman Projects. Me recordó inmediatamente un hermoso texto de José Luis Aranguren publicado en el catálogo de una exposición de Salvador Victoria en 1987: “No sé si es el origen o el fin, la creación, la construcción, la deconstrucción, la destrucción. Por las blancas rendijas ¿emergen, o se van, el secreto y la vida?...”. Además, nada más entrar en los espacios de Tasman Projects, me topé con un cuadrito que me llamó la atención por el círculo que lo centraba. Momentos después me dijo Eduardo que era un homenaje a Salvador Victoria. Por ello, no es sorprendente que Alfonso de la Torre describa a Eduardo Barco como un “infatigable revisitador de las vanguardias abstractas”.

Observa Alfonso de la Torre en el texto de presentación del catálogo de la exposición de Tasman Projects que Eduardo Barco es un “buscador de la perfección de lo inacabado, de la elevación de los misteriosos símbolos, de la expansión de las formas al pintar…”, “un artista capaz de hacer compatible orden y vibración: pintor, dibujante, constructor de formas en el espacio, explorador de la visión y obsesivo demiurgo de imágenes nuevamente creadas”. No se puede expresar mejor lo que he sentido al visitar esta exposición.

“Su mirada refiere lo frágil y lo fugaz”, subraya Alfonso de la Torre. Esta reflexión me resulta literalmente luminosa al ver las leves esculturas presentadas por Eduardo Barco en la misma exposición: son unos ensamblajes de madera, algunos pintados, o de resina, o de resina y  papel, exquisitamente sencillos, pero “procediendo de una ardua elaboración”,   puntualiza Alfonso de la Torre.

 

DIANA GARCÍA ROY (1972, Pamplona, Navarra)

Esta escultora trabaja varios materiales, pero partiendo siempre de una idea-clave: el entorno del hombre. Realiza en cera construcciones de pequeño tamaño, con vacíos interiores que sugieren hábitats de épocas lejanas o tal vez cuevas. Ella misma confiesa que los Etruscos son fuente de inspiración de su trabajo. Estas exquisitas esculturas se fundirán en bronce, y posiblemente ampliadas, tan pronto como se le ofrezca esta oportunidad a Diana García Roy.

Utiliza también, con gran valentía y una extraordinaria sensibilidad, el alabastro. Abre en esta piedra unas moradas, unos espacios translúcidos que, para mí, evocan a la Creta del Palacio de Cnossos, o unos misteriosos pasillos-túneles que me remiten a las moradas rupestres de Matera, en la Puglia italiana que visité recientemente. Pero, como lo subraya la galerista Margarita de Lucas en el catálogo de la exposición que inaugura Diana a finales del mes en Pamplona, “al mismo tiempo son piezas de hoy, depuradas, frescas, con sabor contemporáneo”.

Su investigación se centra ahora en el árbol o el bosque, con incorporación de elementos de escayola y un tratamiento esquemático, a la manera de la pintora Rosa Torres. Su última  obra, titulada “Ciudades aéreas de caña”,  consiste en “unas formas quebradas, reunidas en grupos que pisan suelo firme a través de cañas altas que nos remiten a otras vanguardias históricas conectadas con el Arte Póvera”, añade Margarita de Lucas  en el  catálogo ya  citado. En definitiva, se intuye siempre en la obra de Diana la presencia-ausencia del hombre.

 

LOURDES CASTRO CERON (1977, Cádiz)

Lourdes Castro Cerón ha establecido un muy personal  vínculo intelectual entre sus viajes por tierras prácticamente vírgenes –acaba de pasar cuatro meses en Mongolia-- y su obra, siempre abstracta. “El viaje es para mí material de trabajo, forma parte del proceso y proporciona contenidos para mi pintura….Procuro  acceder a territorios con una atmósfera específica, me refiero a la suma de agentes que hacen que un escenario sea como es: luz, temperatura, ruido, altitud, color, aire, viento, personas etc.”, explica esta Doctora por la Facultad de BB.AA. de la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis “sobre el carácter plástico de los sistemas de notación en música, danza y poesía visual”.

Desde luego, nadie mejor que ella para dar las claves de su creación,  cuando escribe: “A través de la pintura penetro en los estratos internos de la realidad; me coloco frente a las cosas para que la materia plástica extraiga del comportamiento de la naturaleza una estructura básica: lo que constituye el origen de las cosas, lo que es permanente e invariable. La naturaleza primigenia (originaria) construye, disuelve, mancha, transforma, salpica, arrastra, dibuja. Proporciona imágenes que están al límite”.

