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Entrega número 48
Postludio. José Mª Yturralde
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Ars Citerior

El coleccionista también culpable de matar a Manolete



El coleccionista también culpable de matar a Manolete

 

Hay quien critica las exposiciones de colecciones privadas en salas públicas. Si se ha llegado a este punto, tal vez sea por el brutal recorte que la administración pública les ha infligido. Los centros expositivos luchan por seguir abiertos ofreciendo calidad, y encuentran en las colecciones privadas una vía provisional para seguir su andadura, pues un cierre temporal en nuestro país difícilmente es reversible.

Parece que vamos hacia un futuro en el que serán los colectivos privados, una vez más, los pilares de las muestras de arte contemporáneo. Salvando las distancias, ya ocurrió durante décadas en una España gris, cuando únicamente la Fundación Juan March era capaz de mostrar a un pueblo sediento de modernidad, exposiciones de artistas de primer nivel.

Son pocos los que en nuestro país pueden alcanzar un nivel de excelencia en toda su colección, pero gracias a muchos de ellos estamos disfrutando de revisiones históricas o de retrospectivas de pintores. En este último ejemplo podemos citar la muestra sobre Darío Villalba, que está teniendo lugar en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada, que me atrevería a denominarla de antológica. No hace falta que se alabe el esfuerzo realizado durante toda una vida por los propietarios (españoles) que durante años han ido reuniendo con mucho esfuerzo esa colección. Pero sí hay que recordar que son pocos los museos que poseen en sus fondos piezas de dicho autor comparables a las mostradas por la colección espíritu - materia.

Si hablamos de revisiones históricas, cabe citar la realizada en el Casino de la Exposición de Sevilla sobre la pintura de los 80, con fondos de la colección Los Bragales, unas piezas de calidad y  formato dignas de un museo de primer orden. También citaré la revisión de seis décadas de nuestra geometría, gracias a la colaboración de la colección Ars Citerior. La última vez que se pudo ver fue en el Centro Cultural de la Villa en 1989.

El pintor crea para sí mismo, pero no sería muy larga su andadura sin el apoyo de mecenas y coleccionistas. Más aún en un momento en que ni gobierno estatal ni autonómicos disponen de presupuesto para adquisiciones. De todos es sabido que en muchas de las exposiciones realizadas en épocas de bonanza, todos los colaboradores percibían de manera justa sus honorarios, excepto el artista. Montadores, transportistas, aseguradoras, comisarios, catering, fotógrafos, diseñadores, imprentas, escritores, todos menos el autor, que exponía para dar a conocer sus obras más recientes con la esperanza de que un coleccionista se fijase en ellas y adquiriera alguna para su colección.

No pensemos en que estas muestras de fondos privados van buscando notoriedad y reconocimiento social, la inmensa mayoría de los coleccionistas prefieren el anonimato, y debido a esto perdemos en muchas ocasiones la posibilidad de disfrutar de aquellas obras que han ido comprando, guardando y conservando  para un futuro que está por venir. Un futuro en el que hay cabida tanto para producciones de artistas como para exposiciones institucionales o privadas.

 

Javier Martín

Conservador de la Colección Ars Citerior

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