Y sigue Lourdes con palabras rotundas:” El pensamiento abstracto se refiere a cosas fundamentales y se despoja de lo anecdótico y superficial.  Cuando hablo de abstracción,  me estoy refiriendo al modo de analizar, contemplar y estudiar las cosas, cada vez más desde su íntimo ser, desde su esencia o naturaleza. Pinto reflexionando sobre conceptos abstractos y recibiendo impactos emocionales del natural”.

Y la obra de Lourdes es, de forma inequívoca, el fiel reflejo de las emociones que acumula en el curso de estos largos viajes de exploración, una pintura entre informalista y gestual, con un gama de azules,  grises y colores inciertos, una pintura que me retrotrae a los años cincuenta y a la actionpainting, a un Joan Hernández Pijuan, a un José Guerrero, a un Salvador Victoria, para citar solamente a pintores españoles.

 

ALBANO HERNÁNDEZ DOMINGUEZ  (1988, Ávila)

Albano Hernández Domínguez, conocido como “Albano” a secas,  es seguramente el joven pintor español más premiado en estos últimos años.  Recibió el Premio BMW del 2012, y citaré solamente el último que le ha sido concedido, el Premio Artemisia de Pintura, en septiembre de 2016, por un cuadro titulado  “Atlantis, Atlas 1632”, una obra con grandes manchas geométricas donde predomina el verde, color por el que siente predilección. 

Vive y trabaja entre Cambridge, Madrid y Ávila, y no deja de tener algunos puntos en común con Lourdes Castro Cerón: su amor a la naturaleza y el haber recorrido desiertos para trabajar a partir de recuerdos en una abstracción geométrica, o más exactamente geometrizante, según el término preferido de Salvador Victoria.

Una exquisita obra suya formaba parte de una exposición colectiva que vuelvo a citar hoy: “Trazos sensibles”,  comisariada por Javier Martin en el Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora,  de marzo a junio del 2015. Esta obra del año 2010 titulada “De cómo surge un tercer lugar entre otros dos”, un lienzo de 80 x 80 cm, en el que un gran espacio verde ocupa la mayor parte del lienzo, está reproducida en la portada del tríptico editado para esta exposición, la nº 33 de las organizadas en el museo rubielano.

Y claro viene a cuenta lo que escribía sobre la obra de Albano Juan Manuel Bonet en mayo de 2011: este joven abulense “navega por aguas abstractas líricas, y concediéndole gran importancia a la extensión, y al vacío, activado por ciertas zonas o núcleos matéricos, a veces con algo de islotes en la inmensidad del océano”.  Estas extensiones tan importantes en esta época en la obra de Albano han evolucionado hacia una geometría de carácter introspectivo, la que contemplamos en su obra “Atlantis, Atlas 1632”.

Esta obra muy reciente, de 146 x 114 cm, que obtuvo el Premio Artemisia creado por la Concejalía del Distrito Moncloa-Aravaca del Ayuntamiento de Madrid,  ofrece figuras geométricas superpuestas, también con preponderancia del verde, y entre las cuales aparecen unos elementos, diría que lúdicos, cuadriculados o con un fragmento de tablero.  

 

JAVIER ELORRIAGA (1959, Galdakao. Vizcaya)

Este entrañable escultor vasco, que hizo periodismo antes de cursar la carrera de Bellas Artes, es uno de los investigadores más clarividentes de hoy día en lo que se refiere al arte abstracto geométrico y a su conexión con la arquitectura.  Presentó la exposición “Oteiza. El ser estético”,  inaugurada el 25 de octubre de 2014, en el Museo Salvador Victoria. Yo creo que nadie de los asistentes a este acto ha olvidado la brillante intervención de Javier Elorriaga y sus gráficos realizados rapidísimamente en una inmensa cartulina blanca. 

No puede resistirme al placer de evocar  también la exposición que ofreció el escultor vasco en el Museo Salvador Victoria de julio a octubre del año pasado. El 17 de julio, lucía en Rubielos de Mora un sol espléndido y el escultor decidió dejar gran abiertas todas las ventanas de nuestra sala de exposiciones temporales, cosa que nunca se nos había ocurrido en las exposiciones anteriores. Entraba la luz a raudales, atravesando sus llamados “ensayos”, es decir sus esculturas de vidrio y piedra, dándoles una profundidad increíblemente bella, que nos remitían a los volúmenes de Álvaro Siza.

En el texto que escribió para el tríptico editado con motivo de esta exposición, Javier hablaba del “meticuloso cálculo geométrico que funda la memoria plástica del humano artista y sus símbolos, una especie de mediador físico en donde la materia de la vida toma contacto real con la materia del Universo” y se preguntaba “si las obras de arte podrían, más allá del tema que tratan y de la alegoría que evocan, ser una suerte de memoria antigua sobre aquello que llamamos vida y su origen”, en un planteamiento que se me antoja muy cercano al de Diana García Roy o Lourdes Castro Cerón.

 

GONZALO TORNÉ (1949, Jerez de la Frontera)

He dicho al principio de esta charla que Gonzalo Torné se apoya en el ordenador desde que le fue otorgada una beca de la Fundación norteamericana Pollock-Krasner en el año 1998. Tengo que precisar que  ya había sido becado por esta Fundación en el año 1986, siendo el único artista español al haber obtenido esta importante ayuda. Esta institución fue fundada gracias a la fortuna que dejo a su muerte la pintora Lee Krasner, una de las pioneras del expresionismo norteamericano, que estuvo casada con Jackson Pollock.

Gonzalo Torné, un pintor, muy colorista, cuya obra realizada con las más modernas tecnologías, sigue fluctuando entre “razón y emoción”, en términos suyos, se define  a sí mismo como sigue: (lo cito textualmente) “Ante todo, soy un pintor abstracto que pinta. La utilización de los más variados soportes, ya sean físicos, pantallas, lumínicos, fijos, secuenciales etc… no es lo relevante en la creación plástica, de hecho una misma obra puede ser concebida para distintas presentaciones según necesidades  bien de la obra en sí o de los espacios disponibles…. Por todo ello la utilización en los procesos creativos de las nuevas tecnologías requiere de saberes antiguos”.

Gracias, Gonzalo Torné por esta toma de posición tan clara y que comparten, seguramente, muchos artistas que apoyan su creación  en los medios tecnológicos más vanguardistas.

No sé si conviene o no dar una nota puramente personal en una charla como la de hoy. Pero me van a permitir que les diga que haber disfrutado de la compañía y del cariño de la mayoría de los artistas de esta generación de los Fifties fue no sólo una gran suerte sino un verdadero privilegio, y me refiero muy especialmente a tres de ellos, por supuesto sin hablar de mi marido, Doro Balaguer, Lucio Muñoz y Martin Chirino. Y como el arte sigue formando parte de mi vida, tengo que añadir que poder contar, hoy, con la confianza de artistas muy jóvenes, como los que acabo de citar y otros muchos que no me cabían en esta intervención, es un lujo y una fuente de alegría.

 

CONCLUSIONES

Antes de terminar, quiero recordar una afirmación rotunda de Salvador Victoria, en el curso de sus “Conversaciones con Jesús Cámara” de marzo de 1984: “Sentí la abstracción como un camino de pureza dentro de la plástica y no sé si fue una postura excesivamente fuerte, pero la he mantenido”.  Para Salvador, este “camino de pureza” era el camino de la creación pura, la creación sin condicionantes, en definitiva la creación intelectual, o tal vez metafísica.  En definitiva, Salvador y sus amigos de los Fifties dejaron un mensaje espiritualista y plástico extraordinariamente rico, un mensaje apasionado y apasionante. Un mensaje que ha trazado  una profunda senda en la que siguen caminando, con medios e instrumentos cada vez más sofisticados, muchísimos jóvenes creadores.

En conclusión, si me limité a dar algunas pistas sobre  un número  realmente reducido de artistas, todos ellos jóvenes, es porque los conozco personalmente, porque conozco y me interesa su obra y  porque admiro su voluntad de constante superación. Pero quiero insistir en el hecho de que trabajan actualmente, muchas veces en soledad y sin ningún apoyo,  alejados de las modas y de la espectacularidad, en España o en la diáspora, numerosísimos y valiosos artistas españoles de cualquiera de las tendencias abstractas, con valentía, tesón y perseverancia, en busca de sus sueños. Yo creo que la mayor parte de ellos  seguirán por esta senda, una senda que no es más fácil que la  elegida por los artistas  en los años 50  del siglo pasado, pero eso sí, llena de posibilidades para los hombres y las mujeres que se dedican en cuerpo y alma a la creación pura.

 

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